«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Revisión histórica en Bolivia

Bolivia homenajea a los militares que capturaron al Che Guevara y reivindica su papel contra las insurgencias comunistas

Una persona lleva una camiseta con la cara del Che Guevara durante una manifestación por el 71º aniversario del asalto al cuartel de Moncada en Cuba, a 26 de julio de 2024, en Madrid (España). Europa Press.

El Parlamento de Bolivia ha condecorado a medio centenar de exmilitares que participaron en la captura en 1967 del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, en un gesto que supone una reivindicación explícita de su papel en la lucha contra la insurgencia comunista en el país.

Los homenajeados, conocidos como los «Beneméritos de Ñancahuazú», fueron reconocidos en un acto celebrado en La Paz, donde recibieron distinciones oficiales por su intervención en la operación que culminó con la detención del líder comunista en la región de Vallegrande.

Durante la ceremonia, la diputada Catherine Pinto, impulsora del reconocimiento, subrayó el carácter histórico de la acción militar: «Gracias a ellos se libró a Bolivia del comunismo», afirmó, reivindicando el papel de las Fuerzas Armadas en la defensa del orden nacional frente a la expansión revolucionaria.

El presidente de la Confederación de Beneméritos, Pablo Vera, celebró el homenaje tras décadas de silencio institucional: «Durante mucho tiempo fuimos olvidados. Hoy se hace justicia», declaró.

El acto incluyó un desfile simbólico en la plaza Murillo junto al Batallón Colorados, unidad de escolta presidencial, y supone un cambio significativo respecto a etapas anteriores en las que la figura del Che fue ensalzada por sectores políticos en Bolivia.

De hecho, estos mismos militares ya rechazaron en 2017 los homenajes promovidos por el entonces presidente Evo Morales con motivo del 50 aniversario de la muerte del guerrillero.

El Che Guevara llegó a Bolivia en 1966 con el objetivo de impulsar una revolución socialista continental. Sin embargo, su intento fracasó tras ser capturado en octubre de 1967 en una operación militar en la que colaboraron fuerzas bolivianas con apoyo de la CIA.

Tras su detención, fue ejecutado, poniendo fin a uno de los episodios más emblemáticos de la expansión guerrillera en Iberoamérica. El reconocimiento institucional a los militares reabre el debate sobre la figura del Che Guevara y su legado. Para unos, símbolo revolucionario; para otros, responsable de la violencia insurgente en la región.

Más de medio siglo después, Bolivia vuelve a situar el foco en aquel episodio, reinterpretándolo desde una perspectiva que reivindica la defensa del Estado frente a los proyectos revolucionarios.

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