Con la muerte del senador Miguel Uribe Turbay Colombia ha perdido no sólo a una de las voces más prometedoras de su clase política, sino también a un dirigente que, a pesar de no tener demasiados años en el oficio, supo leer con suficiente claridad los peligros que representa el régimen de Nicolás Maduro y la izquierda criminal del Foro de Sao Paulo para la región y para su país.
Así, hace no mucho tiempo, en medio de uno de los recorridos que efectuó Uribe Turbay en su faceta de precandidato presidencial, surgió el tema de Venezuela y su tragedia actual en un intercambio con un periodista. Sobre ello el senador del partido Centro Democrático simplemente dijo: «Si en Venezuela no hay libertad, en Colombia nunca habrá paz. Para Colombia es fundamental que se acabe la dictadura venezolana», aseguró, enviando un mensaje de respaldo a la líder opositora María Corina Machado y animando a los venezolanos a «no rendirse» en su lucha contra la dictadura chavista.
Nunca mejor dicho. La Venezuela controlada por el chavismo desde hace más e 25 años ha sido una pieza fundamental en el juego de ajedrez desplegado por la izquierda y los grupos terroristas de la guerrilla colombiana. La última muestra de ello la ofrece la «reubicación» que han escenificado componentes del ELN y las FARC luego de que, en 2016, el cuestionado Gobierno de Juan Manuel Santos decidiese pactar la «paz» con estas últimas y darle vía libre a su participación política legal. El saldo, casi 10 años después, deja en evidencia que no sólo este grupo delincuencial no se ha desmovilizado, sino que ahora opera de manera más «descentralizada» desde territorio venezolano, perpetuando así sus actividades.
La llegada de Gustavo Petro al Palacio de Nariño y su complicidad -a veces velada y a veces francamente abierta- con la tiranía chavista no han hecho sino reforzar el punto defendido por Uribe. El otrora guerrillero colombiano que luego devino en presidente de la nación no ha hecho sino traer de vuelta problemas que Colombia ya creía estar en vías de superar, al tiempo que ha sintonizado con las peores causas de la izquierda regional.
Petro defiende abiertamente al chavismo
Para muestra un botón, con un ejemplo reciente. Luego de que el presidente Donald Trump incrementase la recompensa por información precisa que condujese a la captura de Maduro y de que designase al criminal Cártel de los Soles como organización terrorista internacional, Petro echó mano de un patrioterismo palurdo, abrazando a Maduro públicamente y asomando que está dispuesto a ayudarle a blindar su régimen frente a «amenazas» exteriores, como las del mandatario norteamericano.
El ejército que quede en lo que fue la Gran Colombia, será aquel que pueda levantar con orgullo el estandarte de la vida, de los valores fundamentales de la humanidad, herederos de la libertad jurada por Bolívar. pic.twitter.com/yiMFhCIosK
— Gustavo Petro (@petrogustavo) August 10, 2025
Sin sorpresas: es el mismo Gustavo Petro que, haciendo piruetas, ha evitado cuestionar abiertamente la permanencia en el poder Maduro, tras la ocurrencia del monumental fraude electoral perpetrado por el chavismo tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, en las que resultó ganador el opositor Edmundo González Urrutia.
Miguel Uribe Turbay lo tenía claro: la libertad de Venezuela y Colombia van de la mano. La democracia de un país no se puede construir sobre los escombros de la democracia del otro. Para que a Colombia le vaya bien, a Venezuela le debe ir bien. Por esta creencia luchó este joven político, y por ello terminó siendo cobardemente asesinado. Afortunadamente los colombianos parecen estar tomando nota de sus advertencias y, a juzgar por los sondeos, no están dispuestos a perder su democracia y sus libertades, después de las enormes dosis de esfuerzo que ha tomado construirlas.