Colombia llega a la segunda vuelta presidencial de este domingo 21 de junio bajo una amenaza política añadida: el temor a que el petrismo no acepte una derrota en las urnas y responda con presión en la calle. La cita electoral enfrenta al senador Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y heredero político del presidente Gustavo Petro, con el abogado Abelardo de la Espriella, vencedor de la primera vuelta.
El periodista y abogado colombiano Dmar Córdoba advierte a LA GACETA de que el clima previo a la votación ya no gira sólo en torno al resultado, sino también en torno a la reacción del oficialismo si pierde Cepeda. «Ya nos están anunciando que si pierde Cepeda, como lo indican las encuestas, entonces van a declarar un desorden social», sostiene.
Córdoba cita como señal de alarma unas palabras atribuidas al exfuncionario Carlos Carrillo, próximo al entorno de Petro, en las que planteó que una derrota de Cepeda podría derivar en «una situación de orden público difícil de conjurar«. Para el analista colombiano, ese mensaje no es una advertencia institucional, sino una forma de presión política antes de que los ciudadanos acudan a las urnas.
El antecedente inmediato está en la primera vuelta. De la Espriella ganó con el 43,7% de los votos, frente al 40,9% de Cepeda, un resultado que dejó al petrismo contra las cuerdas y abrió un escenario de máxima tensión. La seguridad es uno de los ejes centrales de la elección, tras la expansión de los grupos armados durante el mandato de Petro y el contraste entre la propuesta de mano dura de De la Espriella y la continuidad negociadora que defiende Cepeda.
La oposición teme que una derrota del oficialismo reactive el modelo de presión callejera que Colombia sufrió en 2021 y 2022. Aquellas protestas, presentadas por la izquierda como un «estallido social», derivaron en bloqueos, ataques contra la fuerza pública, violencia urbana y parálisis en varias ciudades. Córdoba recuerda ese episodio como el precedente de una estrategia que permitió al petrismo aumentar su capacidad de movilización antes de llegar al poder.
«Incendiaron a Colombia durante tres meses. Estuvimos sitiados en las principales ciudades», recuerda el periodista. En su análisis, la amenaza de desórdenes no aparece como un fenómeno espontáneo, sino como un mecanismo de intimidación política ante la posibilidad de que De la Espriella consolide el vuelco electoral iniciado en la primera vuelta.
El conflicto de fondo es la continuidad del proyecto de Petro. Cepeda representa al Pacto Histórico y defiende la profundización de las reformas sociales del actual Gobierno. De la Espriella, en cambio, ha construido su candidatura sobre un mensaje de orden público, recuperación de la seguridad, reducción del Estado y ruptura con las negociaciones con grupos armados.
La violencia política y el deterioro de la seguridad pesan sobre toda la campaña. Colombia llega a la votación con una fuerte preocupación por el avance del narcotráfico, la actividad de las FARC, el ELN y otras estructuras criminales, y el desgaste de la llamada «Paz Total» de Petro. Para Córdoba, esa política ha debilitado al Estado y ha dado margen a los grupos criminales.
El resultado del domingo no sólo decidirá quién ocupa la Casa de Nariño. También medirá si el petrismo acepta una alternancia tras perder en las urnas o si intenta trasladar a la calle una derrota electoral. Esa es la clave política de la jornada: Colombia vota entre dos modelos de país, pero también bajo la presión de quienes ya anticipan problemas de orden público si el resultado no favorece al candidato del oficialismo.