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140.000 cubanos han llegado a los EEUU durante el último año

Más huidos y un régimen afianzado en el poder: el saldo tras el primer año de las protestas del 11-J en Cuba

Una mujer enarbola la bandera de Cuba en un balcón de La Habana. Reuters

Hace un año Cuba parecía traerle buenas noticias al mundo. Miles de personas se lanzaban a las calles contra el régimen castrista de Miguel Díaz-Canel, reclamando tener un país normal. La prensa internacional daba cuenta de las más grandes manifestaciones de las que, al menos en la historia contemporánea, se tuviese memoria en la isla. Todos queríamos creer; todos nos ilusionamos con que era posible. Todos ansiábamos que más de 60 años de vejaciones, represión y miseria llegaran a su fin.

Sin embargo, la realidad pudo más. Tener en contra a la mayoría del pueblo no es el remedio mágico para que una tiranía se vaya del poder. En las democracias la presión de calle generalmente deja solo dos alternativas a los gobernantes: o se van, o rectifican. En dictadura la cosa es distinta: una protesta masiva generalmente conlleva a más represión, a echar mano de cualquier recurso que ayude al tirano a seguir mandando, a sangre y fuego.  

Y así fue. Cerca de 1.500 personas fueron arrestadas en medio de aquello, produciéndose luego un total de 488 juicios ilegales que derivaron en condenas para los manifestantes. Maykel Osorbo, el artista que popularizó “Patria y vida” -el canto de libertad que se hizo mundialmente famoso durante las manifestaciones- fue recientemente sentenciado a cumplir 9 años de prisión por subvertir el orden en la isla.

En contrapartida, el régimen intentó propiciar algunos cambios cosméticos para dar la impresión de que había tomado nota de los reclamos de los cubanos indignados. Así nació la famosa “apertura” que permite -imagínese usted- después de décadas que los pobladores del país puedan emprender negocios a través de la modalidad de las llamadas pequeñas y medianas empresas (Pymes). Lo de siempre: la dictadura creó una cortina de humo para aparentar que estaba tomando un rumbo pro-mercado y que las cosas comenzarían a cambiar para bien.

Sin embargo, en el fondo la isla sigue muy mal: en 2021 se estima que la inflación cerró en torno al 70% y, más importante aún, las estructuras de poder del régimen quedaron prácticamente intactas. Salvo el aspaviento inicial que generó en la comunidad internacional la arremetida de Díaz-Canel contra la gente que legítimamente exigía derechos mínimos en las calles de distintas provincias, de Cuba hoy se dice poco o nada en los foros del mundo. Salvo por su exclusión reciente de la Cumbre de las Américas, la dictadura no ha sido presionada con fuerza por el llamado “mundo libre”.

Por ejemplo, en lo que se refiere a Estados Unidos, Biden ha replicado con Cuba una política de piloto automático en la que no ha podido evadir el sesgo obamista de su administración: aunque no ha llegado al extremo de Barack -que en sus buenos tiempos incluso le estrechó la mano a Raúl Castro- tampoco ha emprendido un enfoque de combate frontal al comunismo. Recientemente el Gobierno de Biden señaló que incrementaría los servicios consulares, y permitiría el envío de más cantidades de dinero en las remesas que cubanos en el exilio envían a sus familiares, así como un mayor número de vuelos hacia la isla.

Por su parte, la Unión Europa en voz del alto representante para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, ha salido del paso con una declaración genérica tras el primer aniversario de las protestas en Cuba: “La Unión Europea ha instado al gobierno cubano a respetar los derechos humanos y las libertades de los cubanos, incluyendo la libertad de asociación, la libertad de reunión pacífica y la libertad de expresión (…)”, alcanza a leerse en el comunicado divulgado por Borrell a principios de esta semana.

Al día de hoy quizá la muestra más evidente de que las cosas no han mejorado sustancialmente en Cuba luego de las protestas y de las supuestas reformas que ha implementado el castrismo se refleja en el número de personas que desesperadamente siguen huyendo de la isla.

Un reporte de las autoridades estadounidenses señala que desde Octubre de 2021 hasta la fecha han intentado ingresar por la frontera sur de EEUU aproximadamente 140.000 cubanos, un pico histórico en los últimos años. Un país que hubiese mejorado sustancialmente las condiciones de vida de sus pobladores no estaría expulsando diariamente a la cantidad de migrantes que actualmente expulsa el país caribeño. 

Con Fidel Castro Cuba no tenía solución. Con Raúl Castro Cuba no tenía solución. Y obviamente con Miguel Díaz-Canel Cuba tampoco tiene solución, por más que intente maquillarse la crisis a través de supuestas reformas que abonan a la tesis de los “cambios liberalizadores” propiciados por una tiranía empeñada en no ceder el testigo. Una ficción de cabo a rabo. 

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