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INDULTÓ A 3.000 NARCOTRAFICANTES ANTES DE DEJAR LA PRESIDENCIA

Rafael Correa, el gran responsable del auge de la delincuencia en Ecuador

El expresidente de Ecuador, Rafael Correa. Twitter

Ecuador atraviesa los momentos más violentos de su historia. Medios y referentes izquierdistas capitalizan la situación para llevar agua a su molino. Sostienen que en el periodo socialista había menos violencia. Lo que no dicen es que Rafael Correa indultó a más de 3.000 narcotraficantes antes de abandonar la presidencia.

Por medio de un decreto ejecutivo, Correa declaró una «rebaja de 360 días a los internos sentenciados por un delito que tenga una pena máxima de cinco años y hubiesen cumplido el 30 % de la condena». Lo firmó el 23 de mayo de 2017. Considerando que abandonó el poder el 24 de mayo del mismo año, el decreto fue una de sus últimas acciones como presidente del Ecuador.

«Concédase el indulto presidencial consistente en el perdón de la pena a las personas privadas de libertad, que hayan sido sentenciadas por el delito de tráfico ilícito, de sustancias estupefacientes y psicotrópicas sujetas a fiscalización que se consideren mulas del narcotráfico; entendiendo como tal a la persona que tratando de ingresar o sacar del país en puerto, aeropuertos o puntos de frontera haya sido detenida transportando sustancias estupefacientes o psicotrópicas dentro de la mínima o mediana escala”, indica el artículo 2 del decreto.

Según informó la ministra de justicia de ese entonces, Rosana Alvarado, los primeros favorecidos podían salir desde junio del mismo año de los Centros de Rehabilitación Social (CRS) del Ecuador. Es decir, fue algo inmediato. El peso de cargar con narcotraficantes liberados le cayó al Gobierno que sucedió a Correa.

Incluso ahora que está fuera del poder ha reivindicado su accionar. Pues fue él quien cambió la categoría de pandillas como los Latin Kings. Los denominó «organizaciones sociales», que incrementaron progresivamente su influencia hasta incluso lograr posicionar legisladores en la Asamblea Nacional.

De manera que alegar que el retorno del correísmo al poder podría mejorar la inseguridad y criminalidad en el país pasa por alto que fue su líder quien sembró la semilla. Es más, heredó a su sucesor el peso de tener a criminales en las calles y al mando de operativos desestabilizadores.

Rafael Correa fue sucedido en aquel entonces por su primer vicepresidente, Lenin Moreno. Como tal, es falso que «desde que gobierna la derecha hay violencia». Moreno, además de sus vínculos con el socialismo del siglo XXI, fue guerrillero en su juventud. Por su parte, Guillermo Lasso en todo momento dijo no ser de derecha ni izquierda. Y al terminar su mandato anunció que llegó como liberal y se fue como social demócrata.

Actualmente preside el país Daniel Noboa, quien se declara a sí mismo como de «centro-derecha». Es decir, desde la salida del socialismo del siglo XXI ningún candidato se ha declarado de derecha ni ha gobernado como tal.

Sin embargo, el accionar frente a la delincuencia por parte de Noboa lo está posicionando a nivel internacional por su lucha contra el crimen organizado. Salvo por un reducto de abogados «progresistas» y correístas la mayoría de la población respalda el accionar del mandatario.

De hecho, el viceministro de gobierno (firmante de la Carta de Madrid), Esteban Torres Cobo, destaca que la violencia que se vive es el resultado del accionar del mandatario. Pues Noboa no tardó en reaccionar frente a las amenazas. Desde el primer mes (e hizo hincapié que es apenas un mes) enfrentó al crimen organizado. En respuesta, estas agrupaciones pretenden imponerse por la fuerza.

Reprochó que los gobiernos anteriores no actuaron por comodidad, temor o complicidad. Mientras que el Gobierno de Noboa lo hizo y lo está haciendo desde el principio. Y estas son las consecuencias. Ya Noboa declaró el combate armado interno. Esto legitima el despliegue de las Fuerzas Armadas para combatir al enemigo de la patria: el crimen organizado.

Paralelamente el mandatario aseguró que esto le da a las fuerzas del orden respaldo político y estatal. Y la población civil lo aclama. Entonces los soldados cuentan con el apoyo del Estado y la nación. Son aplaudidos donde van y premiados con víveres y gritos de aliento. Ecuador quiere paz, pero no sin antes ir a la guerra contra la delincuencia.

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