«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Lo que no debería ocurrir en una diócesis

En una diócesis española, cuyo nombre no viene de momento al caso, el obispo no ratificó al Hermano Mayor de una Cofradía porque estaba divorciado y vuelto a casar por lo civil, Me parece absolutamente coherente la decisión del obispo. Todo mi aplauso para él Un divorciado y vuelto a casar puede, y debe, ir a misa los domingos, ser miembro de una cofradía, voluntario de Cáritas… Pero no Hermano Mayor, ministro extraordinario de la comunión o profesor de religión en un isntituto. Pero…

Creo que en esa misma diócesis una señora divorciada y vuelta a casar por lo civil es secretaria del Consejo Pastoral de la diócesis y delegada de pastoral penitenciaria, cargo en el que cesó estatutariamente y no por decisión del obispo. ¿Hay incomprensiblemente dos varas de medir? Pues no se entiende. ¿Oes que allí no son todos iguales y algunos son mucho más iguales que otros? Yo, por motivos que no vienen al caso, por ser personales, estoy muy contenido con ese obispado pero tampoco es cosa de un silencio permanente. 

Estamos viviendo hechos que son de auténtica aurora boreal. Alguien me ha llamado el terror de los obispos. Creo que exageradamente pues bastante contenido soy y no cuento muchas cosas que sé. Lo que ocurre es que hay obispos que si se conociera todo de ellos serían el horror de sus fieles. Tampoco voy a entrar en detalles de localización pero ya me dirán los lectores que opinarían del siguiente caso. Y tengo en la recámara bastantes más. En una diócesis se seculariza un sacerdote. Si ello se hace canónicamente no tengo nada que objetar. O se equivocó en su vocación o el pecado la hizo imposible. Más lo segundo que lo primero. Entiendo perfectamente que a quien se encuentre en tal caso la diócesis, por caridad, le atienda algún tiempo económicamente durante un plazo prudencial. Ya no entiendo que se les coloque como profesores de religión o en otros cargos diocesanos. Al susodicho se le hizo nada menos que importante cargo, remunerado, en Cáritas. Que ya son tragaderas episcopales. Pero es que además se descubrió que con la señora con la que vivía, y que había sido la causa de su deserción sacerdotal, ni se había casado con él canónicamente. Como hubieran podido hacerlo tras la secularización del personaje. ¿Descubierto el escándalo cuál fue la reacción episcopal? ¿Ponerle de patitas en la calle? ¡Por Dios. de ninguna manera! Apresurale el matrimonio, que a esa persona parece que le traía sin cuidado, y mantenerle en su puesto. Naturalmente el interesado, y nunca mejor apliacada la palabra, prefirió la boda a la calle. Donde suele hacer frío.

Pues todo eso, señor obispo, me parece un escándalo. Un escándalo suyo. Y hasta es muy posible que pase a tenerme un odio notable por contar estas cosas. Incluso aun callándome su nombre. De momento. Claro que el malo soy yo. Usted un santo varón. Y lo importante es que yo me calle y no que usted sea un obispo.   

 

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