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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Un importante artículo de José Manuel Vidal

Director de Religión Digital

José Manuel Vidal es una voz escuchada de la información religiosa. Naturalmente desde su enfoque, con sus filias y sus fobias. Pero eso nos ocurre a todos.Su página es incisiva, informativa, refleja muy mayoritariamente sus querencias, está bien hecha y resulta imprescindible para conocer la situación de la Iglesia y sobre todo de su sector más fronterizo por la izquierda e incluso extrafronterizo. Y él, listo donde los haya, maneja con gran habilidad ese cotarro. Tiene además una notable simpatía personal que le permite tener relaciones amistosas con tirios y troyanos por encima de discrepancias ideológicas por considerables que sean. Creo que conozco bastante bien la página y a su director porque no en vano estuve alojado en ella casi cuatro años. He dicho siempre que con total respeto a mi libertad. Cosa que le agradeceré siempre. Y ahora, aunque nos vemos menos que entonces, siempre que nos encontramos nos saludamos con cordialidad e intercambiamos algunas palabras en tono amistoso. 

Dicho esto, quiero hacerme eco de su artículo de hoy con motivo de la nota de la nunciatura sobre el abad de Montserrat. O, mejor dicho, contra el abad de Montserrat. Es un artículo importante que os reproduzco:

El Nuncio del Papa en España, Renzo Fratini, lleva años silente. Quizás por el efecto imitación del cardenal de Madrid, Rouco Varela. Por eso, en círculos eclesiásticos (tanto madrileños como catalanes) ha sorprendido la nota que ha emitido esta tarde-noche contra el Abad de Montserrat, Josep María Soler. Lo nunca visto hasta ahora: que un Nuncio desmienta a un Abad que, además, es más que un simple abad. Es el líder de un monasterio emblemático y referencial en España y en Cataluña.

La nota es escueta y lacónica, pero sumamente firme y descalificadora del pronunciamiento del Abad y, por lo tanto, del Abad mismo, al que se le pone a los pies de los caballos.

La nota llama la atención primero precisamente por eso, por lo inhabitual. Es algo insólito, inusual. Algo que, en la Iglesia, no suele hacerse. O si se hace, se realiza primero por cauces internos. Y, como aseguran en Montserrat, los monjes no tenían conocimiento de la misma. Se enteraron de ella por los medios de comunicación.

Eso denota, entre otras cosas, poca «fineza diplomática» en el Nuncio, una virtud que se les supone a todos los diplomáticos vaticanos.

También llama la atención la susodicha nota porque no ofrece explicación ni razonamiento alguno a su rotunda descalificación de las declaraciones del Abad Soler. No aporta argumentos, no razona. Sólo desmiente y desautoriza.

Unas declaraciones, las del Abad, que ya estaban olvidadas y a las que el Nuncio, con su nota, ha venido a reflotar y a colocar en el centro de la agenda socio-política del país.

¿Quién ha presionado al Nuncio silente, para que saliese, ahora, en tromba? En e universo católico catalán lo tienen claro y señalan tres focos de presión sobre el legado pontificio: El Gobierno del PP, la Casa Real y el cardenal de Madrid, Rouco Varela.

Algunos van más lejos y aseguran que fue el «principal logro» que consiguió Rouco Varela en su reunión de 45 minutos con el Papa Francisco el pasado viernes en Roma. En ella, aseguran esas fuentes, convenció al Papa de que se trataba de una cuestión de Estado y, de esta forma, habría conseguido, la luz verde del Secretario de Estado, Pietro Parolin, para que el Nuncio lanzase su nota.

En cualquier caso, más leña al fuego. El Nuncio y Rouco vuelven a meter a la Iglesia en el fragor de la batalla política catalana, que ya está que arde. La Iglesia se implica y en vez de ser una instancia de diálogo y de autoridad moral, baja a la arena, con el lógico riesgo de salir malparada. La implicación política de la Iglesia siempre ha traído malas consecuencias para la institución.

Se añade mayor tensión al tema catalán. Ahora, tensando aún más la cuerda eclesial. Muchos, pro eso, (desde allí y desde aquí) piden al Papa que acabe cuanto antes con esta situación de impasse eclesial. Y que inaugure, de una vez, un nuevo ciclo en la Iglesia española, con un sucesor de Rouco Varela y un nuevo Nuncio. Pero de Roma, al menos por ahora, contestan que «eso se hará, cuando toque».

José Manuel Vidal

 

Estoy  totalmente de acuerdo con él en que la nota de la nunciatura es insólita. No acostumbra la nunciatura dar notas. Y también coincido con él que afecta la nota a una personalidad eclesial relevante. El abad de un monasterio referencial.

Comparto también absolutamente este párrafo del periodista:

«La nota es escueta y lacónica, pero sumamente firme y descalificadora del pronunciamiento del Abad y, por lo tanto, del Abad mismo, al que se le pone a los pies de los caballos».

Ya lo de señalar que en el nuncio manca finezza, en un ataque personal a monseñor Fratini, no sé como interpretarlo. Ya en el mismo título, y luego en el cuerpo del artículo, le había calificado de nuncio silente. De acuerdo en que no se trata de imputaciones graves, más  bien de pellizcos de monja. Pero como Vidal no da puntada sin hilo, y además no creo que el abad Soler y su reputación le preocupen demasiado, creo que eso sólo puede deberse a estar disgustado con lo que hace el nuncio y no sólo en este caso, o que ha querido enviar un aviso al navegante de la calle Pío XII.

Lo del universo católico catalán ante el «ataque en tromba» del nuncio creo, puedo estar equivocado, que es un modo de disfrazarse del habilísimo periodista gallego. Sea lo que fuere, Vidal, por su boca atribuyéndolo a una ajena, señala las tres posibles fuentes del revolcón al abad. Rajoy, el Rey o Rouco. Las tres erres aunque disimule dos de ellas con los términos de el Gobierno y la Casa Real.

Yo no veo posible que «el Gobierno» en tan breve tiempo haya reaccionado a las declaraciones del abad reclamando al embajador ante el Vaticano una protesta que exigiría una petición de audiencia previa al Secretario de Estado para expresarla y las instrucciones de éste al nuncio para que hiciera pública la nota en cuestión. Lo de «la Casa Real» me parece de aurora boreal. Lo más probable es que nadie en esa Casa se hubiera enterado de las palabras del abad y si alguien lo hubiera hecho, despecho con el rey, llamada del monarca a Rajoy, del presidente al Ministro de Asuntos Exteriores y comienzo de lo señalado antes para el Gobierno. Inverosímil. Y además por asunto de poca entidad dada la del protagonista. Por mucho abad mitrado que sea.

Queda el cardenal Rouco, eterno leit motiv de los escritos de Vidal. ¿Pero no habíamos quedado en que el cardenal de Madrid no tenía la menor sintonía con este Papa y que su cese era inmediato desde marzo del año pasado? Aunque la inmediatez lleve ya diez meses sin que llegue.

Puede ser que el cardenal Rouco haya intervenido. Si así hubiera sido su influencia con el Papa, con quien acaba de tener una audiencia larga, es extraordinaria. Fue salir Rouco del despacho papal, o tal vez incluso con el cardenal presente, y el Papa llamar a Parolín y exigirle el sopapo en los morros de Soler.

El explosivo incidente, del que Soler ha salido totalmente chamuscado, lleva a Vidal a pedir no la sustitución del abad sino una vez más la de Rouco. Añadiendo también la del nuncio.

La del arzobispo de Madrid es evidentemente próxima pues en agosto cumple 78 años. Esta cigüeña siempre dijo que para junio o julio de este año. Ya me he aproximado mucho más a la realidad que tantas desmentidas inmediateces que hasta el momento no han llegado. Y llevamos casi un año con ellas. Desde marzo de 2013.

El artículo de Vidal es interesante y cuenta cosas de importancia. Su manía contra Rouco no es ninguna novedad. Sí lo es, en cambio, el ataque al nuncio. No le gusta y pide sus sutitución. Y el apoyo, cauto ciertamente, al abad Soler, un error del periodista. En mi juventud circulaba un chiste que decía que sólo había dos gallegos tontos. Y ninguno éramos José Manuel Vidal ni yo. Aunque ambos estábamos ya en este mundo. Ya he dicho que el director de Religión Digital me parece listísimo. Pero a veces incluso los gallegos nos equivocamos. En parte. Creo que Vidal no acierta en la conclusión. A causa de su manía al cardenal. El resto del artículo me parece muy interesante.  

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