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Del mal rollo en Sumar al affaire con un árbol

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, besuquea al ministro Ernest Urtasun. Europa Press.

Con mano de hierro. Parece que en la ensaladilla de siglas llamada Sumar hay mal rollo. Díaz, que por algo prologó el Manifiesto Comunista, estaría actuando con maneras poco democráticas, según lamentan algunos de sus integrantes. En realidad, el resquemor viene por el reparto de cargos y carguitos que la jefa suprema dicta. Por cada trozo del pastel, vaya. Podemos se largó este mes de la coalición haciendo mucho ruido. No volver a sentarse en la bancada azul puso como locas a Montero y Belarra, disparatado dúo que ya importunaba a Sánchez. Yolanda ha resultado mucho más dócil y agradable para Pedro que Iglesias y sus chicas. Ella vive una época dorada, ha hecho realidad un sueño en que el poder, las boutiques y las charlas ante gente importante se suceden cual maravilla. Respecto a la naturaleza ideológica de la señora, no caben muchas dudas: pertenece a la tradición purgante del comunismo, aunque vista marcas francesas.

El «gordo» de Navidad. Mientras millones de españolitos se entregaban al hechizo tribal de la lotería, Sánchez repartía premios entre sus elegidos. El presidente recordó que había premiado la macarra genuflexión de Puente en el Congreso de los Diputados (¡sólo le faltaba un carajillo a la vera!) con una cartera ministerial. Y, como en un juego estratégico de quita y pon, valoró el premio que debía recibir la perjudicada por aquella decisión anterior. Del bombo de millones que es su cabeza salió bolita para Raquel Sánchez, destituida ministra Transportes, la pobre. Marcó entonces el número telefónico de la agraciada: «Raquel, te ha tocado ser presidenta de Paradores Nacionales». Más de 200.000 euros al año para tapar agujeros y tal.

La taza. El Partido Comunista de los Trabajadores de España (reliquia marxista-leninista) ha lanzado estas Navidades un producto a la venta. No se trata de un Exin Gulags para niños, sino una sencilla taza de desayuno. Ya sabemos que este es un producto muy yanqui, pero nuestros nostálgicos de las hambrunas lo han convenientemente decorado con un «No pasarán». Yo propongo que los chicos se suelten el pelo, tienen a disposición tal acervo que se acabarían las tazas del mundo: sigan la siniestra colección con la efigie de Lenin, de Mao, de Hoxha o de la Pasionaria dándose el lote con el camarada Stalin. O, incluso, con aquella foto conservada de una checa en Barcelona. ¿Y otra que recuerde las matanzas en Paracuellos? Esa sería la taza premium del peceté.

Todos tontos. Lo que arroja el informe PISA sobre los aprendices escolares da pavor, si bien no debe sorprender. Hace décadas que las universidades dan títulos a analfabetos, hala, búsquese la vida ahí fuera, licenciado zoquete, que llegan nuevos tarugos a las aulas. Al final, la misma izquierda vieja que temía y advertía con su carraca que las élites políticas deseaban a un pueblo ignaro y maleable ha acabado produciéndolas y dirigiéndolas a gusto. Hay un feliz hermanamiento entre el zote medio español y algunos ministros. Ah, la derecha ha contribuido gustosa al estado de la cuestión.

Feminismo selectivo. El acoso y derribo de un hombre por parte de la tiranía feminista depende de varios factores. A tener en cuenta, antes de enviar a la jauría de lobas y lobeznos, la procedencia del tipo (¿y si fuera palestino?) o su intachable currículo ideológico. No digamos si, además, es un luchador incansable contra el fascismo, como Tito Berni.

Desatado cinismo. Ibarrola (UPN), tras perder la alcaldía de Pamplona, declaró que «nunca sería alcaldesa con los votos de EH Bildu. Prefiero fregar escaleras». La vice Díaz dio el pistoletazo de salida a una campaña que en cualquier país normal provocaría carcajadas: «Las mujeres que “limpian escaleras” desempeñan una tarea social fundamental y su trabajo debe ser pagado y reconocido. Una razón más para la moción de censura en Pamplona». No sólo se quedó tan ancha y fresca luciendo tamaño cinismo, sino que, prietas las filas, un ejército de estómagos agradecidos y demás idiocia menesterosa proclamó en redes que sus abuelas y madres limpiaban escaleras. Es la manera que tiene el PSOE de justificar un vil pacto con terroristas no arrepentidos. Podemos afirmar que España goza de la izquierda más grosera y sectaria de Europa, pero también tiene las escaleras más relucientes.

Donde dije digo, digo Diego. «No vamos a apoyar a Bildu. Para nosotros eso son líneas rojas y los socialistas, con nuestros defectos y virtudes, somos muy de fiar. Todo el mundo sabe a qué se puede atener con nosotros, cuales son nuestros principios y las líneas que no pasamos». No lo dijo Groucho Marx, sino Carmen Calvo. 

En el eje del mal. La vida de los cristianos vale menos que la de, pongamos, un palestino. Así lo evidencia el clamoroso silencio de la casta que gobierna España respecto a la reciente masacre de cristianos en Nigeria. Nuestra nación está ya del lado de los malos, forma parte de la alianza contra el viejo Occidente, obra y gracia de una política internacional zapaterista (Grupo de Puebla). O sea, es su quinta columna en Europa.

Ecosexual. Tarados siempre ha habido, refiero aquellas personas que coloreaban la vida social con sus extravagancias y manías varias. Eran singulares en su enajenación. Ahora existe el tarado a la moda, que incluso encuentra cierta fama a costa de manifestarse en público. El último: una señora que, sintiéndose muy sola según propio testimonio, ha iniciado una «relación erótica» con un árbol. No sabemos si el roce es consentido. Cuando los aldeanos mozos de antaño cubrían a una gallina parecía claro el disgusto del animalico. Urge crear, ante el caso de la lasciva mujer, algún gabinete ministerial que pregunte al árbol si el affaire es o no consentido.

Aprovecho esta singular noticia para desearle, paciente lector, un feliz año nuevo y, a ser posible, menos próspero en chifladuras woke.

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