El deporte volvió a ser escenario de una denuncia moral. Durante el encuentro entre Rumanía y Austria, el pasado domingo, por las eliminatorias al Mundial de 2026, los aficionados rumanos aprovecharon la visibilidad internacional del fútbol para exigir el fin de la persecución contra los cristianos en Nigeria, donde grupos islamistas cometen desde hace años auténticos crímenes de exterminio.
En las gradas de la National Arena de Bucarest, se desplegó una gran pancarta con el mensaje: «Defendamos a los nigerianos cristianos«, un gesto que generó aplausos y encendió las redes sociales por su valentía en un contexto donde las víctimas cristianas son ignoradas por la mayoría de los gobiernos y organismos internacionales.
Nigeria, el país más poblado de África, vive una ola de violencia islamista desde hace más de una década. Grupos como Boko Haram y el Estado Islámico han masacrado a comunidades enteras, destruyendo aldeas e iglesias y secuestrando a sacerdotes, mujeres y niños. Según datos de la ONG InterSociety, entre enero y agosto de 2025 fueron asesinados más de 7.000 cristianos por motivos religiosos, una cifra que confirma que el país africano se ha convertido en el epicentro mundial de la persecución contra los seguidores de Cristo.
El pasado mes de junio, por ejemplo, unos 200 cristianos fueron brutalmente masacrados en la aldea agrícola de Yelwata, sin que las autoridades nigerianas ni las potencias occidentales reaccionaran con firmeza. Desde 2009, los ataques de grupos yihadistas han dejado más de 50.000 muertos y millones de desplazados. Mientras las élites europeas callan ante esta tragedia, los hinchas rumanos han recordado que la fe cristiana sigue siendo perseguida y que Occidente no puede mirar hacia otro lado.