«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Al menos 36 personas han muerto y más de 2.000 han sido detenidas

El régimen islamista de Irán se quiebra: muertos en las protestas, debilidad y una histórica transición en el horizonte

El líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Europa Press.

El régimen de los ayatolás atraviesa su fase terminal más evidente desde 1979. La oleada de protestas que sacude Irán desde finales de 2025 no sólo ha desbordado a las fuerzas de seguridad, sino que ha obligado al propio Gobierno a reconocer la legitimidad de las movilizaciones y ordenar que no se reprima a los manifestantes pacíficos. Un gesto que, lejos de transmitir control, revela miedo y pérdida de autoridad.

El presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha dado instrucciones explícitas para que las fuerzas de seguridad distingan entre ciudadanos que protestan por la crisis económica y «alborotadores», admitiendo que el malestar social es real y profundo. El vicepresidente Mohamad Yafar Gaempaná lo reconoció sin ambages: «La gente se manifiesta contra los precios elevados y el Gobierno reconoce la validez de esta protesta».

Protestas nacionales, represión fallida y fractura interna

La magnitud del desafío es inédita. Según la red HRANA, al menos 36 personas han muerto —34 de ellas manifestantes— y más de 2.000 han sido detenidas en apenas diez días. Las protestas se han registrado en 285 puntos del país, incluidos territorios tradicionalmente leales al régimen clerical.

Pese a ello, el líder supremo Ali Jamenei ha insistido en la vía represiva, autorizando el uso de munición real y reforzando a la Guardia Revolucionaria con figuras vinculadas al terrorismo internacional. Pero el efecto ha sido el contrario: la cohesión del aparato de poder comienza a resquebrajarse.

Desde círculos opositores y fuentes políticas europeas se habla ya abiertamente de deserciones, ciudades liberadas y sectores de las fuerzas armadas que se niegan a actuar contra la población. El eurodiputado de VOX Hermann Tertsch lo resume así: «El régimen de los ayatolás está colapsando y parte de las fuerzas armadas ya se han unido al pueblo. Mientras los medios del bipartidismo callan, Irán se libera ciudad a ciudad».

La oposición se posiciona en Irán: Rajavi y el regreso del heredero del Sha

El colapso interno ha reactivado la pugna por el futuro político de Irán. Desde el exilio, la líder del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, Maryam Rajavi, sostiene que el régimen ha llegado a un punto sin retorno: «Tras 47 años de dictadura, corrupción y sangre, el régimen no tiene salida. La sociedad iraní ya no acepta ni dictaduras religiosas ni monárquicas. El cambio depende del pueblo organizado».

Rajavi denuncia que sólo en 2025 se produjeron más de 2.200 ejecuciones, muchas de ellas de presos políticos, y que la inflación real de bienes esenciales supera el 100%, mientras el rial ha perdido el 70% de su valor en un sólo año.

Junto a ella ha reaparecido con fuerza Reza Pahlavi, hijo del último Sha, que se presenta como figura de transición y no como restaurador monárquico. Pahlavi ha afirmado estar preparado para regresar a Irán si se abre un proceso de cambio y ha pedido a Occidente que rompa definitivamente con la política de apaciguamiento.

Su figura gana respaldo en la diáspora iraní y en sectores políticos occidentales que ven en él un símbolo de estabilidad, apertura económica y alineamiento con EEUU, Israel y el mundo libre, aunque su gran reto sigue siendo la organización interna sobre el terreno.

¿Geopolítica del colapso?

La crisis iraní se produce en un contexto geopolítico clave. La caída de aliados regionales, el debilitamiento de las milicias proiraníes y la presión combinada de Estados Unidos e Israel han dejado a Teherán aislado y sin margen económico. Al mismo tiempo, Moscú observa cómo dos de sus grandes socios estratégicos —Venezuela e Irán— entran en fase de descomposición, amenazando sus ingresos energéticos y su influencia global.

Frente a este escenario, la Unión Europea vuelve a aparecer como actor irrelevante, atrapada en décadas de acuerdos fallidos, dependencia energética y complacencia ideológica. Rajavi lo resume con crudeza: «Cada barril de petróleo que venden los ayatolás se convierte en una bala contra quienes piden libertad».

Irán ya no vive una protesta episódica, sino una crisis sistémica en opinión de diversos analistas: colapso económico, pérdida de legitimidad, fractura interna y una oposición que empieza a estructurarse. El régimen aún controla resortes clave, pero ha perdido el miedo que lo sostenía. Los próximos días serán cruciales en el devenir de los ayatolás.

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