El Sahel atraviesa uno de los momentos más críticos en materia de seguridad desde el inicio de la expansión yihadista en la región. El Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM), también conocido como Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), afiliado a Al-Qaeda, ha reclamado haber perpetrado más de 690 operaciones en el último año, con un saldo de más de 4.200 personas asesinadas.
Durante el último año, JNIM ha llevado a cabo ofensivas de gran envergadura. Uno de los episodios más significativos ocurrió en julio de 2024, cuando un ataque con vehículos bomba y emboscadas destruyó un convoy conjunto de fuerzas malienses y aliadas rusas, matando a más de 100 efectivos cerca de la frontera con Argelia. También se ha registrado un asalto simultáneo a siete posiciones militares en Malí, demostrando un nivel de coordinación sin precedentes.
En específico, Burkina Faso ha sido el país más golpeado por la violencia yihadista en 2024, con más de 1.500 muertos en el último año. En la región Centre-Nord, entre 200 y 600 personas murieron en una sola ofensiva atribuida a JNIM, marcando una de las masacres más cruentas en la historia reciente del país. El grupo ha sido responsable de casi la mitad de los ataques registrados en territorio burkinés, especialmente en las zonas fronterizas con Malí y Níger.
Además de la intensidad de los ataques, JNIM ha logrado una preocupante expansión territorial. Ha consolidado su presencia en zonas rurales y extendido sus operaciones hasta países como Benín y Togo. En localidades como Koro, en Malí, el grupo ha impuesto bloqueos o «embargos», obligando a las autoridades a negociar condiciones locales ante la imposibilidad de recuperar el control.