«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Escalada de tensión en Oriente Medio

Irán amenaza con «prender fuego al mundo» si Trump actúa contra el Ayatolá mientras admite más de 3.000 muertos en la represión

Donald Trump y el ayatolá Alí Jamenei. Europa Press

La escalada entre Irán y Estados Unidos ha entrado en una fase abiertamente incendiaria. Altos mandos militares iraníes han lanzado amenazas directas contra el presidente estadounidense Donald Trump, advirtiendo de una represalia devastadora si se produce cualquier acción contra el líder supremo del régimen islámico, el ayatolá Alí Jamenei.

El portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, el general Abolfazl Shekarchi, aseguró que Teherán «prenderá fuego a su mundo» si se atenta contra Jamenei. «Trump sabe que si una sola mano se extiende contra nuestro líder, no sólo la cortaremos, sino que incendiaremos su mundo», declaró en un mensaje difundido por medios oficiales. La amenaza rompe semanas de silencio del régimen y eleva al máximo la tensión con Washington.

Las palabras llegan después de que Trump haya acusado públicamente a la cúpula iraní de matar a su propio pueblo y haya calificado a Jamenei como «un hombre enfermo que debería gobernar su país en lugar de asesinar a su gente». En una entrevista con NewsNation, el presidente estadounidense advirtió además de que, si algo le ocurriera, el régimen iraní sería «borrado de la faz de la Tierra», insinuando una respuesta total.

El cruce de amenazas coincide con una admisión inédita del propio régimen iraní sobre la magnitud de la represión interna. Tras semanas de opacidad, Teherán reconoció este miércoles que 3.117 personas murieron durante la brutal respuesta de las fuerzas de seguridad a las protestas antigubernamentales que sacuden el país desde finales del año pasado. Las cifras fueron difundidas por el Ministerio del Interior y la Fundación de Mártires y Veteranos a través de la televisión estatal.

Según estas fuentes oficiales, 2.427 fallecidos han sido clasificados como «mártires» conforme a la ley islámica, una categoría que incluye tanto a civiles como a miembros de las fuerzas del régimen. El resto, 690 personas, fueron etiquetadas por las autoridades como «terroristas» o «alborotadores» que atacaron instalaciones militares, una narrativa habitual del poder clerical para justificar la represión. Para el secretario del Consejo de Seguridad Nacional iraní, Ali Akbar Pourjamshidian, el elevado número de «mártires» demostraría la supuesta «contención» de las fuerzas de seguridad.

Organizaciones independientes desmontan esa versión. La ONG Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos, eleva la cifra de muertos a al menos 4.902 personas y denuncia cerca de 26.500 detenidos, advirtiendo de que el balance real podría ser aún mayor. Verificar los datos resulta extremadamente difícil debido al apagón informativo impuesto por el régimen, que ha bloqueado internet, restringido las comunicaciones internacionales y limitado severamente el trabajo de los periodistas.

Desde el exilio, Farah Pahlavi, viuda del último sha de Irán, aseguró que tras esta oleada de protestas «no hay vuelta atrás» y se mostró convencida de que el pueblo iraní acabará imponiéndose al régimen islámico. Las manifestaciones, iniciadas por el deterioro económico, se han convertido en las mayores desde la Revolución Islámica de 1979, poniendo al sistema teocrático contra las cuerdas y empujándolo a una huida hacia adelante basada en la represión interna y la amenaza externa.

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