«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la milicia paramilitar liderada por Mohamed Hamdan Dagalo

La milicia islamista RSF construye un imperio militar y económico en Sudán mientras el país se hunde en el caos

Mohamed Hamdan Dagalo, alias 'Hemedti', líder de las RSF. Europa Press.

Tres años después del inicio de la guerra civil en Sudán, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), la milicia paramilitar liderada por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, han dejado de ser una estructura armada local para convertirse en un verdadero imperio militar, económico y transnacional, según detalla un análisis de The Economist.

La reciente toma de Kurmuk, una localidad del sureste del país situada en la frontera con Etiopía, ha mostrado hasta qué punto la milicia ha ampliado su capacidad operativa. La conquista convirtió al estado del Nilo Azul, hasta ahora alejado de los principales frentes, en un nuevo campo de batalla decisivo. Además, evidenció la capacidad de las RSF para sellar alianzas con rebeldes locales y operar más allá de las fronteras sudanesas.

La guerra comenzó en abril de 2023, cuando las Fuerzas Armadas Sudanesas creyeron que podrían derrotar rápidamente a los combatientes de Hemedti. Tres años después, el error de cálculo es evidente. Más de 33 millones de los 50 millones de habitantes de Sudán necesitan ayuda humanitaria, al menos 19 millones sufren hambre aguda, unos 14 millones han abandonado sus hogares y el número de muertos podría ascender a cientos de miles.

Mientras el Estado sudanés se descompone, las RSF han consolidado su dominio sobre amplias zonas del país. Aunque el Ejército recuperó Jartum y el corredor fértil del Nilo, la milicia y sus aliados controlan todavía cerca de la mitad del territorio, incluido gran parte de Darfur, su bastión mineral y escenario de atrocidades que han sido calificadas como genocidio.

La expansión del grupo se apoya en una red regional de armas, combustible, bases logísticas y apoyos exteriores. Al inicio de la guerra, las rutas de suministro pasaban principalmente por Amdjarass, una base aérea en Chad que, según diversas acusaciones, habría sido utilizada por Emiratos Árabes Unidos para canalizar apoyo hacia Darfur. Más adelante, el centro de gravedad se desplazó hacia el sur de Libia, con la colaboración del señor de la guerra Jalifa Haftar, aliado de Hemedti.

En los últimos meses, Etiopía y la República Centroafricana han adquirido un papel creciente como corredores de suministro. Salvo Egipto y Eritrea, alineados con el Ejército sudanés, prácticamente todos los países fronterizos permiten algún tipo de margen operativo a las RSF, favorecidos por vínculos regionales, intereses económicos y la influencia de Emiratos.

El caso de Etiopía resulta especialmente significativo. Desde finales de 2025, la milicia habría instalado en el oeste del país un campamento de entrenamiento para miles de combatientes. Imágenes satelitales analizadas por el Laboratorio de Investigación Humanitaria de la Universidad de Yale apuntan a la presencia de vehículos similares a los utilizados por las RSF en la ofensiva de Kurmuk. Yale sostiene que existen indicios visuales claros de ataques lanzados desde territorio etíope.

El poder de la milicia no depende únicamente de sus alianzas regionales. Las RSF también han construido una red de reclutamiento internacional. Según analistas sudaneses, el grupo ofrece a combatientes del Sahel alrededor de 500 dólares mensuales, una suma elevada para la región. Desde 2024, cientos de mercenarios colombianos han participado en combates en Darfur, trasladados mediante un puente aéreo que conecta Emiratos, Chad, Libia y Puntlandia, en Somalia.

Un informe del Conflict Insights Group sostiene que el apoyo de mercenarios colombianos respaldados por redes vinculadas a Emiratos permitió a las RSF capturar El Fasher, una ciudad clave de Darfur, en octubre de 2025.

La fuerza militar de las RSF se explica también por su enorme capacidad financiera. Hemedti, que comenzó como comerciante de camellos y comandante de las milicias yanyauid —predecesoras de las RSF y responsables de matanzas contra comunidades africanas negras en Darfur—, tomó en 2017 el control de la mayor mina de oro de la región. Ese oro permitió a su familia acumular activos privados y públicos hasta convertirlo en uno de los hombres más ricos del país.

Su entramado empresarial se extiende por el Cuerno de África y el mar Rojo. Según un próximo informe de The Sentry, miembros de la familia Dagalo y empresas vinculadas a las RSF poseen más de una veintena de propiedades en Dubái, valoradas en unos 24 millones de dólares. La misma investigación apunta a una red de compañías en Emiratos que permitiría transformar oro de contrabando en divisas.

Pese a las sanciones impuestas por Estados Unidos en 2025 contra empresas radicadas en Emiratos por financiar y armar al grupo, las RSF han seguido expandiéndose hacia nuevas zonas mineras. Su estructura económica ha resistido la presión internacional y se ha adaptado al conflicto.

La guerra regional en el Golfo también ha reforzado indirectamente la posición de las RSF. Emiratos considera estratégicos los recursos y la influencia en Sudán y el mar Rojo, y ve en la milicia un instrumento para asegurar esos intereses. Al mismo tiempo, Washington ha evitado elevar la presión sobre Abu Dabi, pese a sancionar a compañías colombianas acusadas de suministrar mercenarios al grupo.

Las RSF intentan ahora proyectarse como un poder legítimo. El año pasado anunciaron incluso un gobierno paralelo. Mientras tanto, el jefe del Ejército sudanés, Abdel Fattah al Burhan, insiste en que la milicia debe ser eliminada por completo, una posibilidad que parece cada vez más lejana.

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