«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La verdadera 'trama rusa' implica pagos millonarios a la Fundación Clinton

Vaya, quién lo iba a decir: después de todo, sí hay ‘trama rusa’; el único detalle es que afecta al otro candidato en las presidenciales.

Un espía del FBI infiltrado en el sector nuclear ruso, William D. Campbell, al que la anterior Fiscal General con Obama, Loretta Lynch, hizo firmar un «acuerdo de confidencialidad ilegal», ha dado por fin testimonio ante tres comités del Congreso. Por abreviar: Moscú inyectó millones de dólares -convenientemente blanqueados- en la Fundación Clinton a cambio de contratos de venta de uranio a Rusia. 
Vaya, quién lo iba a decir: después de todo, sí hay ‘trama rusa’; el único detalle es que afecta al otro candidato en las presidenciales, precisamente la misma Hillary Clinton que financió un dossier con datos de Inteligencia para que se pudiera espiar legalmente a su rival. 
Campbell fue originalmente un efectivo de la CIA que, tras ganarse la confianza de contactos en el sector nuclear en Rusia y Kazajstán, fue reclutado por el FBI.  
Lo primero que descubrió en sus seis años de infiltrado fue que el Gobierno ruso se había ganado la cooperación de una forma americana de transporte de uranio, Transport Logistics International (TLI), vulnerando así la Ley de Prácticas Corruptas Extranjeras, la cual sobornaba a un alto funcionario del sector nuclear ruso para conseguir contratos de transporte de uranio americano extraído en Rusia. 
En segundo lugar, los rusos le hablaron de una maniobra para desviar millones de dólares a la Clinton Global Initiative (CGI) mediante la firma de presión política ARPCO, usando su presupuesto para donación a causas benéficas. 
Testifica Campbell: «El acuerdo preveía cuatro pagos de 750.000 a lo largo de doce meses. Se esperaba que APCO prestara a la Clinton Global Initiative asistencia gratuita como parte de su intento de crear circunstancias favorables que garantizaran que la Administración Obama tomaba decisiones positivas en todo, desde el esquema Uranium One al acuerdo de Cooperación Nuclear Civil EE.UU.-Rusia». 
Campbell informó a sus jefes de lo que había descubierto y fue felicitado por ellos por su trabajo, pero cuando preguntó por qué la información que había conseguido no se usaba para incriminar a los implicados, la respuesta explícita fue que el caso resultaba demasiado político. 
 
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