
No son los franceses los que no soportan a Macron… aunque la mayoría de ellos le votara por dos veces. Tampoco le aguantan los africanos. Los últimos gobiernos que le han dicho a París que mande regresar a sus soldados y técnicos son el Chad y Senegal.
El jueves 28 de noviembre, los gobiernos de estos dos países africanos situados en el Sahel (Senegal, con salida al Atlántico, mientras que el Chad carece de litoral) anunciaron que rompían el mayor símbolo del neocolonialismo francés: la presencia de soldados galos en sus territorios.
En el comunicado en el que el Gobierno chadiano repudiaba los acuerdos de cooperación militar con Francia, añadió que a los 66 años exactos de su independencia adquiría soberanía plena y la capacidad para elegir sus alianzas estratégicas. El país, uno de los más pobres del mundo, está gobernado por el Consejo Militar de Transición, presidido por Mahamat Déby Itno, que sucedió a su padre, muerto en combate en 2021 contra unos rebeldes en el norte.
El presidente senegalés, Bassirou Diomaye Faye, declaró en una entrevista concedida a la agencia France-Presse que Francia tendrá que cerrar sus bases militares próximamente, aunque no fijó un plazo. «Senegal es un país independiente, un país soberano, y la soberanía no es compatible con la presencia de bases militares«, dijo. Y en la misma entrevista recordó el pasado colonial de Francia.
Faye ganó en primera vuelta, con más de la mitad de los votos emitidos, las elecciones presidenciales de su país celebradas en abril pasado, después de meses de protestas contra los planes del anterior jefe del Estado, Macky Sall, que lo era desde 2012, para presentarse a una nueva reelección.
El momento escogido por Faye fue también simbólico. Tres días después, el 1 de diciembre, se conmemoró el 80º aniversario de la Masacre de Thiaroye, cuando militares y gendarmes franceses mataron a 35 soldados senegaleses que reclamaban las pagas que la República les debía por su participación en la Segunda Guerra Mundial.
En los últimos años, se han producido varios golpes de Estado en países antes obedientes a París. En Mali, Burkina Faso y Níger gobiernan sendas juntas militares que han formado una alianza para repeler cualquier ataque o boicoteo de sus vecinos de la CEDEAO o de Occidente. Una medida común a las tres juntas ha sido la expulsión de las tropas francesas y el acercamiento a Moscú. Sin embargo, los acuerdos con Francia que no han roto son los relacionados con la inmigración. Los africanos no pueden renunciar a las remesas de sus emigrantes y las grandes empresas francesas necesitan mano de obra barata.
Otro país de «Francáfrica» donde un sector de los militares locales se sublevó es Gabón, productor de petróleo, uranio y hierro. En agosto de 2023 un golpe derrocó a Alí Bongo después de unas elecciones calificadas de fraudulentas. Bongo sucedió a su padre, Omar, a la muerte de éste, en 2009. Una dinastía familiar vinculada con París y con Rabat.
Así que dentro de unos meses en África sólo quedarán bases militares francesas en Costa de Marfil, Gabón y Yibuti. Por ahora, todas estas repúblicas se mantienen adheridas al franco CFA, moneda común a 14 países, pero con cuya gestión muchos africanos están descontentos, porque les obliga a depender del Banco de Francia.
Estos movimientos políticos tendrán consecuencias negativas para España, ya que el Gobierno más fiable para Occidente y la OTAN entre el estrecho de Gibraltar y el golfo de Guinea es el marroquí.
El régimen del sultán Mohamed VI no sólo dispone de una amplia colonia formada por millones de inmigrantes establecida en Europa, muchos de los cuales luego adquieren la nacionalidad del país de acogida, y de una engrasada red de sobornos que se extiende al Parlamento Europeo y a varios Gobiernos. También es colaborador en asuntos militares y de antiterrorismo con Estados Unidos, España, Francia e Israel. Y ahora puede subir el precio a su fidelidad a Occidente, precio que pagarán los españoles y los saharauis.
Desde la invasión de Ucrania por Rusia, aumentan las tensiones políticas y militares en la gran región que los geopolíticos denominan «isla del mundo» o el continente Afro-euro-asiático.
Aparte de este cambio de alianzas por parte de varios países africanos, los hutíes del Yemen siguen atacando a barcos mercantes y de guerra en el estrecho de Bab al Manded; Israel y Hezbolá han acordado un alto el fuego en Líbano; los rusos y ucranios empiezan a emplear misiles balísticos; y los yihadistas avanzan en Siria.
En este último país, aliado de Rusia (la única base naval rusa en el Mediterráneo se halla en Tartus) y de Irán, los islamistas del Organismo de Liberación del Levante, respaldado por el Estado Islámico y Turquía, han irrumpido en Alepo.
Ésta era la ciudad siria más poblada y con mayor número de cristianos antes de la guerra, y también la que más ha sufrido en las «Primaveras Árabes» que comenzaron en 2011. Cercana a la frontera turca, fue disputada por los bandos de la guerra siria desde 2012 hasta que en 2016 los militares del presidente Bashar al Asad la reconquistaron. La operación militar ha aprovechado el momento en que los rusos están volcando sus recursos (terrestres, navales y aéreos) en Ucrania y el Ejército sirio está desplegado en el sur, en torno a las fronteras con el Líbano y los altos del Golán con motivo de las campañas israelíes contra Hamás y Hezbolá.