'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La discriminación laboral a mujeres en Latinoamérica cuesta el 7,5% del PIB

Una mujer teletrabajando

Las discriminaciones que sufren las mujeres no solo les causan daño a ellas, sino que tienen un coste económico que en el caso de Latinoamérica y el Caribe llega al 7,5 % de su producto interior bruto (PIB), según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicado este lunes.

En un documento sobre la discriminación de género con datos de 29 países de la región, la OCDE estima que la pérdida en cifras absolutas es de 400.000 millones de dólares anuales, que equivalen a 1.135 dólares per cápita.

Las mujeres allí tienen una participación baja en el mercado laboral, ya que únicamente representan el 42 % de la población con trabajo y su desarrollo está limitado, entre otras cosas, por el alto porcentaje de embarazos de adolescentes (un 15 %).

En términos generales, el indicador que sintentiza la discriminación en la legislación, las normas sociales y las prácticas, con 25,4 puntos sobre 100, era en 2019 peor que el de Norteamérica (18,1 para Estados Unidos y Canadá) y el de Europa (17) pero notablemente mejor que el de Asia y Oceanía (35,9) y el de África (40,3).

Los autores del estudio advierten de que la crisis del coronavirus está afectando de forma mucho más acusada a las mujeres que estaban en situación vulnerable por su situación socioeconómica o por su origen.

De entrada, el porcentaje de mujeres es mayor que el de hombres en el sector informal, más castigado por el hundimiento de la economía. Además, ocupan empleos que se ven mas comprometidos en caso de confinamiento (como el servicio doméstico), con posibilidades muy limitadas para teletrabajar.

También se incrementa el riesgo de que sean objeto de violencia ya que la incertidumbre aumenta los comportamientos machistas, el confinamiento obliga a una difícil convivencia de las víctimas con los autores de abusos, la dependencia económica les obliga a quedarse y los servicios que en otras circunstancias pueden prestarles ayuda no funcionan normalmente.

Eso dejando de lado el hecho de que ya antes de esta crisis las mujeres de Latinoamérica y el Caribe dedicaban casi tres veces más de tiempo que los hombres a realizar tareas domésticas no remuneradas.

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