«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista. Miembro del Parlamento Europeo con VOX. Vicepresidente del grupo del Europarlamento Patriots for Europe

7 de octubre: tras el luto, los efectos

7 de octubre de 2026

Hoy se cumplen tres años de la mayor acción genocida contra el pueblo judío desde el Holocausto. Es imposible olvidar la crueldad diabólica del asalto de Hamás desde Gaza, su vesania asesina inaudita en la matanza, las violaciones, torturas, mutilaciones y desmembramientos de niños, ancianos, mujeres y hombres. Ni el secuestro de 251 israelíes llevados a Gaza, incluidos ancianos, niños y lactantes que no volverían en su mayoría.

Tres años después se puede constatar que aquella matanza ha cambiado radicalmente el mapa político de la región y está cambiando el del mundo, a falta de la caída del régimen de Irán, responsable último del 7 de octubre del 2023.

También ha quedado bien patente, para disgusto de muchos, que la voluntad, determinación y capacidad de Israel de defenderse es hoy la misma que les llevó a la victoria en todas las guerras lanzadas por los árabes para destruir el Estado judío. Pese a la modernización de la sociedad israelí y los efectos de una izquierda inevitablemente entregada al wokismo, la conciencia nacional y el sentido del deber y servicio, esas virtudes que en algunas naciones occidentales parecen desaparecer, son fuertes y firmes.

Por desgracia, estos tres años también han demostrado hasta qué punto los actuales gobernantes en Europa y amplios sectores de la opinión pública, mediatizados por la opinión publicada que depende de dichos gobernantes, han asumido posiciones de defensa de los verdugos terroristas de Hamás y de grotesca demonización de las víctimas.

La judeofobia, el antisemitismo y el antisionismo, que es el odio a la nación de Israel, se han disparado en Europa, condicionados por la masiva penetración musulmana en su sociedad, movidos por la poderosa influencia de centros de poder y compra de voluntades como Qatar y los Hermanos Musulmanes, y agitados por una izquierda que ha puesto en su alianza con el islamismo y la invasión musulmana de Occidente su última esperanza de subsistir.

Bajo la bandera de la apología de la matanza del 7 de octubre, las fuerzas del islamismo y socialismo han tomado las calles de las ciudades europeas, con inmensa violencia cuando han querido. Como ahora en Francia, en lo que los medios disfrazan como protestas estudiantiles y es una contundente demostración de la fuerza destructiva de la alianza del islamismo con el partido La France Insoumise (LFI) del ultraiquierdista Jean Luc Melenchon. O como durante la Vuelta a España en 2025, cuando el Gobierno de Sánchez usó a inmigrantes ilegales africanos mezclados con filoetarras y otra ultraizquierda para atacar a un equipo con accionistas israelíes con inusitada violencia.

El 7 de octubre fue un acto de terrorismo genocida. Del único genocidio que se plantea y no deja de prepararse en Oriente Próximo desde 1948, el de borrar al Estado de Israel y a los judíos del mapa. Por el contrario, las acusaciones de genocidio que permanentemente hacen islamismo e izquierdismo y los tontos útiles de siempre al servicio de los enemigos de Occidente son absurdas. Primero, porque teniendo los medios para perpetrar un genocidio si hubiera voluntad, nunca lo hizo ni lo hace como prueba que la población palestina bajo control de Israel ha pasado de 1,2 millones en 1948 a 7,5 millones ahora y cerca de dos millones de ellos con nacionalidad israelí.

El 7 de octubre debería haber supuesto el aislamiento internacional total para Hamás, para Hizbulah, para Irán y en buena medida para Qatar. Y sin embargo la respuesta en Europa y en EEUU, tras unas semanas de solidaridad oficial con las víctimas, ha sido las multiplicación de las manifestaciones en favor de los terroristas, del islamismo, de la sharía y del llamamiento al genocidio contra Israel.

Este llamamiento criminal, incluido en la frase «Desde el rio hasta el mar» para el estado palestino, es decir, con Israel ya desaparecido, ha sido proferido hasta por miembros del Gobierno español, el que ha ido más lejos en Europa en su solidaridad con los terroristas y hostigamiento contra Israel.

Lo cierto es que las mayorías globalistas socialdemócratas, se denominen sus partidos de una forma u otra, están alarmados con el espectacular crecimiento de las fuerzas patriotas en Europa y América. Estas defienden la nación, la soberanía y la identidad frente a invasiones, multiculturalismo, agresiones y el abierto intento de acabar con las naciones y su identidad que es la política de la Unión Europea con su actual menguante mayoría y una Comisión Europea fracasada en todo menos en destruir como es la actual de Ursula von der Leyen.

Lo último que quieren ver Von der Leyen, George Soros, Bill Gates, Macron o Friedrich Merz es que despierten las naciones europeas ante la inminente amenaza de destrucción total de su tejido social, su cultura, su identidad y sus derecho. Todo esto se está produciendo ya por las políticas impuestas desde Bruselas y la invasión promovida. Bruselas coincide con Qatar —¡qué casualidad Qatargate— en que quiere evitar a toda costa que las naciones europeas entiendan que Israel lucha contra un enemigo que es también el suyo. Que España, ahí tienen a Ceuta, está en el objetivo de conquista musulmana, no ya después de Israel sino a un tiempo. Y que inmediatamente después van todas las tierras que no han estado bajo poder musulmán.

Israel ha perdido simpatizantes y aliados —malos aliados, como queda demostrado— después de ser víctima de aquel monstruoso asalto, mientras las banderas de los asesinos pueblan las calles de las ciudades europeas. Dicen los gobernantes globalistas que la respuesta armada israelí se juzga «desproporcionada» en la Europa cómoda que ya no recuerda lo que es la guerra y que trata a los terroristas como ovejas descarriadas. Por eso han asumido y difundido toda la propaganda mentirosa generada por Hamás y los medios occidentales la han presentado como la verdad revelada.

Hamás utiliza a la población civil como escudo humano para maximizar el número de victimas de los ataques israelíes. Porque cada muerto civil palestino es un éxito para Hamás y una desgracia para Israel. La población asume este papel —unos obligados y otros voluntariamente— criada y adoctrinada en la cultura del odio, de la muerte y el martirio en un Gaza fanatizado. Pero eso sí, financiado con decenas de miles de millones de ayuda internacional. Podían haber hecho con ello un punto turístico del Mediterráneo. Lo que hicieron fue una inmensa base terrorista subterránea nutrida por los niños adoctrinados de la superficie.

El 7 de octubre y sus efectos son una señal de alarma para Occidente. Quienes no sepan defenderse en un futuro que ya está aquí, —Ceuta es una prueba, las ciudades francesas otra—, serán arrollados por quienes no vienen a Occidente a trabajar ni huyendo de nada sino a colonizarlo e imponer la ideología religiosa más cruel y totalitaria. Los europeos dan todos los días ejemplos de indefensión. El europeo es inofensivo y está inerme de actitud y de recursos ante la agresión del invasor. Que es como los quieren tener los enemigos de la civilización.

Israel nunca se ha podido permitir esa actitud porque habría dejado de existir apenas nacer. Por eso es ejemplo en autodefensa y en la forja de la conciencia nacional. Los globalistas, cada día más condicionados por los Hermanos Musulmanes, creen que Israel es un mal ejemplo. Para los que creemos que las naciones europeas y occidentales invadidas ya tampoco se pueden permitir la indefensión, Israel es un aliado, es un amigo y es un ejemplo.

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