«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

Los patriotas del 29-N

7 de octubre de 2026

Algo nos hacía pensar que esta legislatura tampoco iba a llegar a los cuatro años, probablemente porque nunca fue una legislatura, sino una sucesión de disparates y de crímenes de diversa índole. Con o sin conejo en la chistera (que de eso nos enteraremos más adelante), Sánchez ha debido pensar aquello de «de perdidos, al río» y antes quizá de que el proletariado asimile la inminente imputación del PSOE por corrupción, se verá yendo a votar el último domingo de noviembre. Y Sánchez sabe que para muchos «obreros» votar a la derecha no es una opción. 

Aquí la cuestión nuclear, más que el último vals de Narciso El Bienhecho, es cómo va a gestionar la actual oposición el desastre de nación que los enemigos de España han perpetrado estos últimos años. Por dónde empezar a reconstruir. ¿Nuestra red de ferrocarriles, antaño puntera y hoy parecida a la de Zambia? ¿Las obras públicas que son imprescindibles para que una riada no se lleve por delante media ciudad de Levante, y que nunca se hicieron? Hay que mirar bien dónde y cuándo gastar el dinero público que desde 2018 se dedicaba a poner pisos a las prostitutas y a la farlopa de los ministros, entre otras cosas.

Muchos de ustedes verán, en el apasionante mes y medio que tenemos por delante, cómo muchos sedicentes patriotas se dedican en las redes sociales a distraer la atención y a confundir. Han estado tonteando con sus amigos funambulistas durante un tiempo, y ahora que vienen las elecciones no saben muy bien qué hacer para perjudicar al único partido con opciones serias de Gobierno que no arriará ni una sola de sus banderas. El único partido que incluso esos patriotas de pacotilla saben que podría cambiar España completamente y para bien.

Los apóstoles de los Alvise, Iustitia Europa y otros subproductos parecidos saben muy bien que VOX tiene la fuerza de la razón, y que es eso lo que explica su ascenso imparable desde hace meses. Mientras ellos no saben qué carta jugar, porque no creen en ninguna, Abascal repite en cada entrevista y en cada mitin lo que viene diciendo desde hace años, sin cambiar una tilde. Mientras estos enanitos furibundos tratan de morder los tobillos de VOX, el tercer partido de España contagia de sentido común a cada día más españoles que necesitan un cambio de verdad. Un cambio que les saque del pesimismo de una maldita vez. 

Antiguamente más, y todavía hoy, hay patriotas que tienen la tentación de votar a partidos como La Falange, que al menos es una formación con una ideología respetable y reconocible, si bien muy lejos de poder aspirar a gobernar. Pero, de verdad, ¿alguien con dos dedos de frente puede apoyar a estos oscuros personajes que nadie sabe bien de dónde han salido, ni qué intereses particulares tienen? ¿Se puede apoyar a gente que es conocida única y exclusivamente por su obsesión con VOX, ya sea por envidia, por despecho o por llevar una empanada mental de medio kilo? ¿Está ahora mismo España para bromas de éstas? 

Una vez el PP ha dejado claro que lo suyo es un centro progresista que tan pronto pacta en Bruselas con el PSOE como se da el pico con la señora del hijab en Ceuta, los patriotas han de tener clara cuál es su opción para el 29-N. Los negros nubarrones, esta pesadilla de ocho años que parecía no tener fin, se empieza a terminar para dejar paso al claro día, como tantas otras veces en la historia de España. Vamos a mandar al psicópata a un oscuro rincón del pasado, pero lo haremos sabiendo elegir muy bien lo que ahora representa a una mayoría social. Ni escapistas, ni saltimbanquis; reconquista y patria. 

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