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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Ayuso, okupa del discurso

19 de enero de 2024

Milei ha demostrado que la ira es útil. Ira con humor está bien, ira matizada de histrionismo; una ira generosa en la que se expone uno mismo. Cuando Milei dice eso de «zurdos, hijos de puta», está arriesgando, se está convirtiendo en personaje y está pagando un precio de ridículo e impudor. Grita, pero no grita como Hitler, grita como Carlos Pumares cuando le preguntaban por el Monolito.

La ira es necesaria. Acumularla como un preciado capital y expresarla cuando toque. Aunque lamentablemente a veces hay fugas de ira, como pasa con Twiter. Los tuits se escriben con ira, una ira con sordina, porque de cada diez que se escriben se manda uno, tributo que la salud paga a la prudencia.

Y la ira suele venir provocada por la jeta. El PSOE es la General Motors de la jeta, pero ahí cerca le va el PP y dentro del PP la emperatriz del gepeto es doña Ayuso, la presidenta.

Es una auténtica okupa del discurso, okupa del discurso ajeno. A Vox se lo hace constantemente y al hacerlo asume la función de frontera de lo políticamente correcto. Se hizo la progre finolis, centrista de meñique mucho tiempo con lo trans y también con los menas y los inmigrantes, pero a medida que llegan en avión señores africanos, lo que Verstrynge (condenamos, condenamos) denominó «manadas y manadas de negros», su discurso va cambiando. Claro. La libertad de las terrazas ya no es la misma… Por eso la inmigración desordenada y con nocturnidad de repente se relaciona con la delincuencia; ya pasan cositas en las calles… Y Ayuso lo puede decir porque la izquierda mediática la pondrá verde, pero el «centroderecha» no hará portadas ni editoriales con voces de engolado tenorín llamándola xenófoba. Xilófona a lo mejor, pero no xenófoba.

Como lleva tiempo así, está más vista que la Charito por simpática que sea, y sólo nos queda hablar solos, yo tuiteé que Ayuso ahora va de Meloni y entonces me quisieron explicar que Meloni es más o menos lo mismo, que Meloni bla, bla, bla, que Meloni dijo digo y dice Diego… Pero ese no es el tema. El asunto no es en lo que acabe Meloni, que es en lo que acabaremos todos, sino lo que dice Ayuso y los cambios de Ayuso. La xenofobia, como la tierra, es para quien se la trabaja y Ayuso hace lo que todo el centrismo: se apunta siempre a las maduras. Cuando le abren la ventana de Overton, entra ella y okupa (del verbo okupar) el pisito con su séquito de bien peinados. No es el qué, es el quién Segunda Parte. Son unos robaperas de la política, y si lo denuncio es porque son los mismos robaperas del periodismo. Ayuso es PP con tabasco, y está bien, pero entonces hay que decir que el tabasco no es malo.

El asunto es especialmente grave, y no solo irritante, porque esa  modulación pepera oportunista de lo que se puede decir y de lo que no, que adquiere, sin serlo, la forma del remilgo y la mojigatería política, nos está costando cara.

Vox tiene que drenar el foro (drain the swamp de aquí) ¡pero están drenando a Vox! ¡Es al contrario!

Ayuso, presidenta de Madrid, distrito federal, parasita el discurso de Abascal y al hacerlo obstaculiza la única oposición que se vislumbra. A Vox lo tienen mediáticamente estabulado, cercado, encerrado entre las teles sociatas y las radios peperas, y allá acude Ayuso, self service, con madrileñísima desfachatez, cuando le dice don M.A.R. o le conviene, a ordeñar la vaquita de la ultraderecha.

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