Se pasó por Oviedo Ione Belarra para apoyar con su insigne presencia la anual manifa de los que tratan de hacer obligatorio el bable (no se rían, no), que esta vez eran poquitos, con voluntariosos rostros habituales y cara de «¿qué hay de lo mío?».
Belarra apenas sabe manejarse en español, así que imaginen lo que conoce del bable y sus fascinantes vericuetos léxicos. El asunto es subirse al carro de cualquier causa que suene a nacionalismo regionalista chachi y donde, esto es importante, haya panoja (pública) a repartir. Tuvo tiempo y todo la Nekane para visitar la Academia de la Llingua (sí, hay una Academia) de la que yo guardo un grato recuerdo desde que me pusieron una demanda por decir que son un chiringuito subvencionado al servicio del nacionalismo residual astur. Lo mantengo, evidentemente, y sirva este artículo como refrendo.
A los podemitas y la fauna adyacente del espectro ideológico les pasa como a Adrián Barbón, el esférico cenutrio socialista que preside el Principado, que habla a menudo del «pueblo asturiano». En Asturias hay muchos pueblos y aldeas muy bonitos, pero no se me ocurre pensar que somos una unidad de destino en lo universal. «El pueblo», como si fuera algo homogéneo. Un pueblo, una lengua, una raza. Están como chotas. Dando la matraca regionalsocialista con el pueblo y también con la identidad. Soy de esa preciosa tierra, y echando un vistazo a mis paisanos, no sé, más allá del folclore o la gastronomía, en qué se diferencia la identidad del sujeto asturiano de la del cántabro, el castellanomanchego o el navarro. Quizá somos más feos, o más fríos de carácter; la verdad es que no tengo ni idea de lo que se le cruza a Barbón por la molondra, siempre con sus orgullos regionales, sus delirios lingüísticos y sus berrinches en redes sociales, donde se pasa todo el santo día haciendo el ridículo.
Belarra cerró la visita a la periferia oprimida con unas fotos, una frase tontuna genérica apoyando la cooficialidad, un tuit, y a otra cosa. Es lo suyo, supongo. No conozco muchas aptitudes de la elementa, pero sé que tanto ella como Irene Montero (Pili y Mili) se pirran por los etarras, como la mayor parte de la extrema izquierda antiespañola (disculpen la redundancia).
En esos viajes que hacen para estrechar lazos con toda la chusma posible se reunieron muy amistosamente con Otegui. Me pareció, viendo las imágenes, que andaban las dos fantaseando con el terrorista, muy cerca de la concupiscencia carnal. Tengo un recuerdo nítido de una foto en la que Belarra mira embelesada al lunático secuestrador y podría afirmar, con poco margen de error a equivocarme, que en ese momento se podía plantar arroz en sus bragas.
La podemita lo mismo participa en una movida para imponer el bable en Asturias que sale en Madrid a reventar La Vuelta a España porque corre un equipo con nombre Israel. El caso es obligar, forzar o boicotear. Nunca se les ocurre nada mínimamente positivo. O aunque sea regular. Algo que aporte. Siempre es en negativo; prohibiciones, gritos, campañas de cancelación, montar el pollo, felar abertzales, cercenar libertades, esas cosas. Su trabajo es poner palos en las ruedas del progreso y hacer oposición a todo lo que suene mínimamente a sentido común, aupándose en corruptelas autoritarias o demagógicas. No saben lo que es la ciudadanía, su mente cree que la nación española se aglutina en tribus, y que más o menos cada aldea con cacique local tiene derecho de autodeterminación y lengua propia.
Opinión propia sí tenía el público en Baeza, academia benemérita y cuna de futuros picoletos. Marlaska gobierna con los que asesinaron a más de 200 guardias civiles. Años lleva blanqueando al brazo político de la banda terrorista, sacando a los criminales de la cárcel, y a los que no puede dejar libres los acerca al País Vasco, donde han entregado al PNV las competencias de prisiones. Ni él ni Pedro Sánchez fueron a los funerales de los guardias muertos persiguiendo narcos. En esa zona, la actividad ilegal y el tráfico de drogas es una fuente de financiación de Marruecos. Así que van a seguir sin medios y, me temo, van a seguir produciéndose «accidentes laborales», como afirmaba el otro ser infame.
Cuentan que al ministro le abuchearon. Poco me parece.