«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

Una profecía política

3 de septiembre de 2026

La izquierda lleva décadas agotada intelectualmente, así que no ha sido extraño consignar en medios y redes, durante la presente invasión marroquí de Ceuta, que han vuelto a desempolvar uno de sus más añosos y apolillados memes: el sermón «cristianista» contra los cristianos.

Quien usa la consigna no cree en Cristo, naturalmente, y suele pensar que la fe es un tocomocho montado por los curas. Pero eso no le impide instrumentalizar lo que cree que es el mensaje cristiano para intimidar !a la derecha». Un ejemplo extraído casi al azar de la multitud de mensajes: «Hoy domingo, mucha gente que pedía cazar ‘uno a uno’ a los niños inmigrantes en Ceuta, irá a misa de las 12 para rezarle al niño Jesús y poner una velita por la paz y la misericordia».

Ahora, la política, por parafrasear al maestro Clausevitz a la inversa, es la guerra por otros medios, un conflicto feroz que no hace prisioneros. Y en una guerra, hacer del enemigo un hombre de paja es casi una obligación de la propaganda bélica. Yo mismo, por citar una fuente cercana, sigo considerando que el origen último de la izquierda es esencialmente satánico.

Pero esa caricatura del enemigo es lícita, incluso útil, cuando consiste en eso mismo, una exageración deformada de la realidad. El problema empieza cuando esa realidad base no existe ya. Eso ya equivale a tener una información desactualizada del enemigo, lo que suele ser fatal, cuando un bando está convencido de que el ejército enemigo se dispone a invadir Borduria cuando en realidad ambiciona Sildavia.

Cuando nació la izquierda, su visceral anticristianismo tenía sentido. La fe cristiana era la doctrina por defecto de la civilización, eso que Gullo llama «fe fundante», y destruirla era básico para sustituirla en el poder. De ahí el furor comecuras de los jacobinos, de ahí la «religión como opio del pueblo» de Marx.

Pero hoy no sirve. Los votantes de partidos convencionalmente llamados «de derechas» vienen a representar poco menos de la mitad de la masa electoral; los que van a Misa los domingos —de 12 o a cualquier otra hora— constituyen menos del 10% de la población, uno de cada diez. Uno puede larpear en redes con el avatar de un cruzado y el lema ‘Deus vult!’ y no haber pisado una iglesia en su vida sino como turista.

La desactualización, en ese sentido, del rojo promedio es trágica, y probablemente le acabe dando una amarga sorpresa. Y es, por lo demás, sorprendente en sí misma, porque esa Iglesia contra la que sigue arremetiendo es hoy, en su clero, un aliado objetivo. Desde el Papa a una nutrida representación de los párrocos, la Iglesia católica es de izquierdas en casi todo lo que defiende nuestro izquierdista, y muy especialmente en lo relativo a la sustitución poblacional y, aún más concretamente, en su visión de la crisis ceutí.

La amarga sorpresa a la que me refiero es que cada vez son menos los derechistas que se sienten aludidos en esa referencia a la Misa de 12, a la apelación a una ética cristiana, si bien reducida a caricatura con la entusiasta connivencia de muchos prelados.

Y aquí voy a arriesgar una predicción, por más que la Historia esté empeñada en contradecir profecías: la derecha que va a dominar las próximas décadas no va a ser cristiana, ni siquiera «culturalmente cristiana». Si, por aventurar definiciones, la derecha es un conjunto de banderías incompatibles unidas únicamente por su creencia en una naturaleza humana más o menos inmutable, frente a una izquierda que ve al hombre como arcilla infinitamente maleable, predigo que la derecha futura más fuerte va a ser darwiniana y biorrealista, como ya muchos se definen.

Las invocaciones a la igualdad ya no va a tener eco en esta derecha, ni a la compasión, salvo entre miembros de la misma tribu. Uno podría decir que todo lo que había antes de Cristo era derecha, en el sentido de reconocimiento de una naturaleza humana fija, y a esa visión, apuntalada con modelos cientifistas, se va a volver. Y todo el chantaje «cristianista», todos los argumentos de la izquierda basados en una presunta raíz cristiana, se romperán contra esa nueva derecha sin afectarla, y quizá el izquierdista futuro recuerde con nostalgia la derecha «de Misa de 12».

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