«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Bloque bajo

14 de mayo de 2024

Tras el ciclo electoral en Galicia, País Vasco y Cataluña (el tren de la bruja de Galeusca), la sensación es que Vox resiste, y que no solo resiste al nacionalismo separatista sino, sobre todo, a Madrid: al PP y sus medios.

Sobre el valor de resistir yo antes de hablar me hago a mí mismo una pregunta: «Hughes, querido Hughes (me lo digo al espejo), ¿cuántos lectores has ganado tú últimamente en Cataluña?».

Allí el PP terminó de rebañar a C’s. Los votantes que hace años abandonaron el PP para votar naranja retornaban. En ese viaje a ninguna parte lleno de promesas y palabras se nos ha ido un tramo de nuestras vidas. Por el camino, el centro perdió alguna cosa más; cuando en esta campaña Feijoo habló del «inmigrante ilegal» nadie le acusó de xenofobia. Ni el moderantismo ni el catolicismo profesional protestaron. El PP podrá endurecer puntualmente su discurso sin ser tratado de xenófobo. Eso es, junto con los votos, el gran efecto de la absorción de Ciudadanos: haber adquirido una, digamos, pequeña casta intelectual con sello original de izquierdas.

Vox sube 30.000 votos en Cataluña; lucen más que los de Galicia y el País Vasco, que parecían algo testimonial aunque eran aumentos de más de un 15%. Va a ser verdad el lema de Maeztu que hizo suyo esta casa: «Ser es defenderse» («En defensa propia» era el slogan de la campaña). Vox está como el Madrid contra el City. Ha de ganar el partido, ha de jugar a ganar, pero está forzado al «bloque bajo», a la más pura resistencia. A aguantar bajo el larguero. Por eso, para Vox los resultados pueden ser buenos, pero no tanto para España. Urge una reacción nacional, pero en la práctica esa reacción bastante hace con defenderse. El contraataque acaba siendo solo resistencia, una resistencia doble porque Vox resiste a los separatismos y al Madrid de los michavilas.

Ese esfuerzo se alimenta de la esperanza en un advenimiento demográfico. Al PP le votan personas de edad avanzada, boomers, y recibe de C’s a la parte de la generación X que «compra el relato». Vox, en cambio, tiene votantes jóvenes que le permiten mantener la ilusión. Eso representa Julia Calvet, por ejemplo, que se convirtió del separatismo al españolismo como en un musical de Los Javis. Ella simboliza la posibilidad de una mutación generacional.

Esto da sentido al trabajo de Vox, que encaja como un boxeador y no pierde lo ganado, pero si la esperanza es generacional , ¿qué se espera entonces de los votantes buméricos del PP? Las masas peperas morirán agarradas a su voto. ¿Sirve de algo entonces el esfuerzo por mantener un puente discursivo y sistémico con ellos? ¿Será transitado alguna vez ese puente?

La demografía envejece al PP y diluye al separatismo, pero con ella entramos todos en otro ámbito, nuevas inercias, otro escenario donde el PSOE tiene las de ganar. Vox ha de resistir como gato panza arriba (también al purismo y al integrismo) para ganar unos miles de votos, pero ¿qué son treinta mil votos ante los futuros aluviones migratorios? Las magnitudes cambian.

Las digestiones del Sistema se llaman generaciones. Después de todo, el Sistema no es tan malo, pudiéramos pensar (los de C’s, por ejemplo, han ido encontrando acomodo). Ahora es primavera, empieza el calor, exultan el liberalismo de la cervecita y el hedonismo pansexual progresista. Aun hay toros, y Champions… todo anima a la cerve, al festi, al buenri  y si alertas del fin de España te miran como si fueras mormón, o milenarista o terraplanista. Sobre este dulce sopor, los pajarillos de la propaganda anuncian Optimismo, aunque el triunfo electoral del PSC no sea menos amenazante que el procesisme sino peor, temible: con la pareja Illa-Sánchez se valida el protocolo COVID y la excepción Amnistía. Lo que viene es más fuerte que el independentismo y ser, el ser de Maeztu, será no solo defenderse sino distinguirse radicalmente en fondo y forma, y en todo lo posible. Del PP en primer lugar.

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