«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

A los cocodrilos

20 de junio de 2026

Sería incluso cómico si no fuera tan trágico. Un tipo del que es razonable suponer su origen foráneo porque han prohibido revelar su etnia, lanza a un niño de tres años al foso de los cocodrilos en Gran Bretaña.

Poco antes nos desayunábamos con un refugiado maliense acuchillando y tratando de decapitar a un viandante nativo con el que se cruza en una calle: es como si estuvieran empeñados en dejar mal al progrerío que nos repite que la criminalidad es cosa de la pobreza y la marginalidad y que los de fuera no son, en conjunto, especialmente propensos al delito.

Porque aunque todas las categorías delictivas se condenen, las hasta ahora más comunes podían comprenderse. Respondían a incentivos e impulsos más o menos racionales. De un atraco, por violento que sea, se saca un beneficio específico. Dos bandas pueden acuchillarse por un reparto de zonas de influencia. Hasta una violación puede explicarse hasta cierto punto. A lo que estábamos menos acostumbrados por estos lares es a eso que los anglos llaman «senseless crimes», ataques brutales y gratuitos. Cuando más se habla de «delitos de odio», menos se apunta a aquellos crímenes que real y clamorosamente se cometen por odio, sin un beneficio observable.

Y es entonces cuando se activa el protocolo del pensamiento circular que nos gobierna. Como hay que proteger la política de sustitución poblacional, hay que evitar que la gente se indigne y se organice. Para evitar que la gente se indigne, hay que impedir que se conozca el alcance del peligro. Para impedir que se conozca el alcance del peligro, hay que censurar y castigar a quienes informan de estos hechos. No podemos tener medios libres porque perjudicaría el proyecto ‘multicultural’.

La vivienda tiene que estar carísima porque han llegado de golpe millones de personas que hay que albergar. Los sueldos tienen que estar congelados porque los recién llegados son más baratos de contratar. Tenemos que renunciar a una vivienda asequible porque hay que albergar a cientos de miles de recién llegados.

Y así llegamos a una sociedad que tiene que ver normal que un tipo eche a un niño desconocido literalmente a los cocodrilos, porque lo contrario sería xenofobia y odio y ya tenemos aquí al pintor austriaco. Tertium non datur.

Y la excusa es que los españoles no tenemos hijos (es un plural de cortesía: yo sí tengo). Y como no hay hijos, no hay jóvenes que se incorporen a la actividad productiva. Y como no hay jóvenes, hay que traerlos de fuera. Lo que hace que se congelen los salarios, se precaricen los puestos de trabajo, la vivienda se vuelva inalcanzable y los servicios públicos colapsen, todo lo cual hace cada vez más difícil que los jóvenes se vayan de casa de sus padres y formen familias. Lo que se traduce en una tasa de natalidad aún peor y todo vuelve a empezar.

Corre por las redes una tabla asustante de todo lo que perderíamos si mañana mismo se fueran todos los inmigrantes. Quizá si fuéramos un imperio tendría sentido, sólo quizá. Pero es que hay cosas más importantes que el PIB, magnitud tramposa donde las haya. Tal vez la gente, los de aquí, prefieran vivir con un poco menos de crecimiento económico infladísimo pero en una sociedad más cohesionada. A lo mejor no les importa que quiebren unas cuantas empresas basadas en la explotación y que las que haya y surjan tengan que pagar sueldos decentes. Se me ocurre que la ciudadanía nativa podría preferir que ese éxodo masivo supuestamente terrorífico alivie el mercado inmobiliario y puedan encontrar un lugar asequible donde crear una familia.

No sé, se me ocurre. Como se me antoja que posiblemente haya que poner en duda el dogma ese de que la diversidad sea nuestra fuerza. En qué universo es eso cierto. Y ya puestos a especular a lo loco, tal vez no sea completamente necesario echar nuestras sociedades al foso de los cocodrilos.

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