«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista. Miembro del Parlamento Europeo con VOX. Vicepresidente del grupo del Europarlamento Patriots for Europe

Bruselas y su odio a la libertad

5 de enero de 2026

La Comisión Europea bajo la pepera Ursula von der Leyen amplía su ya omnipresente Ministerio de la Verdad. Anuncia un megaprograma con 7.000 millones adicionales para la promoción de ONG, instancias de «verificación» y lucha contra la «desinformación» e «injerencias extranjeras».

Con este programa la mayoría del consenso socialdemócrata aun hegemónico en la UE quieren crear nuevos instrumentos de combate y mecanismos de agresión y paralización del adversario que le sirvan a esta alianza de populares, socialistas, verdes y comunistas en su guerra ya abierta y sin escrúpulo alguno contra las cada vez mayores fuerzas patriotas, conservadoras y soberanistas que ellos llaman «ultraderecha».

Se suma este nuevo ingente paquete de dinero de los contribuyentes europeos al Acta de Servicios Digitales (DSA) y al llamado Escudo Democrático que son mecanismos creados con el mismo fin que recurren a la censura, represión administrativa y otros procedimientos de batalla ideológica, agitación y propaganda en favor de un Estado europeo centralizado, la liquidación de los restos de la subsidiaridad y la liquidación de las naciones y cualquier resistencia a la ingeniería social y la liquidación de las naciones.

Los partidos populares, socialistas y verdes están sufriendo cada vez mayores catástrofes electorales en toda Europa ante el imparable aumento de las fuerzas nacionales y conservadoras. Para intentar frenar esta ola que amenaza con arrebatarles la hegemonía que han tenido desde la creación de las instituciones europeas gastan cada vez más dinero público en la autodefensa ideológica y el encubrimiento de los terribles fracasos de la UE, del desencanto y desafecto cada vez mayores.

Las instituciones europeas, tanto en su mando político como en su colosal y desbordante monstruo burocrático, están bajo total control de esa alianza del consenso socialdemócrata de los partidos menguantes y hoy sistemáticamente perdedores. En Francia y en Alemania hoy el primer partido del país es el ajeno a ese consenso. En Austria, el partido contrario al consenso ya ronda el 40% mientras populares y socialistas cada uno apenas consiguen el 18%.

La propaganda de autoexaltación y el adoctrinamiento globalista van de la mano con mecanismos de censura y demonización de posiciones políticas conservadoras e ideas en defensa de las naciones. Sólo en Iberoamérica la UE ha gastado en pasados años miles de millones en la financiación de ONG y medios de izquierdas, incluida la extrema izquierda narcoterrorista.

La UE ha servido invariablemente en Iberoamérica a la financiación por medio de ONG de la propaganda para los candidatos de la izquierda socialista y comunista del Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla, desde Boric a Lula, Correa o Evo a Petro. Capítulo aparte merece la financiación directa con millones de euros a la dictadura criminal de Cuba que llega al cinismo de otorgar partidas destinadas a «sociedad civil» a las organizaciones del Partido Comunista de Cuba.

Como ven, dinero en la UE no falta porque el monstruo burocrático inventa sin cesar todo tipo de regulaciones, directivas, informes y demás, que vienen acompañadas de tasas e impuestos, más o menos encubiertos. Y los presupuestos siempre crecen. Cada vez es mayor la partida, diseminada, disimulada, oculta o con peregrinas justificaciones y pretextos que se dedica a la batalla ideológica en todo el mundo. Esta no está exenta del abierto chantaje a los países ayudados condicionando los pagos a sumisión ideológica en genero, educación, aborto, etc.

Y si en esta batalla ideológica se van sumas ingentes, ahora cada vez son mayores las que utiliza la Comisión Europea para «bunkerizarse» y crear diques contra el avance de las ideas nacionales, patriotas y conservadoras y las fuerzas políticas que las defienden y gozan cada día de más apoyo popular. Hay dinero, anuncia Von der Leyen, hasta para reforzar mucho la financiación del «periodismo independiente». Ni siquiera perciben sus chistes.

Las agresiones, difamaciones e intentos diversos de intimidar a lo que llaman «ultraderecha» son permanentes. Pero fracasan. Y el partido Patriotas, presidido por Santiago Abascal, ha reaccionado con la creación del Comité por el Respeto de la Libertad y la Democracia, que me honro en presidir y que fiscaliza las agresiones del consenso socialdemócrata contra fuerzas nacionales y conservadoras tanto de gobiernos como de la Comisión Europea.

La primera misión del CRLD de Patriotas se dedicó a Polonia en donde recogió datos demoledores sobre los atentados contra Constitución, jueces y democracia por parte del gobierno socialdemócrata que preside el miembro del Partido Popular, Donald Tusk. Este llegó al poder gracias a la injerencia masiva de la Comisión Europea y del gobierno alemán en contra del gobierno conservador del partido Ley y Justicia (PiS).

Esta operación de acoso y derribo del gobierno conservador lo quieren repetir la Comisión Europea, Berlín y París con una permanente agresión contra Hungría y el Gobierno de Viktor Orbán. Las injerencias contra Hungría son de una obscenidad apabullante y quien hace de Tusk como candidato de la operación de Bruselas contra Orbán es Péter Magyar, también del PP y que dirige a toda la izquierda húngara con masivo apoyo extranjero.

Son —entre ellas VOX y Patriotas por Europa— las fuerzas sistemáticamente difamadas por los medios, agredidas por los partidos del consenso que usan su mayoría para arrebatarles los cargos que les corresponden en el Europarlamento y abiertamente discriminadas por el gigantesco y agresivo aparato burocrático que, como criatura opulentamente remunerada de los partidos popular y socialista, es inmensamente militante de la «causa europea».

El miedo de las fuerzas del consenso socialdemócrata, que hace diez años creían que su hegemonía era ley natural y eterna, está justificado. Pese a las inmensas sumas que debiera dedicarse al bien de los europeos e invierten en combatir a sus adversarios, su hegemonía tiene los días contados en el Europarlamento y también en el Consejo Europeo. Su bunker correrá la suerte de otros. Pertenecen al pasado.

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