Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.
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Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

Carta a los Reyes Magos

Yo empezaría, obviamente, con lo que más quiero: que se acaben los tiktoks de enfermeras y enfermeros haciendo el ganso sobre el telón de fondo de los enfermos de covid. Que no digo que no tengan derecho a un desahogo de cuando en cuando, pero que, al menos, no nos hagan testigos cómplices del mismo, dejen de hacer el ridículo y se tomen su profesión con algo más de respeto.

Como no creo que se me conceda ese deseo, por imposible dada la naturaleza humana, pediría entonces que el 2022 no me decepcione mucho. Al gobierno no le pido nada, porque lo considero del todo perdido, pero de la oposición sí que me atrevería a esperar algo. Por ejemplo, empezando con las elecciones autonómicas de Castilla León. Yo no sé a quien la convocatoria de elecciones anticipadas ha pillado con el pie cambiado, pero me temo que a Vox le ha cogido sin -todavía- un líder indiscutible que multiplique aún más su crecimiento. Al igual que con Andalucía, donde todo apunta a que Macarena Olona será la número uno cuando Juanma Moreno se decida a llamar al voto a los andaluces, no parece descabellado que una formación centralista, como Vox, coloque a uno de sus pesos pesados, aunque proceda de Madrid. Yo me atrevería a afirmar que el número uno ideal para Castilla León, en esta convocatoria, no puede ser más que Javier Ortega Smith. Nunca le vi para el Ayuntamiento de Madrid pero los últimos acontecimientos donde Vox ha quedado descolgado y carente de influencia gracias a las ladinas, pero esperables, maniobras del alcalde, llevan a pensar que su papel está ya amortizado en la capital. Y, sin embargo, Javier Ortega es un activo en términos de identificación con el proyecto Vox, bien conocido en toda España y puede tener el tirón que el partido de Santiago Abascal necesita en estas autonómicas.

Al gobierno no le pido nada, porque lo considero del todo perdido, pero de la oposición sí que me atrevería a esperar algo

En términos nacionales también me atrevería a pedir no sólo que se cumplan las predicciones de las encuestas y que el apoyo a Vox logre una mayor representación parlamentaria, algo que se tendrá que comprobar en las autonómicas de Castilla y León en primer lugar. Me gustaría que sus dirigentes fueran capaces de salir airosos de la situación complicada en la que se encuentra su partido, obligado por su responsabilidad a no favorecer un gobierno de izquierdas siempre que el PP pueda gobernar con su apoyo directo o indirecto, pero, a la vez, no encasillarse en ser la muleta de los de Casado de cara a sus propios votantes. Es una delgada línea por la que tiene que caminar los de Abascal porque consolidarse como alternativa implica que el PP no se consolide en el poder allí donde lo mantiene. Igualmente, el apoyo prácticamente incondicional a los dirigentes regionales del PP alimentará el discurso del pragmatismo con el que el PP reemplazará al del miedo en las próximas generales: «Para votar a Vox, que apoyará al PP, mejor vota PP desde el principio». Si no, al tiempo.

En fin, y para acabar que no pretendo ser muy ansioso con sus majestades los Reyes Magos, yo pediría que la oposición en España se libre de su actual estrategia, franco-rajoyista, de que el tiempo resolverá nuestros problemas. El PP está esperando el descalabro de Sánchez sin hacer nada, porque cualquier iniciativa, entienden los dirigentes de Génova, se les volverá en su contra. No se dan cuentan de que es así porque sus iniciativas son malas, muy malas, no porque sean iniciativas; y Vox está esperando que el PP vuelva a decepcionar a sus votantes y se produzca un corrimiento electoral finalmente en su dirección. Que yo no cuestiono que ese sea el futuro, pero cuestiono el «finalmente», esto es, el cuándo. Al fin y al cabo, en cien años, todos muertos, ya se sabe. Vivimos en una cultura del ya y el ahora y apostar por el éxito en 2027 o 28 me parece, cuando menos, arriesgado. Máxime si es verdad como ha definido un responsable del partido la actual situación bipartidista en España: Todos contra Vox.

En fin, queridos Reyes Magos, déjenme el mejor regalo pues: que esté equivocado.

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