«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Un cerrojazo que hay que agradecer

16 de octubre de 2013

    El cierre de la fundación socialista Ideas no tendría por qué haber sido lo que se suele llamar una noticia: a fin de cuentas estaba ya formalmente anunciado tras el escándalo de los artículos mejor pagados del mundo a la articulista más fantasmagórica del planeta, que resultó ser la ex mujer del director general de la fundación. Sin embargo, noticia ha habido; ha sido la de que el anuncio se ha hecho realidad. Ya desde su nacimiento, esta fundación anunciaba lo que podría dar de sí: una entidad dedicada al cultivo del pensamiento y las ideas nuevas que era iniciativa de José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que en su día nos ilustró sobre el significado de la palabra ideología: “ideas lógicas”; el mismo que hoy , como consejero nato y vitalicio de Estado, ilustra a los Gobiernos sobre la conformidad a Derecho de sus proyectos legislativos.

    La historia de la Fundación Ideas es una muestra de los perfiles esperpénticos de nuestra política y de la creatividad con que en este país de nuestras desdichas se mete mano en la caja. No hablamos en general, claro está; unos meten la mano más que otros, e incluso hay muchos que no la meten en absoluto. Pero los que se dedican a esta forma de mejorar económicamente sus vidas son, ciertamente, dignos de figurar en la nómina de los inspiradores de la novela picaresca. Téngase en cuenta que los pícaros no eran unos tipos simpáticos que hacían travesuras, como a veces se nos quiere hacer creer, sino unos golfos y unos delincuentes sin escrúpulos que envilecían lo que tocaban.

    El director general que regaló un total de unos 60.000 euros (diez millones de pesetas) por una serie de artículos, algunos de los cuales fueron pagados a 3.000 euros, había sido el número dos de la oficina de asesoramiento económico de Rodríguez Zapatero en su primera época de presidente del Gobierno. Esto no es casual, como tampoco lo es que el primer muñidor de la fundación fuese el que hacía pocos meses que había sido ministro de Trabajo en el mismo Gobierno. Esta fundación nació vinculada al PSOE de la cruz a la raya. Sólo hay que imaginar la escandalera mediática que los socialistas habrían organizado si lo mismo que pasó en esa fundación hubiese sucedido en una relacionada con el Partido Popular. Pero aquí hay, una vez más, dos varas de medir, y los que más se desgañitan pontificando sobre moral suelen ser aquellos de los que hay que mantenerse lo más lejos posible.

    Hay que congratularse de que Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, haya dado cerrojazo a esta máquina de extraer recursos para fines particulares. Por una vez, los socialistas no echan las culpas a la derechona de lo que ellos hacen, y bien está lo que bien acaba.
 

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