«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Ceuta: agresión y conflicto

30 de agosto de 2026

Sorprende que a estas alturas haya gente hablando de los problemas y dilemas de la inmigración. Si el PSOE considera lo de Ceuta una «crisis humanitaria» es que no lo es. Es un caso insólito. Imaginen que los «migrantes», como fenómenos naturales de pájaros, llegaran a las costas de Inglaterra desde un país que reclama la soberanía de los acantilados de Dover. Lo de Ceuta no es inmigración, y mucho menos migración, es otra cosa que se parece más a un acto de guerra llámenla híbrida.

Incluso si asumiéramos, cándidos nosotros, que esto es, sí, una crisis humanitaria, término perverso que escoge e impone sus recetas, sus palabras y sus políticas, sería difícil negar que destruye la soberanía española en Ceuta o, en términos más claros, y quizás acertados, su españolidad; la diluye porque sabemos que los españoles, ante la incomodidad del lugar, ya se estaban marchando de Ceuta, ya había un goteo, una ‘sustitución’ que ahora solo se reforzará.

O de otro modo: esto es una invasión belicosa, un agresión, un acto hostil contra la soberanía española, pero si solo fuera un fenómeno migratorio, también sería un acto contra la españolidad de la ciudad.

¿Se irían ustedes a vivir a Ceuta? ¿Pedirían plaza tras sacarse una oposición? ¿Montarían un negocio?

Los ceutíes están abandonados y ni siquiera tienen el consuelo monárquico. No está Sánchez, tampoco va el Rey, por tanto, no sienten «el Estado en toda su plenitud», recordando sus palabras en Paiporta. No está el Estado en su plenitud. Entendemos ya que es el Estado el que hace y deshace la Nación, y no al revés.

La única forma de que se lean los artículos es censurarlos, y por eso se habló estos días de López Burniol y su advertencia, no publicada en La Vanguardia, sobre un próximo conflicto civil en España. Fue un escándalo porque no se puede mencionar que la realidad es esa: guerracivilismo desenfrenado.

La izquierda española y las derechas antiespañolas, que él bien incluye en mismo frente, no se sumaron nunca realmente al abrazo de la Transición, una figura meramente artística, y luego retórica, que no existe. Culpar a Zapatero es una forma más de eludir el problema. El clima político no es de abrazo. El consenso (invocado por Vivas) no existe, y ese falso marco político-moral es un problema serio. Una especie de velo impuesto para falsearlo todo y hacer que de ahí surja una realidad viciada, artificiosa e irreal. No es que la realidad (el fondo del español) sea muy halagüeña, pero este sistema que nace de la farsa del consenso-abrazo lo empeora, consigue un alambicamiento tan deforme que se hace suicida: la máquina política española conduce a la asfixia o a aquello que dicen quería evitar: el enfrentamiento. ¿Cómo algo que se hizo para «evitar el conflicto entre hermanos» nos lleva a ello? Porque, por supuesto, no era sincero el propósito.

¿Sacaría el PSOE a alguien de Vox de su casa una noche a punta de pistola? Sería de otra forma. Nos llevarán hasta el punto en que no seamos hermanos, ni siquiera cainitas, ni dueños del territorio sobre el que pelear. La izquierda no está en los años 30 (en algunos aspectos es peor), pero hereda el ánimo o modo revolucionario, y da la sensación de querer liquidarlo todo. Quieren venderlo todo, hacerlo todo dinero. Tradiciones, estatutos, formas… Recibieron una herencia que detestan. La convertirán en dinero, rápido, como un piso con malos recuerdos del que desprenderse. La ‘licuefacción’ de la soberanía llega a Ceuta tras Cataluña, País Vasco, Gibraltar… Los ceutíes son, entre todos, los españoles más abandonados. Contaba hoy un artículo de Joaquín Campos que en la playa ceutí del Trampolín flotan zurullos hasta que se deja de hacer pie. ¿Puede haber algo que repugne más a un español que el zurullo de un marroquí? El ceutí, para ser buen ciudadano, tiene que ir allí a chapotear, hacer inmersiones, y nadar a braza humanitaria entre las heces alauitas.

Lo de España no es la narcotizada sumisión houellebecquiana. Lo será, quizás, pero es antes un acto de traición hecho de degeneración y odio. Está todo en el conde don Julián de Goytisolo, obra prefiguradora. No se trata solo de abrir la puerta al moro, también hay que follárselo en el sentido de ponerle el culo.

No es una crisis humanitaria, es una invasión, y no hay consenso ni posibilidad alguna, solo un conflicto larvado en la lenta (no tan lenta) liquidación de España.

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