«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Constitucionalistas constitucionalizados

8 de diciembre de 2023

Horas antes de celebrarse el día de la Constitución, moría Pablo Herrero, compositor de Libertad sin ira, el himno de la Transición: «Libertad, libertad, sin ira libertad…». (Sin ira no hay libertad, creo yo). Es imposible escuchar esa canción y no pensar en tertulianos vestidos de pana, políticos fumando y Victoria Prego. Forma parte del forrado mítico del periodo.

Al día siguiente, la música de los festejos institucionales de la Constitución era otra. Parecida, pero ya no esa. Aute y Serrat interpretados por una cantante y un contrabajista. Una versión quintaesenciada. Minimalista. Los viejos cantautores se estilizan, se depuran, su palabra se hace protagonista. Se recicla lo setentero modernizado. El otro día, Feijoo citó a Ismael Serrano pensando que era Machado, pero es que los cantautores son ahora los poetas. La poesía queda ya muy lejos y Al alba o Aquellas pequeñas cosas se reinterpretan como clásicos de la palabra.

La música del 78 ya suena de otra forma.

El PSOE reinterpreta aquellos maravillosos años y lo hace a su modo. No huye de ellos. No los niega. Hace como con todo lo demás: se los queda. Ahora TVE rodará una serie de ficción (todo es ficción) llamada Las abogadas (pudiendo llamarse Las Juristas), la historia de Paca Sauquillo, Cristina Almeida, Manuela Carmena… Las que nos trajeron las libertades ¡Las Gloria Fuertes de la política! Han llegado al punto en que hacen series sobre sí mismos. La ficción captura la ficción, el Cuéntame atrapa al Cuéntame. Vivimos en eso: en un episodio interminable de Cuéntame. La remitificación de La Transición la harán ellos, sin renunciar al período. Solo que se contará de otra manera, aun con más distancia, con mucha más ignorancia (si cabe), mentira sobre mentira, mito sobre el mito hasta que La Transición sea como Tartessos, una pura leyenda. Como en aquellos otros inmortales versos de Machado: «Papá, cuéntame otra vez…».

El sanchismo no rechaza la Constitución. La retoma, se reapropia, la resignifica. Lo dijo Francina Armengol, presidenta del Congreso, en su discurso: «Ser constitucionalista no consiste en levantar la Carta Magna como un tótem [La Consti era el tótem, Franco era el tabú], sino en asumir que podemos llegar a acuerdos para cumplirla y desarrollarla. Es alzar el estandarte del diálogo ante los desafíos que…». Desafío es una palabra clave, hay que temblar cuando aparece. Pero quedémonos con esto: ser constitucionalista ya no es exactamente lo que nos decían que era sino otra cosa y no consiste en alzar la Constitución-fetiche sino el diálogo-fetiche (diálogo=Zapatero). 

Los constitucionalistas que han basado en eso la defensa de España, los adeptos al patriotismo constitucional van a comprobar ahora que ser constitucionalista ya no es exactamente lo mismo que era. Van a ser constitucionalistas constitucionalizados. Van a sufrir lo que tanto han cantado: una transición. Les van a hacer lo mismo que hicieron los de la generación del Libertad sin ira, sólo que de otra forma, no muy distinta.

El ministerio trinitario de Bolaños emitió un vídeo conmemorativo en el que la Constitución era cosa de los jóvenes: aparecían unos homosexuales besándose, una mujer futbolista, una inmigrante, alguien que hablaba otra lengua que no era el español, alguien que adoraba otro dios que no era Dios, el cambio climático, estepaís… De la Constitución que nos trajo las «libertades y nacionalidades» a otra (la misma otra) que traerá nuevos derechos (filigranas climáticas y woke) y lo confederal plurinacional. El vídeo es extraordinario y muy sincero porque la Constitución habla y es mujer. Pedro Sánchez hará hembra a la Constitución. La va a hacer mujer, li-te-ral.

La-que-entre-cuatro-nos-dieron fue un pacto entre el Rey y los partidos. Lo cuentan así: «El Rey comandó un proceso hacia el pluralismo político». Pero el llamado pluralismo político eran ellos: PSOE, UCD, Convergència… Y Juan Carlos I y la partitocracia se blindaron mutuamente con la Constitución, razón por la cual es casi irreformable. Sólo puede mutar, y es lo que hará. Otro De la ley a la ley, aunque quizás más honrado. La Ley para la Reforma Política (1977), engendro habilitante, derribó la legalidad de la que formaba parte e hizo implosionar el régimen de Leyes Fundamentales. Ahora el PSOE no llegará a tanto con el 78. Sólo reinterpretará su música, la forma de tocar las canciones. Versiones deconstruidas. El rasgar de guitarras cantautoras dejará paso al violonchelo o la caja de ritmos, y las progres de entonces, doblemente ficcionadas, serán heroínas que den una pátina feminista a un relato que ya quedaba machirulo. De El Abrazo (unos paisanos dándose el abrazo) pasaremos a El Morreo (unos señores dándose el filete). El proceso constituyente será por supuesto irregular, pero no mucho más. Tampoco habrá las preceptivas cortes constituyentes, sólo leyes mutágenas, y el secretismo de todo será parecido. Estamos ante dos formas de autogolpe (golpe a golpe, verso a verso) separadas por medio siglo de corrupción y nos va a tocar sufrir las dos. ¡Aute y la versión de Aute! Pero este segundo De la Ley a la Ley guarda más lealtad a la Ley original que el de todos aquellos constitucionalistas a punto hoy de ser constitucionalizados.

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