'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Covadonga, espacio de diálogo

8 de abril de 2022

La fecha e incluso la existencia de la batalla de Covadonga es cuestión disputada. Según la Crónica Rotense, don Pelayo, avisado de la llegada de un ejército musulmán, partió en dirección al monte Auseva, en el que se abre la cueva. Allí se enfrentó y venció a las tropas islámicas. La crónica, atravesada por elementos providencialistas, sostiene que el número de musulmanes ascendía a la astronómica cifra de 187.000 hombres. Las fuentes musulmanas, poco interesadas en dar relevancia a una derrota, reducen sensiblemente tanto los números como la entidad de aquel hecho de armas. Al-Razi dejó escritas estas palabras al respecto: 

Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los musulmanes no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: «¿Treinta asnos salvajes, qué daño pueden hacernos?».

Covadonga es el hito, no exento de mitos, fundacional de la reconquista, concepto que se ha convertido en tabú para determinado espectro ideológico hispano

Como decíamos, la fecha en la que ocurrió la batalla ha sido objeto de controversia. La comúnmente aceptada es el 722 planteado por Claudio Sánchez Albornoz, si bien, no faltan quienes la adelantan a 718 o, incluso, la retrasan casi un par de décadas. Sea como fuere, Covadonga es el hito, no exento de mitos, fundacional de la reconquista, concepto que se ha convertido en tabú para determinado espectro ideológico hispano. Por ello, transcurridos 1.300 años, el aniversario sirve en bandeja las condiciones ideales para que el reñidero patrio vuelva a enzarzarse en polémicas preñadas de actualismo. Prueba de ello es la propuesta lanzada por el Gobierno asturiano, que pretende que la conmemoración convierta «una batalla que enfrentó a dos civilizaciones» en un pretexto para fomentar la convivencia y el diálogo intercultural. En aras a la consecución de ese objetivo, la consejería de Cultura trata de promover una serie de actividades que buscan «una adecuada reflexión en torno a un acontecimiento cuyas implicaciones perduran aún en la actualidad».

El planteamiento de Berta Piñán, que a ese nombre responde la consejera de Cultura, Política Lingüística y Turismo, -«conmemorar una batalla que enfrentó hace 1.300 años a dos civilizaciones debe convertirse en una excusa para impulsar el encuentro y la comunicación entre pueblos y modos de entender el mundo», ha manifestado la bablista-, se ajusta perfectamente a los planteamientos que hace dos décadas inspiraron la fallida Alianza de Civilizaciones, pergeñada por el madurista José Luis Rodríguez Zapatero y por el turco Erdogan, implicado hoy en el conflicto ruso-ucraniano. Una alianza imposible por muy diversos motivos, que van desde la determinación del número de civilizaciones que podrían verse involucradas, a la incompatibilidad de ciertos contenidos centrales de las mismas. Entre ellos, singularmente, el que aparece en la cita de al-Razi: la condición politeísta, debida a su trinitarismo, de los cristianos. 

Desvirtuar de este modo la batalla de Covadonga va en consonancia con las políticas desnacionalizadoras impulsadas por los partidos hegemónicos españoles de la España autonomista

Nada es, sin embargo, obstáculo para los desahogos de cultivadores, tanto del mito de la Cultura, del que vive Piñán, como del Pensamiento Alicia, del que Zapatero es un distinguido representante. Tanto uno como otra son incapaces de percibir las contradicciones de sus planteamientos. En el caso de ZP, las dos civilizaciones que trató de aliar se acogen a la cruz y a la media luna, símbolos que se enfrentaron en Covadonga y que siguen y seguirán enfrentados, pues oponen, además, dos ideas opuestas de persona.

Lejos de esas sutilezas, probablemente imperceptibles para los citados y para muchos de los que comparten su particularmente laicista credo, desvirtuar de este modo la batalla de Covadonga va en consonancia con las políticas desnacionalizadoras impulsadas por los partidos hegemónicos españoles de la España autonomista, obsesionada con el particularismo en el que busca justificaciones para tan fallida estructura. En consecuencia, Covadonga, inicio de la llamada «restauración» de España, supone un incómodo episodio para aquellos que fantasean, con sus pies asentados en el terruño que les mantiene, con pertenecer a estructuras supranacionales. Situados en frente, somos muchos los que, parafraseando a Pelayo, decimos: «desdeño a esa multitud y no la temo en absoluto». 

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