«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

¿Cuándo se jodió la educación en Cataluña?

12 de julio de 2025

Ignacio Garriga metió el dedo en el ojo el otro día en el Parlament. Aprovechando que había terminado el curso escolar, preguntó a Salvador Illa qué valoración hacía de la educación en Cataluña. «Con modestia, está mejor hoy que hace un año», respondió el presidente de la Generalitat. El secretario general de VOX le recordó entonces que las últimas pruebas sobre competencias básicas habían sido «un puñetero desastre». Garriga denunció el «deterioro estructural y progresivo de la educación». «Por culpa de esas políticas ideológicas que han impulsado todos ustedes, no solo usted también Junts y Esquerra». 

Luego añadió algunos datos oficiales: «Los alumnos de sexto de primaria han tenido los peores resultados históricos en matemáticas», «los de cuarto de ESO no han obtenido el nivel mínimo en tecnología, en matemáticas o en inglés», y «en Selectividad hemos tenido el peor porcentaje mínimo de aprobados desde el 2020». «¿Dónde está la educación como ascensor social?», se acabó preguntando.

Para utilizar la fórmula universal de Vargas Llosa: ¿cuándo se jodió la educación en Cataluña? Digo en Cataluña, pero lamentablemente me parece que es extensible a toda España. Lo que pasa es que aquí la situación es aún más grave si cabe. Confirma que éstos no es que no sepan gobernar una comunidad autónoma, es que no sabrían gobernar ni una escalera de vecinos. Da miedo pensar en una «república independiente» como querían. Porque, en este caso, la Generalitat tiene competencias exclusivas. No hay excusa que valga. No se puede echar la culpa a España como suelen hacer habitualmente para esconder sus propias responsabilidades.

Pero si decía que estamos peor es básicamente por dos factores. En primer lugar, por la inmigración. Y lo dice un padre que ha llevado a sus hijos a una escuela pública con un elevado porcentaje de alumnos extranjeros. Fue una decisión meditada de mi mujer y yo. Sabíamos que era la Cataluña del futuro. Pero, por la misma razón, a mí lecciones pocas. Porque cuando llega un alumno de Pakistán o del Magreb a mitad de curso, él tiene que hacer un esfuerzo enorme para aprender no una lengua sino dos, pero es evidente que ello incide también en el rendimiento del resto de la clase. Ya no digo si es más de un alumno y de zonas geográficas distintas. En segundo lugar, la politización. Aquí han confluido dos corrientes ideológicas. Por una parte, el progresismo. Por la otra, el independentismo. Es lo que yo llamo el indepeprogresismo. El daño ha sido letal.

Hay una imagen que lo resume todo. No sé si se acuerdan de aquella foto de Ada Colau y Jordi Cuixart, uno de los dirigentes del proceso, en un balcón de Gracia en agosto de 2021. Al inicio de las fiestas del barrio, la todavía alcaldesa fue abucheada. Hasta derramó unas lagrimitas mientras Cuixart la consolaba. Una imagen vale más que mil palabras. Eso, eso era el indepeprogresimo.

El derribo de la educación en Cataluña viene de lejos y además ha sido no sólo desde dentro sino incluso desde arriba: desde las propias autoridades educativas. Por supuesto, han contribuido todos: políticos, profesores —todavía queda alguno bueno—, sindicatos y padres que han mirado hacia otro lado o que lo único que querían es que sus hijos aprobaran. Se han cargado así la cultura del esfuerzo e incluso el principio de autoridad. Tiene mala fama, pero es fundamental en las sociedades organizadas.

Ni que decir que el proceso de demolición ha sido paralelo en el resto de España. El pasar de curso con asignaturas suspendidas, la supresión de las notas, la introducción de los ordenadores —brillante idea de Zapatero—, la permisividad con el móvil. Todavía recuerdo aquel ministro de Educación del susodicho, Ángel Gabilondo, hermano de un conocido periodista, que lanzó el globo sonda de ampliar la educación hasta los 18 años. Muy bonito, pero si no quieren estudiar es imposible.

Aunque hay que decir que Gabilondo tuvo poco recorrido. Acabó de candidato del PSOE por la Comunidad de Madrid y, tras sendos batacazos electorales, lo recolocaron de Defensor del Pueblo. Indro Montanellí, en su «Historia de Roma», recuerda que los Romanos fueron un imperio en parte porque tenían un buen sistema educativo. Tras las guerras púnicas, enseñaban a sus jóvenes «lectura, escritura, gramática, aritmética, e historia». No olviden que las decadencias empiezan siempre por el sistema educativo. En esto estamos.

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