«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

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8 de octubre de 2026

A poco de aparecer a lo grande en el panorama político nacional empezó a gestarse una leyenda en torno a Pedro Sánchez como Genio del Mal, como imbatible estratega político capaz de superar los desafíos más difíciles, de seguir en pie contra todo pronóstico. Y ahora, al borde de la campaña, da todavía más miedo.

Es un error natural, pero el diagnóstico general no puede estar más errado: su gran ventaja no es la inteligencia, es la absoluta falta de escrúpulos, es su voracidad implacable. No es ningún mago, sencillamente no ve reglas, no juega a lo que juegan los demás. Y eso desconcierta.

Ahora tiene todo el peligro de una fiera herida y arrinconada, y lo que se teme, con una sospecha fundada en la experiencia, no es un golpe de genio, sino un nuevo asalto a mano armada, una barrabasada aún peor que la anterior.

Pero si me da miedo un Sánchez que muera matando, capaz de meter fuego a los restos de las instituciones y la democracia para reinar sobre sus cenizas, el gran secreto de su éxito, del éxito en general de las izquierdas y más particularmente del PSOE, no está en ellos, está en la derecha.

En medio del desolador panorama de la derecha tradicional de posguerra, la española sobresale por su inmaculada estupidez, por su apocamiento, por su nihilismo ideológico, por su aislamiento. Es una derecha que, como se decía de Arafat, nunca pierde la oportunidad de perder la oportunidad, capaz de alzarse con la derrota con todos los vientos a su favor.

Feijoo ha inaugurado la campaña con un firme mensaje. ¿Ha denunciado que el PSOE es una mafia fuera de la ley, que ha destruido hasta los cimientos el Estado de Derecho, ha hablado de sus conexiones criminales con narcotraficantes, les ha acusado de desdibujar la identidad española anegando el país con millones de africanos, de alta traición al colaborar con una invasión extranjera en una ciudad española? No sé, hay tanto donde elegir. Pues don Alberto ha elegido las bajas laborales.

Ahora, entiéndanme bien, que no estoy diciendo que el aumento de las bajas laborales no sea un problema. Pero, llámenme loco, no creo que sea el problema de nuestro país. Ni de lejos. Ni a miles de kilómetros. Y, en plena campaña, como disparo de salida, es un tiro en el pie.

Es lo que los americanos llaman «optics»: no es lo que el mensaje expresa, es cómo se ve, lo que delata. Y delata una frivolidad extraordinaria y una incapacidad para «leer» la calle, que es la que tiene que votarles, que se sale de las gráficas. Le está diciendo a buena parte del electorado que son unos vagos de mierda y unos caraduras, y que su prioridad es el bienestar de las empresas.

No digo en absoluto que sea así, ni siquiera lo creo, no del todo. Afirmo que eso es lo que parece, es a lo que suena, es como queda. Y, vale, supongo que hay muchos vagos y caraduras en el electorado. Pero no me parece el momento más oportuno para insultarles, sinceramente.

El propio Feijoo parece darse cuenta del problema: «Quien no me quiera votar, que no me vote. Pero qué casualidad que la gente se pilla la baja los lunes y los viernes», ha dicho. Y lo que se me ocurre pensar es que no quiere que le voten, en realidad. Me deja con esa sensación que he tenido tantas veces desde el 78 de que la derecha no quiere realmente ganar. No tiene, al menos, ese hambre primario que mueve al PSOE. Y la voluntad de victoria, créanme, es la condición necesaria para ganar las batallas.

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