«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Demasiado tarde

4 de abril de 2026

El pleno del Parlamento Europeo aprobó el pasado 26 de marzo endurecer la política migratoria. Es un gran avance. En concreto, salieron adelante dos medidas que parecían inviables hace apenas unos meses. La creación de centros de internamiento fuera de la UE y acelerar la expulsión de extranjeros en situación irregular.

Que conste que la primera puede rozar, en mi modesta opinión, la vulneración de los derechos humanos. Como aquel barco para encerrar ilegales que puso en marcha el Gobierno británico en el Támesis. Aunque era una iniciativa del Partido Conservador. Y el Reino Unido es una de las democracias más antiguas del Viejo Continente. Llega a proponerlo Abascal y lo crujen.

Además, la idea fue de Giorgia Meloni. No sin problemas de la propia Unión Europea o de la justicia italiana. Meloni, antes de que ganara las elecciones, era tratado por la mayoría de medios progres de «neofascista» o directamente de «fascista». En cuanto ganó y empezó a poner orden fueron a verla desde el primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, al socialista Pedro Sánchez. Mira por dónde.

Lo que me temo es que estas medidas, por muy drásticas que sean, llegan tarde. Es curioso también cómo el PP parece haber visto la luz. Al menos en Bruselas. A pesar de que lo hace porque siente el aliento de VOX en el cogote. La inmigración se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de los electores. Y en este tema siempre ha titubeado. Al principio estaban a favor de acoger menas por toda la península. También votaron a favor de la ILP para la regularización masiva.

Simplemente siguiendo las redes —o leyendo La Gaceta— te preguntas si no estamos ya en un punto de no retorno. Al fin y al cabo, hay más de 45 millones de musulmanes en Europa. Sólo cuatro estados comunitarios superan esta cifra: Alemania (83,5), Francia (66,6), Italia (58,8) y España por poco (49 millones). Teniendo en cuenta, por otra parte, que muchos tienen amplia población de origen extranjero. En el vecino del norte son más de seis millones de magrebíes. En realidad, nadie lo sabe con certeza. Y creciendo.

¿Son integrables? No, ese es el gran error de la Unión Europea. Haber acogido a colectivos que difícilmente se integrarán. El islam tiene una identidad muy fuerte. Es más que una religión. Y hasta diría que se creen moralmente superiores. Aquí fumamos, bebemos y algunos fornican fuera del matrimonio si pueden. Todo ello prohibido en la religión de Mahoma. El último punto lo han arreglado con la poligamia. Que tampoco es el caso. Nadie se integra en una sociedad que considera inferior.

Basta ver los últimos acontecimientos pese a que, como decía, muchos ni siquiera aparecen en la prensa de papel. En el Reino Unido, la última polémica ha sido un rezo masivo por el fin del Ramadán en un lugar tan emblemático como Trafalgar Square encabezado por su alcalde, el musulmán Sadiq Khan. En Navidad circuló un vídeo en el que se le veía en apuros cantando villancicos. Claro, tampoco es su religión

En Francia, en las últimas elecciones municipales, han ganado alcaldes de origen extranjero. Incluido en Saint-Denis. Yo he estado en la localidad. Es donde permanecen enterrados la mayoría de reyes franceses que, si levantaran cabeza, se volverían rápidamente a la tumba. No lejos se halla el Stade de France, el mismo en el que tras la final de la Champions de 2022, el empresario argentino Martin Varsavsky explicó cómo estaban siendo desvalijados a la salida por «parisinos africanos».

¿Y España? Bueno, pues vamos en camino. A mediados de marzo, VOX convocó la segunda manifestación contra la «islamización» en el barrio tarragonense de Bonavista. El diputado autonómico Sergio Macian denunció que el alcalde, Rubén Viñuales, ex Ciudadanos ahora en el PSC, había blindado la zona. No sé si por motivos de seguridad o para impedir el acceso de manifestantes. En el vídeo que colgó la formación me llamó la atención que los increpaban desde un balcón en el que exhibían no una bandera española sino una bandera marroquí. La simple bandera les daba la razón. Por eso, no sé si la UE llega tarde. Me temo que sí. La situación es irreversible. Incluso que puede acabar con conflictos violentos.

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