'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta. Twitter: @joseafuster

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Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta. Twitter: @joseafuster

Demos gracias a Alá

31 de octubre de 2013
  • El esquife estaba al pairo, con la proa mirando al horizonte, y apenas el sonido de alguna ola pequeña rompiendo contra la amura de estribor le recordaba a los siete somalíes a bordo que estaban en el océano, a veinte millas de la costa. Calma chicha. Seis de los tripulantes dormían con las piernas apoyadas en el carel y los pies fuera de la borda. El séptimo oteaba el horizonte con unos prismáticos viejos, tratando de encontrar las luces de algún barco en la oscuridad.El vigía notó que le vibraban los pantalones, bajó los prismáticos y sacó el teléfono satélite que zumbaba con prisas.“Abdillahi”, susurró mientras miraba la pantalla de fósforo.

     “Salaam, Abdillahi” –musitó el somalí, que luego calló, asintiendo con la cabeza de vez en cuando hasta que una enorme sonrisa iluminó su rostro renegrido y cuarteado por el salitre. “¿Cuándo sale? Ajá. Alá es grande. Alhamdulilá. Maravilloso. Salaam”.

     El somalí cortó la comunicación, bajó la antena, volvió a meter el teléfono en el bolsillo lateral del pantalón, miró al horizonte durante unos segundos, se volvió hacia uno de los durmientes y le tocó en el hombro: “Issa, despierta, eh, Issa, arriba”. Issa rezongó durante un momento y abrió los ojos. “¿Qué ocurre, Hamoud?”. El otro respondió: “Ha llamado Abdillahi con maravillosas noticias”. Issa sacudió la cabeza mientras Hamoud le daba una palmada en el muslo: “Es nuestro hermano Mohamed, le han condenado en España a cinco años”.

     Issa metió las piernas dentro del esquife y abrió mucho la boca. “¿Por disparar contra un buque de guerra español y tratar de abordarlo? ¿Sólo? Me tomas el pelo…”. Hamoud hizo un gesto de incredulidad: “Ya ves. Cinco años. Dice Abdillahi que en dos está en la calle”. Issa bostezó y trató de estirarse, pero se quedó a medias. Con prisas, levantó el brazo y señaló una sombra que rompía el horizonte con la primera luz del alba. “¡Allí, Hamoud, allí! ¡Barco, barco!”. Hamoud tomó los prismáticos y gritó: “¡Pesquero!”. Issa sacó un catalejo mediano y lo dirigió hacia el buque buscando el pabellón.

     Diez segundos después, Issa y Hamoud se miraron sonriendo y gritaron: “¡Arriba, arriba! ¡Vamos, despertad! ¡Preparad los lanzacohetes y los fusiles! ¡Pesquero a proa, a diez millas! ¡Alá sea loado! ¡Alá es grande! ¡Lleva bandera española! ¡Demos gracias a Alá!”.

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