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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El Discurso del Rey

25 de diciembre de 2014

El Discurso del Rey es una excelente película de Tom Hooper dedicada al tartamudo Rey de Inglaterra Jorge Vl que tuvo que recurrir a un logopeda para poder dirigirse al pueblo británico venciendo su incapacidad de enhebrar una frase con otra. Réplica de ese drama puede considerarse el primer discurso navideño de nuestro rey Felipe Vl. Sin un solo defecto en su elocución, buscando la cercanía de una burguesa sala de estar en vez de un despacho de palacio, Felipe Vl se expresó de una manera contundente y bien escalonada sobre los problemas de nuestro presente y las esperanzas de nuestro futuro.

En la primera parte, de temática social, hizo una réplica al discurso triunfalista de Mariano Rajoy. Reconoció las dificultades de muchos españoles para sobrevivir en estos tiempos menesterosos y se enredó en deshilvanar las diferencias entre la macro- economía y la economía real que padecemos muchísimos ciudadanos de a pie. Especialmente claro y directo fue el tramo de disección del independentismo catalán. Supo exponer con claridad la idea de que juntos somos más fuertes que separados y que la tendencia mayoritaria es la congregación de personas y recursos y no su separación.

Sin citar a Mas, contribuyó de una manera positiva a la integridad de España como un país unido que debe superar discrepancias inútiles. La parte dedicada a la esperanza en el futuro fue, literalmente, optimista. Es su papel, aunque difícil es creer en estos momentos que seamos un gran país al que se respeta y en el que se confía. Lo fuimos, sin duda, y ahí queda el legado de la Hispanidad, pero ya se han encargado nuestros políticos (una foto de Zapatero se deslizó inopinadamente entre la decoración de la sala) de arruinar nuestro crédito y dejar vacíos nuestros bolsillos.

Fijándonos en la compostura del monarca, en su dicción pausada, en la serenidad de sus gestos y en el contenido de su discurso, todos pudimos contemplar a un rey que ha estudiado y trabajado para merecer su trono. Los muchos años pasados por Felipe Vl en su preparación internacional, en el conocimiento de diferentes idiomas y en el esfuerzo por conocer la realidad del mundo actual, han dado su fruto. Tenemos un rey que, lejos de tartamudear, sabe expresarse y exponer con criterio lo que los españoles desean oír: que mientras hay vida hay esperanza y que el 2015 será seguramente un año mucho mejor de los que hemos sufrido desde el 2007 hasta hoy.

“El Discurso del Rey” no tuvo, efectivamente, la emoción de un Jorge Vl haciendo el supremo esfuerzo de dirigirse a su pueblo cuando su laringe y sus labios fracasaban en darse a entender. Al contrario. Felipe Vl llegó, fluido y bien articulado, al gran número de españoles que lo escuchamos y algunos diputados pueden tomar nota de cómo deben dirigirse a los ciudadanos en una cámara de representantes de la nación. La  incompetencia y la falta de maneras no pueden quedar impunes cuando tantas veces se reiteran ante los medios de comunicación para bochorno de los españoles. La didáctica y el buen tono deben aprenderse para elaborar discursos modélicos. Y evitar los tópicos,  pues por primera vez en 38 años nadie escuchó la frase “me llena de orgullo y satisfacción…

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