'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

Ecoretroprogresía

23 de marzo de 2022

Perdón por el palabro. Podía haber dicho, sencillamente, los progres. Son, ahora, los que cortan el bacalao de la política, en España y al otro lado del Atlántico.

Al menos en España, se nos diluye un poco la clásica distinción izquierdas-derechas, que ha estado funcionando más de un siglo. Es una noción naturalísima; solo, puede definirse desde la perspectiva de un ser humano. Si una persona del hemisferio Norte orienta su vista hacia la posición de la estrella Polar, la derecha es la mano por donde sale el Sol y la izquierda por donde se pone. No hay otra forma de entender esa distinción básica. En el espacio sin seres humanos no tiene sentido la noción de izquierda o derecha; tampoco la de arriba o abajo.

En la España democrática (nos acercamos a un lapso de casi medio siglo), la izquierda más ostensible ha sido la representada por el PSOE, acrónimo que los españoles pronuncia como “pesoe” o “soe”. A sí mismos, esos socialistas (ahora, al frente del Gobierno nacional) se consideran progresistas, ecologistas y feministas, entre otras lindezas. El Partido Socialista Obrero Español es un partido más que centenario y ha pasado por todo tipo de variaciones ideológicas. No obstante, tanto en 1936 como ahora mismo, gusta de aliarse con los comunistas y los separatistas catalanes y vascos. Como principio, resalta su preocupación por la igualdad. Por desgracia, ahora, se empeña en destacar las desigualdades entre varones y mujeres, que son las menos llamativas o acuciantes en el panorama español. El ecologismo radical de las izquierdas constituye un retroceso en muchos órdenes, lo que exige una incesante subida de los impuestos. Al final, esa política de la avidez fiscal es lo que distingue, verdaderamente, al progresismo en el poder. La paradoja es que esa decisión es la fuente de ulteriores desigualdades, pues los impuestos afectan más a las clases modestas. Como es fácil apreciar, se trata de la supervivencia de un modelo periclitado. De ahí, el extraño marbete de ecoretroprogresismo. Las derechas tachan a esa falsificación ideológica como cosa de propaganda, un arbitrio para que los progres se mantengan en el poder. También, se acuerda el dicterio de los pijoprogres.

Las izquierdas, dominadas por el PSOE, no temen tanto al PP, pues, en la práctica, lo pueden poner a su servicio. En cambio, temen, visceralmente, a Vox, al que suponen una verdadera alternativa para gobernar

La fuerza del PSOE y de sus adláteres no se mide bien con los resultados de los comicios o de las encuestas. La razón es que el progresismo se ha hecho hegemónico en la actual sociedad española y, no digamos, en los países de la Iberosfera. Tanto es, así, que muchas de las ideas progresistas del PSOE son aceptadas, implícitamente, por el Partido Popular, el principal de la derecha. Esa contradicción da alas al auge de Vox, el partido que mantiene con más coherencia los principios o valores de la derecha: familia, patria, propiedad, soberanía nacional, etc. Se comprende que los dirigentes del Partido Popular miren con desdén, cuando no con hostilidad, a sus parientes de Vox.

Puestos a despreciar, las izquierdas consideran que todo lo que campa a su derecha es un puro fascismo, aunque se trate de una incoherencia histórica. Los militantes del PP, y sobre todo de Vox, se ven denostados como fachas, quizá, una mezcla de fascistas y facinerosos. La terminología recuerda los tiempos de la guerra civil, cuando se acompañaban de otro apelativo insultante: carcas, apócope de carcamales. Nótese que, desde ambos bandos, se ven a los oponentes como arcaicos o prepósteros. La idea general es que las ideologías contrarias a uno no son de esta época, sino un remedo de las anteriores.

Más difícil de entender es la animosidad del PP contra Vox, afines o primos hermanos. Ya se sabe que, desde Caín y Abel, el parentesco puede ser, en ocasiones, una fuente de resentimiento.

Las izquierdas, dominadas por el PSOE, no temen tanto al PP, pues, en la práctica, lo pueden poner a su servicio. En cambio, temen, visceralmente, a Vox, al que suponen una verdadera alternativa para gobernar.

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