Hasta las cosas más insospechadas tienen ahora su día internacional anual. Desde el leopardo árabe (10 de febrero) hasta el retrete (19 de noviembre), pasando por la fraternidad humana (4 de febrero), la lucha contra las tormentas de arena (12 de julio), las viudas (23 de junio), o la felicidad (20 de marzo). El primer viernes de octubre es el Día Mundial de la Sonrisa, el 11 de agosto es el Día Mundial de los Tambores Metálicos, y, uno de mis favoritos, el 19 de septiembre, es el Día Mundial de Hablar como un Pirata; no confundir con el Día Mundial de estar Borracho como un Piojo, que a pesar de mi propuesta formal e insistencia, los sabios de la ONU todavía no se han decidido a darle el visto bueno. Los partidarios de la iniciativa estamos deseando celebrar su proclamación oficial; los fabricantes de ron, en vilo aguardando el momento.
Hoy 18 de septiembre se celebra el Día Internacional del Ventilador, y deseo aprovechar la ocasión de tan reputada tribuna para felicitar por esta conmemoración al señor presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Nadie en la historia de España ha sabido manejar con tanta destreza este aparato que, según nuestros reales académicos, cumple la crucial función de remover el aire.
Sánchez no inventó el ventilador, eso fue cosa del ingeniero neoyorquino Schuyler Wheeler, quien no por casualidad ingenió también el primer dispositivo eléctrico con motor conectado a una ametralladora Gatling, lo que permitía al disparador lanzar una sarta de pepinazos sin mayor esfuerzo que el de pulsar un botón. Tengo para mí que el presidente admira en secreto a Wheeler, tanto por su destreza con el ventilador como por su afición a la ametralladora. Su modelo de gestión del Gobierno de España, en el día a día, es una combinación de ambos ingenios.
Como resultado de estas turbias aficiones sanchistas, ahora estamos en Gaza, con la bancada socialista sumida en un festival de pucheros, pero ayer mismo estábamos enfrascados en un gran debate sobre si debería prohibirse o no fumar en las terrazas, de la misma forma que —parece que fue ayer— vimos pasear el ataúd de Franco exhumado para enterrar la incompetencia monclovita, padecimos el sondaje y posterior ensamblaje de una ley de prensa para amordazar a los medios díscolos, o naufragamos con repugnancia en las charcas de los indultos y amnistías, propuestos unos, otros consumados, de los Golfos Apandadores de los ERE a los golpistas catalanes.
Vimos desplegarse dineros y pancartas en el año de Franco, o como se llamen oficialmente tales festejos, el globito sonda de emergencia de la ley de la Corona, los cacareos impostados del gallo de La Moncloa y su «escudo económico» contra la guerra comercial de Trump, las constantes crisis migratorias patrocinadas por el propio ejecutivo, la anunciadísima iniciativa contra la prostitución, diseñada por sus mejores clientes, y hasta la declaración de guerra al porno.
Entre ventiladores y disparos, los opinadores habituales se debaten entre la denuncia de todo aquello que podríamos considerar cortina de humo o plantar batalla ideológica y política a cada una de ellas. El equilibrio es imposible, que cantó Iván Ferreiro. La característica común al aro de fuego permanente de Sánchez es que todo cuanto incendia rociándolo con nueva gasolina cumple las mistas funciones: rebajar en primera plana el grosor y protagonismo de algún escándalo candente del Gobierno, provocar más y más divisiones en la opinión pública y alimentar enfrentamientos, confundir el termómetro de la opinión pública, y ganar tiempo para lo suyo, que es mantenerse bajo el palio institucional de La Moncloa hasta el Juicio Final, donde tiene todas las perder.
Un año más, lo vimos ayer en el Congreso, Sánchez ha celebrado por todo lo alto el Día Internacional del Ventilador, con la inestimable ayuda de Bolaños, pero pese a la euforia ventiladora de tan divertida conmemoración, el presidente no debería olvidar que millones de españoles siguen deseando el momento de celebrar, el primer domingo de marzo, el Día del Preso, si bien Bolaños y demás sostenedores de lo insostenible tendrán ocasión de festejar, ya en agosto, el alternativo Día Mundial del Ser Querido Encarcelado. Y, por supuesto, llegado el momento de ver al pirómano purgar las penas de sus incendios en la celda del olvido, ojalá sea ya 20 de marzo, los españoles celebraremos por todo lo alto el Día Mundial de la Cogorza.