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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

El endometrio

10 de julio de 2024

Antes de dejar el asunto francés y volver a España, que bastante tenemos con lo nuestro, un detalle que ilustra esa larga lucha de Marine Le Pen por la aceptación, la llamada «desdiabolización».

El año pasado, la AN, su partido, presentó una proposición de ley sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a muchas mujeres.

La medida fue considerada por el resto de partidos como un maquillaje, feminismo inauténtico, y formaba parte del conjunto de propuestas transversales con las que Le Pen pretendía atravesar el cordón sanitario.

Era una medida para las mujeres. Solo ellas tienen endometrio, que sepamos, la capa del útero que permite la implantación del óvulo. La enfermedad, muy común, puede producir intensos dolores menstruales y es una de esas cosas por las que no se suele preocupar el patriarcado.

Marine Le Pen proponía considerar la enfermedad como de larga duración y que las trabajadoras afectadas pudieran recibir la baja por enfermedad o la consideración de discapacitadas. Esto tendría un gran impacto porque se estima que más del 10% de mujeres en edad fértil la padecen.

Era una medida, por tanto, dedicada a las mujeres, extensiva de derechos, orientada también a lo reproductivo pues una de las consecuencias de la enfermedad es la infertilidad. Hasta la etimología, endometriosis, endo, «dentro», «en el interior», remitía a lo nacional. ¿No debería una política para la mujer, cualquier política, en realidad, cuidar algo así como el endometrio social, procurar, en la total libertad de la mujer, el más perfecto entorno para la maternidad? ¿No hay, en lo social como en el cuerpo, un tejido crucial, vital, de la mayor sensibilidad e importancia preparatoria? Era, podríamos decir, una medida a la vez femenina, social y nacional, descriptiva de la naturaleza del partido de Le Pen y de su evolución, su larga seducción de las masas programadas en su contra, pero también otra cosa: todo feminismo efectivo, constructivo, ha de estar incumbido por el endometrio y ser, en sí mismo, endométrico, valga la expresión.

En lugar del género abstruso, la realidad orgánica más propia e íntima de la mujer.

No acaba ahí la cosa, pues la propuesta fue realizada, concretamente, por el diputado Jean-Philippe Tanguy, un joven político abiertamente homosexual.

Repasemos, por tanto: una ley presentada por un homosexual, exclusivamente dirigida a las mujeres, a su salud, para el reconocimiento de derechos y prestaciones sociales según un entendimiento asistencial del Estado. La «extrema derecha» en 2024.

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