«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

El euskocordón

1 de abril de 2024

A falta de poco menos de un mes para la celebración de las elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca, se han hecho públicos los resultados de la encuesta del euskoCIS. De ser ciertos sus datos, la conclusión es clara: los vascos cada vez anhelan menos sacudirse el yugo español y están dispuestos a seguir sobrellevando la onerosa opresión que sufre la vascoleda, que no otra cosa, si hemos de creer a Unamuno, significa Euskadi. La desafección por tan ansiada libertad ha caído incluso entre quienes llevan a etarras en sus listas: el conglomerado de partidos que lleva por nombre EHBildu, cuyo candidato a las europeas es, ni más ni menos, que Pernando (sic) Barrena, detenido en 1985 por pertenecer a un comando de información de la banda del hacha y la serpiente.

Después de que el PSOE alfombrara el camino para que el brazo político de ETA fuera uno más dentro de la partitocracia española, EHBildu, la última y más amplia marca de ese submundo, se ha convertido en el socio más fiable de la empresa que, con sede en Ferraz, se dedica a sacar partido del desmantelamiento de la nación española. Decretada una amnesia casi total sobre el pasado criminal de muchos camaradas de Otegui, el candidato a presidente de las Vascongadas es el anodino Pello Ochandiano, ingeniero y profesor universitario cuyo aspecto contrasta con el de aquellos barbudos que, enfundados en monos azules, hacían maniobras bélicas en el monte. Décadas después de que se grabaran aquellos planos protagonizados por los homicidas figurantes de la teología de la liberación vasca, los embarrados gudaris han dado paso a aseados candidatos que luchan en las urnas por un objetivo muy distinto al perseguido por los chicos de la gasolina… y del amonal.

Cuando nuestra Constitución se acerca al medio siglo desde su calculada redacción, los efectos de los privilegios dados a las provincias vascongadas, hasta ahora gestionadas por el PNV, son tan evidentes, que ni siquiera los bildutarras apuestan ya decididamente por la independencia. Así lo dice, al menos, la encuesta aludida. Si hace diez años el porcentaje de votantes de EHBildu que apostaban por la independencia se situaba en un 86%, hoy apenas un 55% tiene como prioridad la soberanía plena del País Vasco.

Atrás, muy atrás, quedaron los debates internos, en los cuales, siempre bajo la premisa de la secesión, se cuestionaban las relaciones que los obreros que trabajaban en las grandes industrias vascas, hoy desmanteladas o transformadas, debían tener con sus compañeros de clase social, aunque estos laboraran en Maketania. Protegidos por su autocalculado Cupo, los habitantes de la Comunidad Autónoma Vasca saben que para mantener su nivel de vida y las elevadas pensiones de los que viven en su invertida pirámide poblacional, necesitan a los contribuyentes del resto de España. Ello explica que los furores secesionistas se hayan aplacado lo suficiente como para recuperar unos planteamientos similares a los que Ibarreche llevó al Congreso de los Diputados. Un plan consistente, grosso modo, en mantener el DNI español y una serie de diputados que, desde Madrid, condicionen, labor para la que se han prestado gustosos el PSOE y el PP, la vida nacional.

Si desde hace años en Cataluña se ha establecido un cordón sanitario, en las Vascongadas el objetivo, al menos a corto plazo, es mantener un nutriente cordón umbilical con la indeseable España, con la que muchos vascos toman distancia pervirtiendo la ortografía, fantaseando con un pasado ficticio… y cuidando los huevos de la serpiente.

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