«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

El polvorín español

16 de julio de 2025

Santiago Abascal lo dijo en su última rueda de prensa. «No estamos hablando sólo de Torre Pacheco, Torre Pacheco es un ejemplo, está pasando en toda España, en muchos pueblos de Castilla y León, en muchísimos pueblos de Cataluña».

Sin ir más lejos, en Polinyà (Barcelona), 300 vecinos acabaron rodeando a dos jóvenes, de origen magrebí, hartos de los robos en la fiesta mayor. Era la segunda noche de incidentes. Al día siguiente, en La Vanguardia hablaban de «detenidos» pero no daban la nacionalidad. Y en Piera (Barcelona) hubo un incendio de madrugada en la mezquita del municipio recién inaugurada. No hay que ser un lince para pensar que fue provocado. Los Mossos, con 24 horas de retraso, llegaron a la misma conclusión. Aprovecho, por supuesto, para expresar la más firme condena.

Pero ya hubo recientemente peleas entre jóvenes del pueblo y un centro de menas. El único partido que se desplazó para interesarse por el caso fue VOX. Y si no, que se lo pregunten a Joan Garriga. La alcaldesa habló entonces de «casos aislados» y acusó a VOX de «discursos de odio y racistas». Desde luego hay que condenar toda la violencia. Toda. También la del abuelo de Torre Pacheco. Es curioso cómo los medios progres sólo se han prestado atención a este caso en cuanto han empezado los disturbios. La paliza al abuelo en cuestión sólo la leí en LA GACETA y algún otro medio digital.

Eso sí, la reacción ha sido llamarles «malnacidos», que lo eran. Pero en muchos casos se obviaba la nacionalidad o su situación irregular.

Como el sacristán aquel de Algeciras en el 2023. ¿Se acuerdan? Recuerdo que Feijoo, de visita en Barcelona, dijo que «no verán un cristiano matar en nombre de su religión como hacen otros pueblos». Se le echaron encima. Rectificó en unas horas. En cambio, la culpa es siempre de la «ultraderecha» o directamente de VOX. Señal irrefutable de que va disparado en las encuestas.

En la SER, el periodista que preguntaba al ministro Marlaska tras su regreso de Wimbledon si estaba alarmado porque «cada vez más posibles votantes pasan a confiar en este partido». Le preguntó también si «los incidentes en Torre Pacheco son culpa de Vox». El titular de Interior, claro, se apuntó, a la teoría: «Es culpa de VOX y de los discursos como los de VOX». Fernando Grande-Marlaska negó la relación entre inseguridad ciudadana e inmigración ilegal.

A veces me preguntó cómo este hombre no sólo llegó a ministro, sino incluso que fuera juez. De la Audiencia Nacional, nada menos. Porque es evidente que si vienen sin papeles y no encuentran trabajo, tienen que comer igual. Lo más normal es caer en la pequeña delincuencia —el hurto, el tironeo— y de aquí a la mediana delincuencia o incluso la grande debe haber un palmo. Pero los medios se han centrado, con algunas honrosas excepciones, en la «ultraderecha» y las «cacerías» de inmigrantes. El otro día, en TV3, hablaban de los «discursos de odio» y lo ilustraban con una foto de Santiago Abascal sin que viniera a cuento.

Estamos sentados encima de un barril de pólvora y no lo sabemos. Que conste que algunos lo han venido advirtiendo desde hace años. Sirvan estas modestas líneas como reconocimiento a Samuel Vázquez y Josema Vallejo o Rubén Pulido.

Modestamente, hace diez o quince años también empecé a visitar municipios o barrios en Cataluña (Salt, Ca n’Anglada, Llefià, la Salut, Sant Llorenç) consciente de que teníamos un problema. Aunque yo juego con ventaja porque vivo en Martorell (Barcelona) —más de un 18% de inmigración—, que tampoco es Pedrables o Sant Cugat. En Cataluña el problema es doble porque, con el proceso, no se ha hecho nada excepto querer atraer los inmigrantes a la causa: «Papels pera todos», «Refugees welcome», «Volem acollir»… A finales de los 90, en el barrio de Ca n’Anglada de Terrassa, hubo un conflicto similar. Entre autóctonos y extranjeros. Ca n’Anglada es el típico barrio popular que en los años sesenta acogió a inmigrantes del resto de España. Lo que pasa es que ahora son del Magreb.

La prensa y políticos progres también denunciaron los incidentes como «racistas» y causados por la «ultraderecha» a pesar de que en Cataluña siempre ha sido residual. Falange u otros partidos similares nunca han obtenido representación en las municipales, las autonómicas o las generales.

El resultado es que ahora es un barrio magrebí, y acoge la mezquita más grande de Cataluña. La alcaldable de VOX en Terrassa, Alicia Tomás, tiene que ir escoltada. Sí, ya sé que es la de VOX, pero un representante electo debería poder ir cualquier barrio. Sólo faltaría. Lo contrario es una zona no go.

Voy a terminar con una pincelada que no tiene nada que ver con los últimos incidentes. Pero Ignacio Garriga explicaba el otro día que en la localidad leridana de Serós se había levantado «el primer minarete en Lleida desde la Edad Media». El minarete es una torre para «llamar a los musulmanes a la oración» y «como símbolo de la presencia del Islam en un territorio», explicaba.

Lo mejor es como titulaban en el Segre, el principal diario de la provincia: «Un pueblo de Lleida levante el primer minarete musulmán en la demarcación desde la Edad Media: ‘Se vuelve a repetir la convivencia entre religiones'». Borraron de un plumazo la Reconquista, Lepanto e incluso el cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel. Mil años de conflicto para acabar hablando de «convivencia».

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