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Venezolana. Periodista de profesión, comunicadora de oficio y activista de las mejores causas por vocación. Fue columnista, conductora de programas de radio televisión en su país de origen. Actualmente se ha consolidado como una 'youtuber' de gran alcance en “El canal de Nitu” y “Plomovisión 24: horas de opinión”. Es consultora internacional de comunicación organizacional. Combatiente por la libertad e inclemente investigadora en busca de la verdad.
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Venezolana. Periodista de profesión, comunicadora de oficio y activista de las mejores causas por vocación. Fue columnista, conductora de programas de radio televisión en su país de origen. Actualmente se ha consolidado como una 'youtuber' de gran alcance en “El canal de Nitu” y “Plomovisión 24: horas de opinión”. Es consultora internacional de comunicación organizacional. Combatiente por la libertad e inclemente investigadora en busca de la verdad.

El verdadero plan del comunismo en Colombia

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA 'BRISITA BOLIVARIANA' EN EL PAÍS SUDAMERICANO

Llegó a mis manos un libro titulado “Crónica de una verdad: el comunismo, responsable de la violencia en Colombia”, elaborado por la Federación Verdad Colombia en conjunto con la Asociación Únete por Colombia.

El texto de 170 páginas que se terminó de imprimir en marzo pasado, tiene como objetivo demostrar, con abundante documentación, que la violencia en Colombia –cuyos principales protagonistas han sido las FARC y el ELN– es el resultado directo de las directrices del comunismo internacional y no de las diferencias sociales, como se ha querido señalar.

Vale la pena resaltar que este libro es el resumen de un documento más extenso, que fue introducido en la “Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición”, cuya función y alcances pueden leerse en su propio portal, disponible en este enlace.

Los autores de esta interesante obra citan a Robert Thomson, con el fin de explicar que para comprender las características de la violencia en Colombia, hay que recurrir “a Marx, para el concepto original de lucha; a Lenin, para la organización del Partido; a Mao, para su aplicación a una sociedad campesina; a Lin Piao, para su aplicación a la revolución mundial; al general Nguyen Giap, para el refinamiento de sus técnicas en Vietnam; y al Che Guevara, por el atractivo espiritual que ejerce sobre la juventud de occidente”.

Aunque el Partido Comunista de Colombia en apariencia se dedicaba al debate político e ideológico, en realidad propugnaba la violencia, aunque subrepticiamente. Las instrucciones de la Internacional Comunista –Komintern– dirigida por Lenin, eran muy claras en este sentido: “La estrategia militar es una parte tan solo de la estrategia política”. En otras palabras, el Partido es el encargado de definir la revolución armada, siguiendo así el esquema de “la combinación de todas las formas de lucha”, frase que se repite constantemente en el libro objeto de este artículo, como recordatorio que, para los comunistas, todo vale para la obtención del poder.

Al adentrarse en las páginas de “Crónica de una verdad”, captamos que Lenin fue claro en el papel violento del Partido: “El marxista se coloca en el terreno de la lucha de clases y no en el de la paz social… El marxista está obligado a colocarse en el terreno de la guerra civil. Toda condenación moral de ésta es completamente inadmisible desde el punto de vista del marxismo”.

Como siempre ocurre con los comunistas, la doble moral y el doble discurso está siempre presente, incluso cuando se trata de la violencia. Así, “Crónica de una verdad” nos trae una frase de el Manual Revolucionario de la Escuela Internacional Lenin de Moscú que bien lo ilustra: “Necesitamos una literatura que presente los horrores de las guerras imperialistas, pero no de las demás. Los bolcheviques son contrarios a las guerras imperialistas y contrarrevolucionarias”, sin embargo “son partidarios de las guerras revolucionarias”, aunque éstas sean “muy sangrientas”.

Para que no quede duda alguna que el comunismo colombiano asumió a carta cabal los planteamientos de Lenin y las directrices de Moscú, el libro en cuestión nos trae una cita de Gilberto Vieira, secretario general del Partido Comunista de Colombia, quien en 1972 declaró: “Para nosotros, la lucha armada forma parte de las luchas generales, proletarias y populares… En Colombia, la lucha armada se puede convertir en la forma principal de lucha… Hoy en día, el hecho real es que el Partido Comunista participa en la lucha armada, tiene una organización, las FARC, y cree que este movimiento tiene perspectivas de crecimiento y desarrollo”. ¡Más claro imposible!

Basados en estos conceptos, los comunistas colombianos usaron diversos argumentos para justificar la violencia, entre ellos, la existencia inocultable de las grandes diferencias sociales, pero no para mejorar las condiciones de sus compatriotas, sino para provocar una guerra civil, como la que propuso Lenin.

Los autores de “Crónica de una verdad” presentan un detallado recuento histórico de los principales hechos de violencia promovidos por el comunismo que pretendían desatar una guerra fratricida y, eventualmente, tomar el poder. Uno de ellos fue la llamada “Masacre de las Bananeras”, en diciembre de 1928, y el denominado levantamiento de los Bolcheviques del Líbano y de otras partes del país, en julio 1929; los cuales contaron con la planeación y el apoyo por parte de fuerzas internacionales.

Otro de los acontecimientos que desató un grave conflicto fue el denominado “Bogotazo”, a raíz del asesinato del dirigente político Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Este conflicto, que bañó en sangre el territorio colombiano hasta el año 1953, produjo unos 300 mil muertos y más de un millón de desplazados. Muchos otros conatos de guerra civil se activaron posteriormente, teniendo como principales detonantes las actuaciones violentas de la guerrilla: atentados, secuestros, asesinatos, actos terroristas, etc. Pero lo que verdaderamente potenció la violencia fue el advenimiento del narcotráfico y su alianza con los grupos armados.

Las protestas vandálicas impulsadas este año por el denominado Comité del Paro, Gustavo Petro y sus aliados, no son sino otro episodio más del conflicto que el comunismo viene impulsando en Colombia desde hace décadas, hasta ahora sin lograr su objetivo: acceder al poder. El rechazo a la reforma tributaria y las supuestas reivindicaciones sociales que dicen defender, son tan solo excusas para desarrollar su lucha armada, dentro del esquema de la combinación de todas las formas de lucha.

En esta oportunidad, los comunistas podrían alcanzar su meta histórica, puesto que ahora cuentan con el apoyo del narcotráfico, del régimen venezolano, del Foro de Sao Paulo, del Grupo de Puebla y hasta de la Internacional Progresista. Por tanto, para proteger a Colombia de las garras del castro-comunismo, urge que la centro-derecha colombiana sea capaz de construir una alianza internacional que le haga frente a aquella estructura. 

De allí la importancia de conocer los orígenes históricos de la “brisita bolivariana”, los cuales están muy bien expuestos en el libro “Crónica de una verdad: el comunismo, responsable de la violencia en Colombia”.

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