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Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.
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En la muerte de Patrick Buisson, el «maldito»

2 de enero de 2024

Patrick Buisson era una de las personalidades más relevantes de la derecha cultural francesa. Ha muerto este invierno, el 26 de diciembre, a los 74 años. En España muy pocos medios han hablado de él. De esos pocos, casi todos han subrayado su paso por el Elíseo como consejero del presidente Sarkozy y los sucios líos en los que se vio envuelto, desde una acusación de tráfico de influencias por el encargo de unos sondeos hasta una condena por escuchas ilegales a las órdenes del propio Sarkozy. Es difícil cruzar las calles de la política real sin pisar una de esas cosas que los perros suelen dejar por ahí. Pero, en todo caso, lo verdaderamente relevante de Buisson no es lo que pisó, sino la obra que deja detrás, y que resulta indispensable para entender el perfil que eso que se llama «derecha» puede tener en nuestros días

Primera obra relevante: La causa del pueblo (La cause du peuple, Perrin, 2016). En principio, un ensayo donde el autor destripa muy críticamente el periodo de gobierno de Sarkozy. Pero la obra va mucho más allá. Buisson es esencialmente un historiador y su método es siempre histórico: analiza la singularidad del momento presente colocándolo en un contexto de largo plazo para aprehender sus líneas fundamentales, su significado más profundo. Así que uno empieza a leer La causa del pueblo y no descubre unas simples memorias de un cortesano del pequeño Napoleón, sino que por el camino aparecen Tocqueville, Saint-Simon, Peguy, Bernanos o De Gaulle, de lo temporal se asciende a lo permanente y de repente salta una teoría política. Lo esencial de esa teoría: el gran pecado de la política en nuestro tiempo, y más particularmente de la derecha (porque este es un libro escrito desde y para la derecha), es haberse olvidado por completo del pueblo. Y aquí «pueblo» quiere decir al mismo tiempo etnos (una identidad colectiva), demos (los ciudadanos) y populus (el conjunto de la comunidad). El pueblo es lo que permanece en el río de la Historia. La derecha, que por naturaleza se adhiere a lo que permanece, debe recuperar su vinculación profunda con el pueblo. Es imposible no recordar que en tiempos de Sarkozy se creó en Francia un ministerio de la Identidad Nacional. Decepcionado, Buisson proclama la necesidad de reunir a todas las derechas bajo esa bandera de «la causa del pueblo».

La segunda obra relevante de Buisson es El fin de un mundo (La fin d’un monde, Albin Michel, 2021). Este ensayo se subtitula «una historia de la revolución pequeño burguesa» y disecciona la gran transformación de las sociedades occidentales entre 1960 y 1974. Buisson concentra esa transformación en tres procesos simultáneos. Primero: en muy pocos años, el campo se vacía y el viejo mundo campesino se extingue no sólo en su relevancia económica, sino, sobre todo, en sus aspectos sociales, deshaciendo los últimos lazos de la antigua vida comunitaria. Segundo proceso: el hundimiento de la Iglesia después del Concilio Vaticano II, que en la práctica significó abandonar lo comunitario en beneficio de lo individual y lo racional, además de difuminar el papel de la propia Iglesia al proclamar el ecumenismo y la libertad religiosa. Y tercer proceso: la desaparición de la figura del padre, rápidamente desvanecida en un nuevo entorno social ferozmente individualista donde el papel del pater familias como referencia del orden colectivo pierde todo sentido. Esos tres procesos simultáneos han representado otros tantos saltos en el vacío físico, espiritual y moral.

Y tercera obra relevante: Decadanza (Décadanse, Alban Michel, 2023), un análisis del camino que nos ha llevado del homo oeconomicus de la posguerra al homo eroticus de nuestros días. Tesis general: la revolución sexual de los años 70 ha terminado consagrando un nuevo mercado, el cuerpo —y muy particularmente el cuerpo de la mujer— se ha convertido en mercancía y el hedonismo, el placer individual, se ha elevado al rango de nueva religión. La proclamación del sexo sin consecuencias (ni lazos ni hijos) ha conducido a una evidente crisis de la reproducción de la vida y está, a su vez, ha venido acompañada de una profunda crisis de la reproducción de los grandes sistemas (religiosos o laicos) que daban sentido a la vida social. Pero no ha habido realmente liberación alguna. La muerte del patriarcado ha significado el triunfo de la falocracia, es decir, del instinto sexual sin obligación de ningún tipo, y la revuelta individualista en nombre del hedonismo nos ha llevado a un mundo sin lazos protectores, donde el Estado se hace cargo de todo y la solidaridad se convierte en mercancía.

Estos tres libros, publicados en el espacio de seis años (y que, naturalmente, nadie ha traducido al español), condensan un universo inmenso de reflexiones sobre nuestro tiempo. También abren la puerta a una reconstrucción a fondo de las alternativas políticas, y muy en particular en el ámbito de la derecha, puesto que la izquierda no ha sido otra cosa que la abanderada del vacío. Así que Buisson ha muerto, pero en su desconstrucción de la modernidad ha dejado herramientas de gran importancia para volver a llenar lo que nuestro tiempo ha vaciado. Hay que leer a Patrick Buisson.

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