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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) es escritor. Ha sido en dos ocasiones Premio Nacional de Literatura. Ha ganado el Planeta, el Fernando Lara y el Ondas. Como periodista de prensa, radio y televisión ha hecho de todo en medio mundo. Ha sido profesor de Lengua, Literatura e Historia en trece universidades de Europa, Asia y África. Sigue en la brecha.
Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) es escritor. Ha sido en dos ocasiones Premio Nacional de Literatura. Ha ganado el Planeta, el Fernando Lara y el Ondas. Como periodista de prensa, radio y televisión ha hecho de todo en medio mundo. Ha sido profesor de Lengua, Literatura e Historia en trece universidades de Europa, Asia y África. Sigue en la brecha.

Espacio y tiempo ya nos dejan

8 de noviembre de 2022

El título de esta columna es una cita truncada y trucada… El verso endecasílabo que parafrasea es de un poema casi metafísico al que su autor llamó Límites y que, completo, reza así: «Espacio, tiempo y Borges ya me dejan».

Dejo yo estar, en efecto, a Borges, al que bastante han asendereado ya después de muerto, y me limito, atendiendo al título del poema, a los dos conceptos claves y llaves maestras de la filosofía imperante desde el siglo de Pericles en el mundo occidental: el espacio y el tiempo.

«¡Metafísico estáis!», me diría Babieca, el caballo del Cid, en el pórtico del Quijote, como si yo fuese Rocinante… Y yo le diría mirando alrededor: «¡Es que me quitan el espacio y el tiempo, y eso me condena a la escualidez filosófica e incluso a la existencial!».

Si nos arrebatan el espacio y el tiempo, perdemos el eje de abscisas y de ordenadas que vertebra la historia universal y la personal

Bromas, referencias y metáforas aparte, probaré a explicarlo. No aludo a gamusinos, a unicornios ni a musarañas. Hablo de hoy, hablo de lo que sucede, hablo de lo que se cierne sobre nosotros, hablo del mundo de nuestros días, hablo del que, inexorable, fatal, venidero, nos amenaza.

Ojo… Omnia vulnerant, ultima necat.

Sigo el consejo de san Agustín… O sea: el de Platón. Miro hacia dentro y todo lo que veo me reconforta. Miro después hacia fuera, como Aristóteles, y todo lo que veo me angustia.

Horror vacui. Si nos arrebatan el espacio y el tiempo, perdemos el eje de abscisas y de ordenadas que vertebra la historia universal y la personal. Pasamos a flotar, inertes, en el vacío, como los pecios de los satélites artificiales y de los cohetes espaciales.

El espacio, para existir, necesita límites que lo ordenen, que pongan puertas al campo, murallas a las ciudades, verjas a los jardines, tabiques en las viviendas y sobre todo, en lo que concierne al globo terráqueo, fronteras entre los países. El globalismo, esa propuesta satánica que aspira a convertir la especie humana en un engrudo compacto, quiere suprimirlas y de hecho, en la Europa de Bruselas, ya las ha suprimido, con alguna que otra excepción concerniente –algo es algo– a la inmigración ilegal. La de Hungría, la de Dinamarca, la de Giorgia Meloni…

No sólo. Todo está lleno. En el espacio disponible no cabe ya tanta superpoblación. Vayas donde vayas te cerrará el paso una cola, una lista de espera, una muchedumbre… Ayer, domingo, me vi obligado por las circunstancias a recorrer la Gran Vía a eso de las seis de la tarde. Fue espantoso. No cabía un alfiler. El gentío iba codo con codo, pie con pie, culo con culo. Más fácil lo tuvo Moisés al cruzar el Mar Rojo con la ayuda del Dios del Sinaí y de las mareas.

El futuro dejará de existir si llegan a puerto los planes de exterminio de la Agenda 2030

Sí, soy malthusiano. La zoología demuestra que cuando una especie animal se reproduce por encima de lo que el hábitat consiente, esa metástasis demográfica la conduce a la extinción. 

En cuanto al tiempo, también éste, para ser inteligible y utilizable requiere el tictac del calendario y el compás de la conjugación. O sea: antes, ahora y después, pasado, presente y futuro.

El primero pasa a ser una entelequia cuando se le aplican el delirio de la Ley de Memoria Democrática, antaño Histórica, y los estropicios de la iconoclastia Woke y ecoterrorista; el tercero dejará de existir si llegan a puerto los planes de exterminio de la Agenda 2030; y el segundo, cuando todo eso suceda, será sólo un puente de aire sin puntos de apoyo ni de sujeción tendido entre la nada del ayer y la nada del mañana.   

Lo dicho: espacio y tiempo ya nos dejan. Yo, como ustedes, estoy al caer.

Borges, en cambio, sobrevive. Murió antes de que llegara la globalización.

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