«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semalmente una columna satírica en The American Spectator, The Western Journal y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como Yo maté a un gurú de Internet o Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, hasta antologías de columnas como El siglo no ha empezado aún, la crónica de almas Dios siempre llama mil veces, o la historia sentimental del pop español Nos vimos en los bares. Todo iba bien, un ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, es su nuevo libro.

Esto es un atraco

13 de noviembre de 2025

Durante los últimos meses he estado trabajando con el equipo de redacción de la renovada revista Popes80.com en un estudio sobre algo que todos hemos notado, pero nadie ha sido capaz de demostrar: la cesta de la compra está mucho más cara de lo que reflejan las cifras oficiales. Pero muchísimo más. Hartos de no poderle nombre y apellidos a algo que no es más que una sensación más o menos indefinida, hemos accedido a las bases de datos de precios reales del año 2019 de cuatro grandes cadenas de supermercados. Hemos simulado una compra básica según los precios de entonces y a continuación hemos realizado la misma compra de idénticos productos en 2025. No sé ya cuántos años llevo dedicándome a las cosas del periodismo, pero el resultado del experimento me ha volado la cabeza, como dicen los tiktokers, hasta el punto de que pedí al equipo un método alternativo de investigación para confirmar que no estábamos haciendo algo mal, antes de dar luz verde a su publicación. El incremento medio de precios reflejado en esta compra real en las cuatro grandes cadenas es de más del 45%. Que alguien me explique cómo demonios no está el país en llamas.

Como decía, antes de publicar la investigación, pedí a mi gente otro método para cotejar la endiablada cifra. De las distintas alternativas, decidimos confrontar resultados haciendo la compra según los folletos publicitarios del año 2019 de estas cuatro cadenas. El resultado de una compra que, en síntesis, incluye desde huevos y aceite hasta pañales o detergente de lavadora, confirmó el dato de un incremento de precios del 45,6% tras la puñetera pandemia. Supongo que no hace falta que te diga que, en ese periodo, esta vez según cifras oficiales y por tanto entrecomilladas, los salarios con suerte habrán subido un 15%; en realidad, si encuentras a alguien a quien le hayan subido un 15% el sueldo desde antes de la pandemia hasta ahora, te invito a cenar.

Otro aspecto interesante del reportaje de Popes80 publicado finalmente esta semana es el modo en que fabricantes y cadenas se las han ingeniado para que sigamos comprando productos que han pasado de ser cotidianos a ser casi de lujo. Hartos de ver que los antiguos envases de alimentos o de limpieza del hogar, tras doblar su precio, no se vendían, lo que han hecho es reducir discretamente las cantidades, o en algunos casos —pienso en carne y algunos pescados— comercializar envases al precio de 2019 pero con la mitad de cantidad que entonces. Lo que antes era un kilo ahora son 500 gramos. También se ha hablado mucho de este fenómeno, pero nosotros hemos tenido la oportunidad de documentarlo con fotos y precios reales de los productos en 2019 y ahora. 

El dato real del 45% duplica al oficial del 20% general, y supera holgadamente al 30% que el Gobierno ha llegado a admitir en el caso de los alimentos y bebidas no alcohólicas. El dato del 45% está debajo de una alfombra sólo por una razón: porque no gobierna la derecha. Con un incremento de la cesta de la compra más básica de tal calibre, con un gobierno de derechas, no quedaría a esta hora un maldito contenedor sin vandalizar, ni un solo ministerio sin estar rodeado de indignados, y ni una sola luna de comercios sin su pedrada; que es el modo en que la izquierda gusta de moderar la inflación cuando gobierna la derecha.

Naturalmente, habrá quien le ponga pegas a la metodología empleada en la investigación, yo mismo observo algunas debilidades. Pero hay algo que no hay manera de matizar, y es que se trata de una experiencia real basada en precios reales, no en estimaciones, ni datos oficiales. Es decir, se trata exactamente de lo que tú y yo estamos experimentando al hacer la compra, con independencia de lo que te diga el Gobierno que estás experimentando. 

Otra parte sabrosona de la investigación tiene que ver con las causas. El Gobierno siempre ha señalado a la guerra de Ucrania como culpable, y cuando ya se ha vuelto insostenible, entonces ha dicho que la culpa es de Franco; que, a propósito, de padecer en su mandato un encarecimiento del 45% en la cesta de la compra habría cortado el pelo al cero a varios ministros. Después de todo, Ucrania ha influido, vale, pero los precios de los alimentos se han disparado en buena parte gracias a las políticas suicidas del Pacto Verde de la UE, a la pésima gestión de la pandemia y, sobre todo, a la estupidez regulatoria del sanchismo, que es el mayor movimiento político de la historia contra los ciudadanos españoles. 

No están atracando, amigos. 

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