«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Flotilla a Molenbeek

3 de septiembre de 2025

La última vez que me embarqué fue para ir, en velero, de Barcelona a Menorca. Mi mujer y yo todavía éramos novios. De eso hace más de treinta años. Y no he vuelto a subir a una embarcación desde entonces. Para que vean la experiencia. Era un crucero de una semana. Eso sí, el capitán era un cachondo que se alimentaba a base de cervezas. Íbamos una decena de personas. Al principio todo muy idílico. Sólo tras partir la que tenía al lado se me agarró al antebrazo al dejar las aguas tranquilas del puerto víctima de un ataque de pánico. Hasta entonces había presumido de ser un lobo de mar. Casi a la altura del Ismael de Moby Dick.

A media travesía se estropeó la ducha. Tampoco era grave. Pero a todo el mundo le gusta el agua dulce después de zambullirse en el mar. Como les pase lo mismo a los de la Flotilla Global Sumud, los del Mossad los detectarán a la altura de Chipre por el olor. No es lo mismo bañarse en una cala que en alta mar. Impone mucho más respeto. Sin olvidar tampoco los problemas de convivencia entre personas en un reducido espacio. A veces saltan chispas. Y eso que nosotros, como pareja, teníamos un camarote para nosotros solos.

La aludida más arriba acabó desembarcando, por voluntad propia, en ya no sé qué pueblo de la costa. Para alivio del resto de la tripulación, que estaba hasta el moño de ella. En aquella época todavía no había móviles ni internet. O sea que no debía ser tan fácil salir del atolladero. 

Hace años, en un acto oficial en el Liceo, me la encontré por casualidad. Incluso se acordaba de la experiencia. Evité decirle el recuerdo imborrable que había dejado en el pasaje. Soy persona piadosa. Lo peor fue a la vuelta. La travesía era nocturna. Había que estar ojo avizor para que no te pasara por encima un buque de la Trasmediterránea o cualquier otra embarcación de mayor calado, que no eran pocas. Sobre todo en una ruta tan transitada, en pleno verano, como la de Baleares-Barcelona.

Sólo les diré que, cuando llegamos a casa, estábamos agotados. Nos fuimos a la cama a las nueve. Nos despertamos doce horas después. Cenamos algo. Y volvimos a la cama. Nunca había dormido 24 horas seguidas. Por eso, les deseo a los de la flotilla la mejor suerte del mundo. No será fácil hacer las más de 1.600 millas náuticas entre Barcelona y la costa de Gaza. Aproximadamente 3.000 kilómetros si la Armada israelí o los elementos no lo impiden. La verdad es que, el primer día, tuvieron que volver a puerto. En teoría, por mal tiempo. No deja de ser curioso que, ahora que puedes consultar la previsión meteorológica en el móvil, no lo hicieran. Desde luego no faltaba nadie. Estaba Ada Colau, un poco despechada desde que ya no es alcaldesa, y Greta Thunberg. Tengo la sensación de que a la adolescente sueca se la ha comido el personaje. Hasta llevaba un corte de pelo a lo Cristóbal Colón.

TV3 dedicó a tan magno acontecimiento más de cinco minutos en el informativo noche del domingo. Era el tema estrella. Hasta añadieron una crónica de Sudáfrica para rellenar de otros que, en un lago, también se solidarizaban con Palestina. Entre los asistentes, aunque no embarcaran, Lluís Llach, que a su edad no se pierde un sarao. O las podemistas Irene Montero e Ione Belarra, recién llegadas de sus vacaciones. Y, por supuesto, el actor Willy Toledo, además de otros representantes del mundo de la farándula. También el presidente del grupo parlamentario del PSC, Ferran Pedret, que en sus intervenciones en la cámara duerme hasta a los suyos.

No deja de ser curioso que Barcelona se haya convertido en la capital del perroflautismo, el alternativismo y los okupas. Nada que ver con la imagen de seriedad que dio al mundo la capital catalana en el 92. La cosa empezó a torcerse con el «no a la guerra». Algunos aprovecharon el movimiento para hacer después carrera política. O aquellas palabras de Gemma Nierga con el cuerpo de Lluch todavía caliente —-«dialoguen»— fuera del guion pactado, aunque le ha servido para prolongar su carrera profesional. Ahora la tienen a pan y cuchillo en el circuito catalán de TVE.

Sin embargo, no oí en ninguna de las declaraciones públicas a nadie acordarse de los 48 rehenes que todavía permanecen en poder de Hamás tras casi 700 días de cautiverio. Desde aquel 7 de octubre del 2023. Va ya casi para dos años. Se cree que sólo una veintena siguen con vida. La organización terrorista no ha devuelto ni siquiera los cuerpos de los fallecidos. Y si lo ha hecho, a veces ha sido con un cuerpo erróneo. Como el de la madre de aquellos dos niños, Shiri Bibas. Estoy seguro de que Hamás podría acabar la guerra poniendo en libertad a todos los que permanecen en su poder.

No deja de ser curioso también que esta izquierda happy, woke y bronceada —basta ver la tez de la citada Irene Montero— se preocupe tanto por Palestina, donde el presidente Mahmud Abbas lleva interinamente en el cargo desde el 2009, cuando deberían haberse celebrado elecciones. Por no decir el respeto a gays, homosexuales, feministas y miembros de otras confesiones —especialmente cristianos— en la Franja de Gaza. Creo que por eso Collboni no pasó de Ramala, que no está en la mencionada Gaza, sino en Cisjordania.

Pero, ya puestos, a ver qué piensan de la musulmana Saliha Raïss, concejal del partido socialista flamenco Vooruit en Molenbeek, que acaba de decir que los que no están a favor del Islam ya pueden ir abandonando Bélgica. Yo estas cosas, cuando las veo en las redes, pienso que tienen que ser fake —aunque lamentablemente cada vez menos—. Pero acabo viendo que es cierto cuando lo publican en LA GACETA.

Hace un par de años estuve en este barrio de Bruselas. Y no me pareció tan distinto a Martorell (Barcelona), el municipio en el que vivo. O a otras localidades catalanas y del resto de España. Lo digo para que vayan preparándose… Pero ya ven, lo importante es la flotilla de Gaza. Luego se extrañan de que la izquierda haga aguas… nunca mejor dicho.

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