«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Generación ZP

22 de mayo de 2026

Los vientos de la historia nos han traído la imputación de Zapatero en el quince aniversario del 15M. Lo recuerdo bien porque entonces comencé a echar los dientes en esa cosa llamada periodismo. En los estertores del zapaterismo los hijos de una clase media menguante sin posibilidad de comprar una casa, licenciados hartos de precariedad, contratos basura y, los más afortunados, abonados al mileurismo, tomaron la Puerta del Sol. Nadie lo vio venir.

Al principio fue imposible detectar la autoría ideológica de semejante revuelta generacional. El diagnóstico de la mayoría de los analistas alternaba bandazos groseros (será el fin del capitalismo, malditos comunistas, perroflautas, niños de papá, infiltrados de Rubalcaba…) con conclusiones propias de un miope: no hay motivos para la protesta. Esto lo repetían en casi todas las cadenas. El sistema es sólido, tenemos el mejor rey del mundo y el bipartidismo, consolidado, es capaz de amortiguar pequeños casos aislados de corrupción y unos añitos malos por el pinchazo del ladrillo.

En Sol confluyó una masa heterogénea y es probable que ese fuera el botón para desactivarla. Una generación piruleta impregnada en gotitas de nihilismo, una sociedad blandiblú cuyo futuro lo componían chavales que habían recorrido Europa de Erasmus o Interrail, pero no habían pisado un cuartel. La falta de cohesión y solidez ideológica pusieron en bandeja el control del rebaño a un puñado de profesores de Ciencias Políticas que demostró un extraordinario sentido de la oportunidad. En apenas unas semanas Pablo Iglesias, Monedero, Bescansa y Errejón transformaron la revuelta inicial en el germen de un partido llamado a asaltar los cielos.

La ingenuidad de los círculos y los aplausos silenciosos agitando las manos dieron paso —para sorpresa de incautos— al politburó de Galapagar. De los jovencitos buscando la playa bajo los adoquines del mayo español al puño de hierro que convirtió un movimiento deslavazado en un partido con 70 escaños en la carrera de San Jerónimo. Del idealismo de barricada al pragmatismo de moqueta.

Quienes nos asomamos a la acampada Sol leímos dos tipos de eslóganes. Unos, dirigidos a la raíz del sistema (no nos representan) denunciaban el paro estructural, la vivienda convertida en lujo y el robo del futuro; otros, los que se acabaron imponiendo, desprendían utopía sesentayochista y un tufillo a qué hay de lo mío. La prima de riesgo. La troika. Los hombres de negro. El FMI. Iglesias recogió todo aquello y propuso que España saliera del euro, no pagara la deuda y nacionalizara la banca.

Claro que nada de eso se llevó a término. Iglesias, ante todo, fue el alumno aventajado de Zapatero y desde el principio entendió que la revolución ya no la harían emancipando a unos obreros que dejaron de seguir a la izquierda desde que recibieron a pedradas a Dany Cohn-Bendit y al resto de estudiantes del mayo francés. Entregado al posmodernismo, Iglesias sabe que la madre de todas las batallas pasa por victimizar a minorías (inmigrantes, gays, trans…) y enfrentar a mujeres contra hombres.

Dos décadas después nadie discute que Zapatero es el faro que muestra el camino a la nueva izquierda posmoderna. Empezando por su llegada al poder gracias a los tres días de agitación y propaganda que siguieron al peor atentado terrorista de España. Nada de lo que ocurre se explica sin el 11M. Y Pablo ya estaba ahí, violando la jornada de reflexión junto a Monedero rodeando la sede del PP el 13 de marzo.

De puertas hacia adentro ZP rescata el guerracivilismo para deslegitimar a la derecha, y el Frente Popular, hoy plurinacionalidad, para conformar un bloque izquierdista-separatista que aplique un cordón sanitario al enemigo. Es el muro de Sánchez que Zapatero llama democracia. De puertas hacia afuera su mérito -en palabras de Iglesias- fue forjar una alianza con la izquierda populista bolivariana.

No diremos que el sistema no se tambaleara porque seis meses después de las protestas en la Puerta del Sol las urnas castigan al PSOE y otorgan una mayoría absoluta a un registrador de la propiedad con vocación inmovilista. Tres años después abdica Juan Carlos I. Zapatero es derrotado, aunque el zapaterismo sobrevive. Su legado es su mayor victoria porque el modelo de sociedad y el proyecto de ingeniería social siguen en pie. Memoria histórica, ETA en las instituciones, separatismo golpista amnistiado, feminismo, ideología de género…

La herencia de Zapatero también es el fin de la presunción de inocencia del varón y la igualdad entre hombres y mujeres. Esto es algo que se repite y denuncia en muchos ámbitos, pero nadie recuerda que la ley contra la violencia de género fue aprobada por unanimidad en 2004. Su triunfo es que El Mundo convierta el asesinato cometido por una mujer en un titular escrito por el Ministerio de Igualdad: “Una madre se lanza al vacío desde un piso 13 en Francia abrazada a tres de sus hijos”.

Quince años después del 15M vemos las cosas con claridad. Esos jóvenes, como los franceses del 68, creían hacer una revolución izquierdista. Nada de eso. Fue una revolución del yo contra toda idea de autoridad y nación, algo muy propio de la reserva del capitalismo transnacional que, agradecido, puso sus televisiones (ahí siguen Roures, Casals, Ferreras, Wyoming, Évole, Milá, Cintora…) al servicio de sus ulteriores majaderías. Los eslóganes contra los bancos y los grandes fondos de inversión que leímos en la Puerta del Sol financian ahora sus disparates de género.

Naturalmente, aquella juventud sin futuro tuvo excepciones. A las hijas de Zapatero, mujeres empoderadas capaces de seducir a Huawei, les ha ido de maravilla facturando casi un millón de euros por trabajos simulados. Aquel amago de juventud contestataria que se levantó durante el zapaterismo aplaude al corrupto papá. Lawfare. Fachas con toga. Y tiene su gracia, porque toda esa izquierda fragmentada en múltiples envoltorios ha acabado trayéndonos un mundo donde las organizaciones supranacionales tienen aún más peso que antes.

Zapatero protagonizó el mayor recorte social de la democracia y en parte aquello motivó el 15M. Imputado por tráfico de influencias, blanqueo de capitales, organización criminal y falsedad documental, el comisionista embajador del chavismo es hoy faro de la izquierda posmoderna. Para acabar así, chavales, haberos quedado en casa.

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