'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Hanna Montada

28 de agosto de 2013

Miley Cyrus tuvo el pasado domingo una gran noche, la de los premios de vídeos musicales de la MTV. Sacó la lengua como si fuera Gene Simmons, cantante ese grupo con un aspecto demoníaco y con un nombre tan recatado como Kiss. Cyrus hizo mucho más. Escenificó un collage con el vestuario de Madonna, Elizabeth Berkley en Show Girls y un documental sobre los leones en el Serengueti. Le acompañaba un Papageno con pelvis y micrófono. Un dúo de Fred Astaire y Ginger Rogers en el infierno, con coreografía de Nacho Vidal y un vestuario ideado con inquina y remordimiento. Les acompañaba un baile de teddy bears en plena rehabilitación, como Lidsay Lohan en su próximo papel de Bubu. Como quien quiere saber de dónde viene la brisa, los protagonistas de la escena fueron la sin hueso de la Cyr(C)us, y el índice; un dedo de cartón que señalaba el futuro inmediato. Hanna Montada. La música era una mezcla entre el country estereotipado de su padre, un rap ahogado en valium y el pop insulso que nos invade desde las Spice Girls, si no antes. MTV, por sus siglas en español, Mierda Televisión. Todo un éxito.El éxito es perfectamente medible. 306.000 tuits por minuto ha generado el engendro. Alguno pedía que ganasen los terroristas, a ver si nos saca de esta degradación. Es cierto que ha cosechado una mezcla de estupefacción, asco y compasión, como las que le producía a Carlos Boyero la última de Almodóvar. Brooke Shields ha llamado “desesperada” a la veinteañera. La madre de Papageno ha dicho no saber “cuál es la gracia” del baile. La gracia está en los 10,1 millones de espectadores, que convirtieron la gala en la más vista del año, en la franja entre 12 y 34 años. La reposición sumó otros 2,8 millones de espectadores.Pero es todo perfectamente previsible. La ejecución fue de una mecánica infalible. Vamos, que el crimen estaba planeado y ensayado, como el asalto al tren de Glasgow, del que se han cumplido 50 años, pero con todo el glamour anegado en disolvente universal. Rolling Stones recogía en su crónica de la actuación que “Miley era la única estrella del lugar que realmente ha entendido de qué va esto de los premios a los vídeos musicales de la MTV”. Como dice la revista Jezabel, “tienen una prestigiosa historia de mujeres haciendo locuras sexuales en el escenario, más que en cualquier otra gala de premios, quizá porque no es realmente una gala, sino un espectáculo. Madonna, Britney Spears, Madonna y Britney Spears. La gala de los VMA es un evento donde todo el mundo siente que debe mostrarse. Y el sexo es la mejor forma de hacerlo”. Yo recuerdo el follón que se organizó cuando, durante la Super Bowl de 2004, Justin Timberlake descubrió el pecho de Janet Jackson; un escándalo prefabricado, como este.De todo esto, lo que más me llama la atención, además del mal gusto y del escándalo por el falso escándalo, es la constatación de que cuanto más artificiosa es la cultura, más vuelve a los instintos.

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