«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
(Santander, 1968). Jefe de Opinión y Editoriales de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, de la Revista Chesterton y de Medios Digitales en el Grupo Intereconomía. Ex jefe de Reportajes en La Razón. Formado en la Escuela del ABC. Colaborador de El Toro TV y de Trece Tv. Voluntario de la Orden de Malta. Socio del Atleti. Michigan es su segunda patria. Twitter: @joseafuster
(Santander, 1968). Jefe de Opinión y Editoriales de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, de la Revista Chesterton y de Medios Digitales en el Grupo Intereconomía. Ex jefe de Reportajes en La Razón. Formado en la Escuela del ABC. Colaborador de El Toro TV y de Trece Tv. Voluntario de la Orden de Malta. Socio del Atleti. Michigan es su segunda patria. Twitter: @joseafuster

El hombre que lloraba en el cine

21 de octubre de 2013

La primera llamada sobre el asunto que recibió el centro de coordinación de emergencias tuvo lugar a las 00,15 horas. El operador, un empleado reciente, rogó a la persona que llamaba que se mantuviera a la espera y pulsó el botón que llamaba al jefe de turno. Todavía con miguitas en la pechera, el jefe de turno escuchó al operador, hizo un gesto de incredulidad, tomó el auricular y pulsó el botón que reanudaba la comunicación. “Buenas noches, le habla el jefe de turno de coordinación de emergencias, ¿podría relatar otra vez lo que sucede?”. Al otro lado de la línea se escuchó la voz aflautada de un tipo que debía de ser pelirrojo y tener problemas de acné: “Sí, eh, buenas, le llamo de los Multicines Mateo, en la avenida de Aragón, resulta que, eh, en la sala 5 hay un hombre que, bueno, la proyección ya ha terminado y no se levanta. Está con los ojos abiertos, llorando, en silencio, bueno, no tan en silencio porque de vez en cuando hipa, pero no hace nada más que llorar y no responde. Yo creo que, eh, yo creo que le ha dado un parraque”.

El jefe de turno se rascó la calva justo cuando la voz del subdirector zonal de coordinación de emergencias rugió detrás de él: “¡Antonio! ¡Coño! ¿Vuelves a la partida o qué?”. El jefe de turno se volvió, tapó el micrófono con la mano y dijo: “A ver, es que tenemos un problema en un cine… que hay un tipo catatónico llorando”.

El subdirector zonal murmuró un exabrupto, guardó las cartas en el bolsillo de la camisa y voceó: “Pregúntale qué película estaba viendo”. El jefe de turno se volvió al teléfono: “Oiga, ¿qué película estaba viendo?”. El presunto pelirrojo con granos respondió: “Capitán Phillips”. El jefe de turno se volvió de nuevo hacia el subdirector zonal y gritó “¡Dice que Capitán Phillips!”. El subdirector zonal se acercó a una pantalla, tecleó algo y gritó: “¡Es una película sobre un carguero estadounidense secuestrado por piratas somalíes y cómo Washington ordena al destructor USS Brainbridge que impida a los piratas que lleguen a la costa usando toda la fuerza necesaria!”.
El subdirector torció la cabeza, chasqueó los dedos, extendió el brazo derecho, apuntó al jefe de turno y voceó: “¡Antonio, llama al Ministerio de Defensa y diles que en ese cine hay un oficial de la Armada española que necesita atención médica!”.

 

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