Emilio Daniel Villarreal (Sagunto,1990): Licenciado en Historia con especialidad en Historia Moderna por la Universidad de Valencia en la que realizó también el máster en Historia e Identidades Hispánicas y del Mediterráneo occidental. Asimismo también posee el máster en Democracia y Gobierno por la Universidad Autónoma de Madrid, en la que actualmente realiza su doctorado en el área de la teoría política bajo la supervisión de Ángel Rivero.

Íñigo Errejón o el ‘peronista boliviano’ que vino del sur

LAS CRÓNICAS DE LA PODEMIA (VOL. II)

Estimado lector, dado que las últimas noticias apuntan a que el Movimiento al Socialismo (MAS) ha renovado su mayoría electoral en Bolivia, no he podido resistirme a escribir unas breves líneas sobre el político español que ha tenido una vinculación intelectual más intensa con dicho país.

Íñigo Errejón está considerado como “el cerebro” del primer Podemos. Esa fuerza política que rozó el sorpasso al Partido Socialista y que, en sus mejores tiempos, consiguió aglutinar, ni más ni menos, que 71 diputados.

Si alguien se preocupó por dotar de una cierta ambigüedad ideológica a Podemos ese fue su Secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político. Errejón, durante sus años de formación y la realización de su tesis doctoral, comprendió y observó en Bolivia cómo la teoría populista de Ernesto Laclau podía ser el marco perfecto para encubrir el marxismo y, por tanto, trató de construir a su partido conforme a esa premisa.

De esta manera, Bolivia y el MAS se convirtieron en una referencia insoslayable con la que los principales padres de Podemos crecieron, intelectual y políticamente. Con lo que no contaba este grupo de politólogos es con el hecho de que transponer la estrategia populista que tan bien funcionó en algunos países de América Latina (Argentina, Ecuador, Venezuela y Bolivia, mismamente) no iba a resultar igual de provechoso en un país de la Europa desarrollada.

La democracia española, con todas las patologías que pudiera tener, apoyada en la acción de un reducido número de medios de comunicación aún libres consiguió desenmascarar el pasado de los dirigentes de Podemos y, con ello, comenzó el principio del fin tanto del posmarxismo errejonista como de su vinculación al partido de sus amores.

Si hay algo que el político madrileño aprendió en La Paz (de la mano de un leninista confeso como Álvaro García Linera) fue que las identidades políticas, para toda esta caterva de seguidores de Gramsci, están siempre en disputa y en construcción. 

Pues bien ¿y esto qué quiere decir? Significa que, cuando la izquierda española tiene que hacer frente a sus fantasmas respecto a la nación y la historia de España, puede hacerlo con los argumentos peregrinos de que la patria es un hospital o la patria es lo público. De esta forma, la idea de Errejón no fue la de desembarazarse del legado de Izquierda Unida y del Partido Comunista porque no creyese que su concepción de la política era absolutamente disparatada, sino porque con los marcos simbólicos que se veían obligados a asumir si competían desde ese “rincón electoral” sabía que nunca podrían asaltar el palacio de invierno.Si hay algo que el tiempo nos ha puesto sobre la mesa es que, si Iglesias decidió tras Vistalegre II, retornar a los marcos simbólicos de la izquierda radical tradicional española; Errejón apostó entonces por continuar con su peronismo-leninismo. De ahí que, cuando su “partido” agite la bandera de lo público o de la ecología, a uno no le quede sino echarse a temblar…

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