«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

La apertura de fronteras mata más que el ICE

27 de enero de 2026

La muerte por disparo del enfermero Pretti es una enorme desgracia que se investigará. Podría muy bien ser una mala actuación policial, casi seguro la praxis de alguien poco avezado; en ningún caso una «ejecución pública», la muestra de una «tiranía» o una forma de proceder habitual y mucho menos pretendida por Trump.

El enfermero se inmiscuyó armado en una operación policial. Tenía derecho a portar arma, pero ir así a obstaculizar un operativo de detención no parece ayudar a las fuerzas del orden.

Conviene saber que en Minnesota, los miembros del ICE (fuerzas del orden de los servicios de inmigración y control de aduanas) son espiados, perseguidos y acosados por una organización de tipo criminal que trata de interponerse en la acción de los agentes del orden.

Porque ICE es un cuerpo legal constituido antes de Trump, de acuerdo con la Constitución, que en la actualidad opera con mejores números y mayor garantismo que tuvo con Obama. Aun podría Trump, ante el desacato, invocar la Ley de Insurrección, mandar al ejército como Eisenhower, y seguiría siendo legal.

Conviene saber que hay un deliberado bloqueo a la aplicación de la legalidad sobre inmigración en algunos estados y ciudades norteamericanos, bajo el eufemismo del término «santuario». Una negativa a actuar, a poner los medios. La competencia, por llamarla así, es federal, de Trump.

Convendría conocer también que 77 millones de personas (vivas) votaron por una gestión de reordenación, cierre de fronteras y deportación de ilegales que Biden dejó entrar, cerca de diez de millones, con las consecuencias criminales y de todo tipo que pueden imaginar aunque no ver en los medios.

Conviene saber que la resistencia organizada al trabajo de los agentes de ICE viene patrocinada por el partido Democrata y por organizaciones de izquierdas, según el libro ya aplicado antes cuando Floyd y el Black Lives Matter; se hace además con pleno sentido de oportunidad pensando en las próximas elecciones del Midterm. Cuanto más ruido, altercados y muertos, peor para Trump. No es el ICE una labor fácil de vender con los medios en contra y es eso precisamente lo que pretende la resistencia: que se encone, que se convierta en violencia, que se enquiste ante la opinión pública. Hay algo especialmente perverso: poner a los agentes del ICE ante situaciones con las que no es seguro que estén del todo acostumbrados a lidiar.

Convendría conocer lo que muy especialmente sucede en Minnesota. No es sólo una organización en rebelión contra la ley y los agentes del orden, es el lugar de un escándalo que resume la política del partido Demócrata y en general del progresismo globalista. Minnesota se llenó de población somalí en una proporción suficiente para convertir en representante a la nulidad antiamericana Ilhan Omar y para condicionar las elecciones locales; y no es muy conocido y convendría conocerse que en Minniesota, entre los líderes somalíes y con la más que probable connivencia de los demócratas, se desarrolló un esquema de fraude de miles de millones de dólares que iban a a parar a manos de los prebostes africanos y a la propia Somalia, a cambio de votos y poder político para los demócratas. Un caso flagrante de clientelismo a costa del contribuyente. Que los dos muertos del ICE se hayan producido en Minnesota no es casual, ni que el gobernador, Tim Walz, herido políticamente por el escándalo, trate de distraer la atención lanzando más madera contra la detención de ilegales. Ya tiene experiencia, pues dejó arder la ciudad en los conflictos del BLM.

Este y no otro es el asunto detrás de la reacción contra Trump: seguir con el golpe de Estado inmigratorio que llevan a cabo los demócratas y las facciones globalistas y que consiste en llenar el país de ilegales, darles voto, transformar el censo y con ello la cultura y política del país.

Esta es la causa fundamental de la resistencia a Trump y convendría ser consciente de que esto llega a España. Esta es la madre del cordero y lo viene siendo desde hace años. En esto está la terrible izquierda progubernamental, la anterior y posterior a Sánchez (lo peor de España desde el 11-M, con sus eunucos y seres invertebrados), los centristas, que son sin duda tan nocivos como ellos, incluso peores porque engañan con su narcisismo pedante y revanchista, y no solo el sistema al completo, también el antisistema, las vocecillas de las heterodoxias marginales que no soportan a Trump por ser comunistas o prochinos o prorrusos, por no haber entregado Trump la cuchara a los BRICS, o por palestinismo, no pudiendo perdonar que mantuviera su alianza con Israel y encima alcanzara una forma de paz que termina con el chollo político de parte de lo peor de Occidente. La resistencia vagamente propalestina es la carta que le queda a la izquierda en EEUU. Pero de Gaza a Minnesota hay un trecho.

Si mi pobre trabajo sirve de algo, no se dejen amedrentar ni convencer. No teman la por momentos abrumadora sensación de soledad. No se dejen acobardar. Estas personas son enemigas de la democracia, del orden, de la supervivencia de lo nacional y de la realidad.

Contra Trump tienen tres balas: el ICE, la posibilidad de un conflicto bélico de impacto (que desean con muda vehemencia) o un cisne negro estilo Covid. Trump se está jugando aquí su mandato y resistir al globalismo progresista, que primero ha de destruir Estados Unidos para luego proceder contra todo lo demás.

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