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Alfonso Ussía Muñoz-Seca. Madrid 1948 Escritor. Premios. Mariano de Cavia, González-Ruano, Jaime de Foxá y Baltasar Iban. Especial Ejército, Fundación Guardia Civil y FÍES de periodismo. 53 libros. Distinciones. Gran Cruz del Mérito Naval. Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo. Medalla de Oro de Madrid. Cruz de Plata de la Guardia Civil. Entre ABC, Tiempo, Época, y La Razón, más de 20.000 artículos. Pluma de Plata y Pluma de Oro.
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Alfonso Ussía Muñoz-Seca. Madrid 1948 Escritor. Premios. Mariano de Cavia, González-Ruano, Jaime de Foxá y Baltasar Iban. Especial Ejército, Fundación Guardia Civil y FÍES de periodismo. 53 libros. Distinciones. Gran Cruz del Mérito Naval. Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo. Medalla de Oro de Madrid. Cruz de Plata de la Guardia Civil. Entre ABC, Tiempo, Época, y La Razón, más de 20.000 artículos. Pluma de Plata y Pluma de Oro.

Me ha entristecido leer el extracto del libro de Laurence Debray “Mon Roi Déchu” – Mi Rey depuesto-. Don Juan Carlos I cometió en los últimos años singulares errores personales, pero ha sido el mejor Rey de España desde Carlos III. El Rey de la libertad, de la Constitución, de los Derechos Humanos, de la reconciliación y el gran impulsor del prestigio – hoy desaparecido-, de España en el exterior. Una vicepresidente del Gobierno dio la orden. ¿Quién era o quién es Carmen Calvo para ordenar que un español libre de imputaciones judiciales se vea obligado a vivir a miles de kilómetros de su Patria? La segunda pregunta me molesta aún más: ¿Existió sometimiento, obediencia, falta de reacción o complicidad en la Casa del Rey para hacer efectiva la orden de la egabrense? Se le pregunta a Don Juan Carlos los motivos que le impidieron instalarse en Estoril, donde sus padres, los Condes de Barcelona, vivieron durante casi 40 años su exilio durante el franquismo. “Demasiado cerca”, le dijeron en su propia casa.  El Rey Juan Carlos responde con una sentencia seca. “En Abu Dhabi no molesto a la Corona”. De haber escogido Portugal, decenas de miles de españoles habrían viajado para manifestarle su respeto y pedirle su retorno a España. 

Quizá más españoles que los que visitan cada año a la Virgen de Fátima. Y eso, según el Rey en la lejanía, “molestaría a la Corona”.  Excesivamente fría y claudicada, en mi opinión,  la Casa Real – no confundo, como tantos, la Casa Real de la Casa del Rey-, cuyo Jefe es el Rey Felipe VI, que ya demostró en su momento que sabe dar los puñetazos en la mesa que tanto asustan a los políticos. De ahí que me sorprenda la serena aceptación de una gran injusticia.

Como en el caso de su padre, Don Juan, muchos amigos han tenido la monárquica “delicadeza” de abandonarlo

Caer en los brazos y las artimañas de una puta de lujo es un error, no un delito. A pesar del enorme interés de la Fiscal General del Reino en conseguir la imputación de Don Juan Carlos, su fracaso hasta el momento, es notorio. Quizá, a partir de ahora, pierda parte de ese interés, que tendrá que centrarlo en impedir el procesamiento de su amor por haber percibido casi nueve millones de euros de Venezuela en contraprestación a coordinarse con ella. Consulto el artículo 19 de la Constitución Española de 1978, comentado sistemáticamente por Oscar Álzaga Villamil. “Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos e ideológicos”.  El comentario de Álzaga es extenso. El mío, lacónico.

Conjura prevaricadora.

Meses atrás, el Rey Juan Carlos me comentó sus ilusiones. Estaba deseando volver. Había elegido la localidad costera de Sanjenjo, donde tiene amigos y mar. Pero ha perdido la ilusión, según le dice a Laurence Debray:  “No tengo ni idea de si volveré. Algunos están muy contentos de que me haya ido”. Todos los domingos, para mitigar su nostalgia, sigue por videoconferencia en su tableta la Misa que se celebra en el Palacio de la Zarzuela. Como en el caso de su padre, Don Juan, muchos amigos han tenido la monárquica “delicadeza” de abandonarlo. También le sucedió a su abuelo, Alfonso XIII. Vive en una isla artificial a treinta minutos de Abu Dhabi, y se viste con cierta desgana, si bien jamás falta en su solapa la Bandera de España.  Tiene 83 años, que es una edad de riesgo, y me asusta pensar en las malas conciencias que devastarán a muchos si, por causas naturales, el destino le condena a no volver a España. Las lágrimas de la mala conciencia son las más amargas. 

Superado el mal trago de sus errores , le manifiesto sin prudencia mi respeto, mi cariño, mi admiración y mi agradecimiento como español. 

Espero con ello, no molestar a la Corona.

 

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